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Santi Cazorla se despide de la Liga española con un verdadero recital

"Lo sitúo entre los más grandes", dice el exoviedista Héctor Font del asturiano

Cazorla es manteado por sus compañeros.

Cazorla es manteado por sus compañeros. DOMENECH CASTELLÓ / EFE

Dice el refranero popular que nunca llovió que no escampara. Que se lo digan a Santi Cazorla, que ayer se despidió del fútbol español y del Villarreal con una victoria ante el Eibar (4-0) El asturiano, que apunta a Catar, pudo volver a disfrutar del fútbol después de dos años

Hace dos cursos, el centrocampista asturiano disputó, entre todas las competiciones, 46 partidos en los que anotó siete goles. Números nada desdeñables. Si cabe, todavía inferiores a los 39 partidos y 15 goles que ha logrado esta temporada en que, además, ha vuelto a la selección española a sus 35 años.

Desde Valencia, el asturiano Javi Venta, quien fuese compañero suyo en el Villarreal, apunta que es muy difícil lograr lo que él ha conseguido: "Que haya jugado de nuevo con La Roja lo dice todo". Además, lo considera un ejemplo para los más jóvenes: "Siempre llegaba de los primeros a los entrenamientos". Venta también destaca su carácter personal, como Héctor Font, exjugador del Oviedo y canterano vilarrealense, que lo ve como un referente: "Después de la lesión, quiso volver a jugar a fútbol y supo reponerse. Su manera de afrontar todo lo que vivió ha sido y es un ejemplo para todos". Además, el valenciano, que compartió vestuario con Iniesta o Jesús Navas en la selección sub-21, no duda en situar a Cazorla entre los más grandes: "He podido vivir en primera persona lo que es capaz de hacer. Por todo lo que he compartido con él, me parece uno de los mejores". Asimismo, Font elogia su capacidad para no sólo disparar con ambas piernas, sino también controlar y perfilarse. En ello coincide con Venta y Aitor Tornavaca, antiguo jugador del Sporting y pareja de baile de Cazorla en el Recreativo de Marcelino García: "Maneja fenomenalmente ambas piernas y cada jugada mejora cuando el balón pasa por sus pies. Él, en especial, hacía cosas maravillosas partido tras partido".

El año que Cazorla jugó en Huelva sirvió para que el aficionado al fútbol español supiese, si no se había dado cuenta antes, que en 1,65 metros de altura no podía caber más talento. En la 2006-07, el Decano se quedó a únicamente seis puntos de entrar en Europa. "Cuando se trata de volver a casa, a un jugador no le queda más remedio que hacerlo muy, muy bien", dice Aitor, y el Villarreal no tuvo otra que recomprar a ese futbolista que había accedido a vender un año antes.

Ayer, ante el Éibar, Cazorla dio muestras de lo que es: un fantástico jugador al que no dudaremos en recordar. Ejerció, una vez más, de faro y catalizador del submarino amarillo. Hizo y deshizo a su antojo, y repartió su última asistencia para terminar siendo reverenciado por compañeros de su propio equipo y del Eibar. Luego, fue manteado por miembros de la plantilla del Villarreal.

Ahora, Santi Cazorla se encontrará alejado de la exigencia que supone el primer nivel. Estará acompañado por su amigo Xavi, entrenador del Al-Sadd. Abandonará su casa, pero lo hará para volver, quién sabe, si como director deportivo. Y es que, según el mismo Cazorla: "No es un adiós, sino un hasta luego".

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