16 de septiembre de 2020
16.09.2020
La Nueva España
CICLISMO | TOUR DE FRANCIA

El estreno alpino fue un desperdicio

Solo hubo amenazas de ataque en la parte final, con una fuga que llegó a 16 minutos y con victoria del alemán Lennard Kämna

16.09.2020 | 00:24

Duele decirlo y todavía más escribirlo pero el estreno alpino del Tour 2020 fue un desperdicio de etapa, un día por los Alpes que solo sirvió para que una fuga llegase a Villard de Lans, escenario de viejas gestas de Pedro Delgado. Solo hubo amenazas de ataque en la parte final cuando ya no había ni siquiera la gloria de ganar una etapa que se llevó en solitario el corredor alemán Lennard Kämna.

Sirvio el día para ver que Nairio Quintana va de mal en peor y que Egan Bernal está más fuera que dentro de este Tour. Pues lo de confirmar que el Jumbo está tan fuerte como las rampas que aguardan hoy a los corredores en el Col de la Loze era algo que se sabía y se entendía sin necesidad de superar 164 kilómetros que no sirvieron para nada más.

Y se aprovechó la ocasión para demostrar que el Jumbo no dará ni agua al enemigo, a los que poco a poco les va quitando las ganas de atacar. Como si todos estuvieran sumidos en una depresión, querer y no poder. Es que no le dieron ni un segundo de clemencia a Superman López, que buscó acercarse al podio, premio de consolación cuando difícilmente podrás ganar el Tour. Porque Tadej Pogacar dejó el Tour por barrer viendo que Primoz Roglic nunca cede y que ni siquiera el trabajo de apisonadora que le ordenó a su gregario catalán,_David de la Cruz, sirvió para cuestionar la firmeza del Jumbo; si acaso para descolgar a Quintana, pero el corredor colombiano no estaba para muchos trotes.

Dejaron la guerra y hasta la batalla para hoy en Méribel. Dejaron que una fuga que no molestaba a nadie en la general llegase con 16 minutos de ventaja, una barbaridad y hasta una pena que sucedan estas cosas en una etapa del Tour, y nada menos que en los Alpes. Pero todos sabían que ni en el mejor de los sueños iban a burlar la vigilancia del Jumbo en un puerto de tercera categoría que solo tenía poco más de dos kilómetros de cierta dureza y al que se llegaba a través de una plácida carretera, con paisajes bonitos y encantadores, y que no obligaba al motor del coche a sufrir en ninguna curva ni en ninguna de las prácticamente inexistentes cuestas, tan solo un continuo falso llano desde cerca de Grenoble a Villard de Lans.

Fue un día para oficializar que el Tour llegará a París con el pelotón intacto, con heridas de guerra a consecuencia de las caídas, pero sin infectados por culpa del dichoso covid. Todas las pruebas PCR realizadas durante el fin de semana y el lunes de descanso dieron un resultado negativo. Hasta regresó Christian Prudhomme, el director del Tour, tras superar la obligada cuarentena por su positivo de la semana pasada.

Fue como una luz, como encontrar la salida al túnel, como una prueba de que si la gente se cuida y se protege, el virus encuetra barreras para entrar en el cuerpo puesto que no solo se analizaron a los ciclistas sino a un total de 783 personas incluyendo personal de los equipos y de la organización, la burbuja anticovid que ha creado el Tour y que además abrió las puertas a la celebración del Giro y de la Vuelta, con idénticas medidas de seguridad sanitaria.

Y es que ayer, deportivamente hablando, sucedió lo que pasa tantas veces antes de una etapa endemoniada, la reina de este Tour, se guardan fuerzas y se miden esfuerzos, que nadie está para regalar nada. "Se han guardado fuerzas ante una etapa en la que habrá diferencias y donde espero ver mi mejor versión porque se acaban las oportunidades", según la explicación de Mikel Landa, séptimo y primer ciclista español de la general. Hoy el Tour no estará para bromas y se verá hasta dónde llega el ejército de Roglic. Si es hasta el final, entonces apaga y vámonos... eso sí, hacia París.

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