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Rodolfo, el amigo asturiano de Maradona que fue testigo de sus inicios: "No nos creíamos que tuviese nueve años"

Residente en Buenos Aires, tiene una tienda deportiva que se llama "Sporting" en homenaje al Oviedo y mantuvo contacto con el astro hasta el final

Maradona abraza a Rodolfo Fernández, en diciembre de 2019

Maradona abraza a Rodolfo Fernández, en diciembre de 2019 LNE

Rodolfo Fernández estaba ayer bastante entero. Hablaba de forma natural y recordaba los buenos momentos. Como si aquel niño tímido, bajito y pobre que un día le cautivó hace ya 50 años, en una tarde que llovía a cantaros, no se hubiese ido ya para siempre, dejando paralizado a un país entero. Como si en cualquier momento el astro fuese a aparecer otra vez por su pequeña tienda y hablar con él durante horas y horas. Como si Maradona pudiese resucitar, bajar del cielo y gambetear y gambetear en La Paternal.

De resucitar y vestirse de corto, no sería un Maradona cualquiera. Sería el mejor Maradona que existió. Porque Rodolfo, que se considera asturiano pese a que nunca pisó el Principado, fue testigo directo de los primeros pasos del Pelusa en el fútbol. Es el gran amigo asturiano del “10” en Argentina. Rodolfo, “el Fiera” para Maradona, vio literalmente desde el primero al último día del Pelusa en Argentinos Juniors. Desde su prueba, con solo nueve años, hasta su despedida, con 21, ya consagrado en Primera División. “No me perdí casi ningún entrenamiento ni ningún partido”. Era la mágica época de Los Cebollitas, aquel histórico equipo de críos invencibles que impresionó a Argentina en la década de los setenta. Maradona era el líder. Luego el astro llegó al primer equipo con solo 16 años. Ahí empezó su leyenda.

Rodolfo Fernández, con su mujer Rita LNE

Para muchos nunca hubo un Maradona mejor. Es una etapa de la que quedan pocos documentos, pero sí los recuerdos de los que la presenciaron. Ninguno más atinado como el de Rodolfo, que no se perdió detalle. “Le vimos probar y no nos creíamos que tuviese solo nueve años. Tuvimos que ir a su casa, a Villa Fiorito, para que doña Tota (la madre de Maradona), nos enseñase la partida de nacimiento”, recuerda Rodolfo, en conversación telefónica con LA NUEVA ESPAÑA desde La Paternal, un barrio al noroeste de Buenos Aires.

Rodolfo es descendiente de asturianos. Su padre, Ramón Alfredo Fernández, era ovetense y emigró a Argentina tras el estallido de la Guerra Civil. Al poco de llegar nació su hijo, que ahora tiene 83 años y vive por y para el fútbol. Tiene una pequeña tienda deportiva de barrio. Se llama Sporting y aunque suene inverosímil su nombre se debe al Oviedo. Su historia, al detalle, puedes consultarle en este reportaje.

Rodolfo, además de apasionado de Argentinos Juniors, se considera más hincha azul que rojiblanco, pese a que quiere a ambos escudos por su amor a Asturias. Huyendo de rivalidades le puso Sporting a su tienda porque Argentinos viste parecido a los gijoneses y además Oviedo es en Argentina un apellido.

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En la muerte de Maradona: imágenes del astro argentino en Asturias A. L.

Rodolfo nunca tuvo un cargo en Argentinos. No hizo falta para que le dedicase la vida entera al club. Desde seleccionar jugadores, lavarles la ropa o entrenar si fuese necesario. Rodolfo es allí una institución. Íntimo de jugadores que dieron sus primeros pasos en Argentinos, “el semillero del mundo”, como Riquelme, Perkeman o Redondo.

Nadie le cautivó tanto a Rodolfo como Maradona, con el que mantuvo la amistad, el cariño y el contacto hasta el final. “Estoy triste, claro. A Diego lo vi desde chiquito y mi familia siempre le querrá como a un hijo. Con él se va parte de mi alma, me ha hecho reír, divertir y llorar”, recuerda el veterano, que prefirió no ir al velatorio del Pelusa. “No quiero ir, porque sé que me va a hacer mal. Además, los médicos no me dejan por esto de la pandemia”, explica.

“Estuve hablando con él cuatro horas y me sorprendió para bien su buen estado de salud. Recordamos viejos partidos y se acordaba de casi todo"

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Habla Rodolfo de Maradona como si fuese un verdadero hijo y recuerda la última vez que vio al “10”. Fue el 14 de diciembre de 2019. Maradona acudió al estadio que lleva su nombre, el de Argentinos, para acudir a un partido homenaje al periodista fallecido Sergio Glender. Pudo abrazar por última vez a Rodolfo. “Estuve hablando con él cuatro horas y me sorprendió para bien su buen estado de salud. Recordamos viejos partidos y se acordaba de casi todo. Me preguntó por mi hijo y por mi familia. Maradona fue un enorme jugador y mejor persona. Ahora todo el mundo habla de él, pero hay muchas cosas que la gente no sabe y nunca diremos. Maradona ayudó a toda la gente del barrio”, dice Rodolfo. “Estábamos sentados en el banquillo y una multitud le esperaba en frente. Hacía un calor de espanto. Me dijo: ‘Voy con la gente que se van a cagar del calo’”.

Colas kilométricas en la Casa Rosada para despedir a Maradona Vídeo: Agencia ATLAS | Foto: REUTERS

En la memoria quedan ya infinitas anécdotas. Como cuando Maradona y Rodolfo metieron un gol entre los dos a Boca Juniors. O al menos así lo contaba el propio astro. “Debió ser en 1976. Fue la primera vez que Diego jugó contra Boca Juniors. Metió cuatro goles y en uno de ellos pilló al arquero muy distraído. El martes Diego fue a mi tienda y le pregunté cómo lo había hecho. Me dijo: ‘Un loco de la hinchada me gritó que el portero estaba papando moscas (distraído) y tiré’. El que le gritó eso fui yo. Se lo dije, nos reímos mucho y me dijo: ‘Fiera, entonces lo metimos a medias’”.

O como cuando Rodolfo, a regañadientes, tuvo que ir en el autobús de Los Cebollitas y controlar a los chavales. Iban a jugar un importante torneo. “Tenía mucho miedo de que diesen la lata en el viaje, pero se portaron muy bien. Sobre todo, Diego, que era muy callado, humilde y responsable. No era nada rebelde”.

“No hubo nadie ni parecido a Maradona. Tengo 83 años y no pude ver más fútbol. Diego es inigualable”, recuerda Rodolfo, que está atento a las noticias en Asturias y ayer se enteró de los históricos marcajes que sufrió el astro en el Tartiere y en El Molinón, cortesía de Luis Manuel y Espinosa. “Asturias es mi casa y mi sueño es ir. Siempre le dije que a mi familia que me enviasen en un avión para allá. Tengo mucha familia en Oviedo, a ver si me escriben más”.

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