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La espina clavada de Borja Navarro en el Sporting

“No veo como un logro llegar al primer equipo del Sporting, me queda la sensación amarga de jugar solo dos partidos”, afirma

Borja Navarro, en Montevil, con la camiseta con la que debutó con el Sporting en el año 2010.

Borja Navarro, en Montevil, con la camiseta con la que debutó con el Sporting en el año 2010.

Puede que no fuera su momento. Y por eso el sueño en vez de dejarlo un gusto muy dulce le dejase durante años un sabor amargo. En casa, su hermano Dani, que le saca siete años, había llegado al ciclismo profesional. Borja, por su parte, tenía solo un peldaño para situarse a su altura en el fútbol. La oportunidad le llegó en su Sporting, pero fue efímera. Borja Navarro solo tuvo dos partidos con el primer equipo del Sporting en la temporada 2009-2010. “Estoy contento de haber llegado, y muy agradecido a Preciado por su confianza. Pero no lo veo como un logro, me quedó la espina clavada, esa sensación amarga de jugar solo dos partidos”, cuenta el delantero.

Borja Navarro aún sigue en activo. Juega de atacante en el Caudal de Mieres en Tercera. Reside en Montevil y compagina el fútbol con la enseñanza, en su primer año como maestro de Primaria tras haber sacado el título hace unos años. Y disfruta de las sensaciones que transmite el Sporting esta temporada. “Ahora se ve la esencia del club, la temporada es muy larga, pero hay una buena sensación, y me quedo con ese sentimiento de que cualquier de la casa puede aportar lo mismo que el que de fuera y que ya tienen su oportunidad”, resalta.

A Borja Navarro las lesiones le trastocaron su debut inicial y su continuidad en el Sporting. “Iba a debutar en Copa del Rey en Huelva, pero me lesioné en el tobillo”, rememora. “Después me convocaron ante el Málaga y Valencia, pero no jugué. Hasta que me tocó en Almería, en un partido difícil”, explica Navarro. Aquel día el Sporting perdió 3-1, y se queda con un mensaje que le trasladó Preciado. “Empezamos ganando, el Almería con diez nos remontó y después expulsaron a Gregory, por tirarle el balón a un recogepelotas, y también a Barral. Entré faltando un cuarto de hora, perdiendo, y toqué cinco balones. Pero al llegar al vestuario Preciado echó a la bronca y dijo que no podía ser que un chaval de la cantera –por mí– hiciese más solo por las ganas que el resto en todo el partido”, destaca.

También ese año jugó la última jornada ante el Racing de Santander, pero el verano todo cambió. “No sé el motivo, Preciado confiaba muchísimo en mí, le estoy muy agradecido, pero no hice la pretemporada, y dejé de jugar en el filial con Vidales”, explica. El primer equipo fichó a Sangoy, que le tapó su progresión. Pero aun así Borja siguió peleando. “Subí un día a entrenar y Preciado me dijo: ‘Borjta, no te preocupes, que aunque somos muchos delanteros tendrás tu oportunidad’. Me llegó contra Osasuna, porque estaban lesionados Sangoy y Bilic. Iba a subir, aún sin jugar en el filial, pero tuve la mala suerte de lesionarme”, lamenta.

Tras dejar el Sporting pasó por varios equipos, disfrutó con el Caudal de un play-off de ascenso a Segunda y vivió la experiencia exótica de jugar en dos etapas en Tailandia.

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