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La desesperación del Marino y de Oli: “Me levanto por la mañana y no sé dónde voy a poder entrenar”

Para el técnico del Marino, es “lamentable” ejercitarse en un lateral de Miramar con el complejo de Balbín acabado

La plantilla del Marino ejercitándose en un lateral de Miramar. | LNE

La plantilla del Marino ejercitándose en un lateral de Miramar. | LNE

Oli Álvarez está harto de una situación que considera “lamentable” e “impropia” de un equipo de Segunda División B. Y es que el Marino de Luanco está teniendo que entrenarse unos días en los laterales del campo de Miramar, como se puede observar en la foto que acompaña esta información (el campo de Miramar no se puede utilizar debido al mal tiempo y la necesidad de preservarlo para los partidos de Liga); otros en Candás, algunos en el pabellón de Luanco, en La Morgal o incluso “en el gimnasio particular del preparador físico del club”, explica el entrenador del equipo de Luanco, que para dar una idea de la situación cuenta que “el otro día, como no había sitio en el pabellón de Luanco, terminamos jugando al baloncesto en media cancha”.

Lo que más duele al club, al entrenador y a los jugadores es que ya están terminadas hace más de un mes las instalaciones de Balbín, que cuentan con campos de hierba artificial, algo importante cuando llueve tanto como estos últimos días. “Uno se levanta por la mañana y no sabe en qué instalaciones va a poder entrenar a su equipo, tenemos que ir pidiendo favores, se nos cae el alma al suelo porque venimos de un mes muy bueno para haber entrenado en unas condiciones dignas y no ha podido ser”, explica Oli.

El problema, según explica el entrenador del Marino, está en que falta un certificado de la FIFA para que el Ayuntamiento se decida a abrir las instalaciones: “Una cosa es para jugar y otra para utilizarlas, es que además no somos nosotros solos, tampoco lo puede usar el fútbol base ni el Gozón. Estoy cansado, las condiciones de trabajo no son las adecuadas y lo único que me levanta el ánimo es la actitud y la buena disposición de mis jugadores a pesar de todo”, añade.

Oli reconoce que, a veces, cuando llega al vestuario y sabe que apenas va a poder hacer nada con sus jugadores le dan ganas de “mandarlos para casa”: “Son ellos los que me animan a mí”, insiste. Los problemas se acumulan para el Marino porque las condiciones en las que se encuentra Miramar son también muy duras: “El otro día no pudimos ducharnos, los cables están sueltos y saltaron los automáticos, nos quedamos sin luz y no se pudieron duchar, el agua entra en los bajos del campo como una catarata”. Y mientras, justo al lado, reluce el complejo de Balbín: “Es como poner un caramelo a la puerta de un colegio”.

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