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DAKAR | RICARDO RAMILO - PILOTO VIGUÉS

“Solo me preocupaba que mis hijos pensasen que soy un monstruo”

Ramilo, tras la ruptura con su copiloto, con uno de los pastores que le ayudó a orientarse.

Ramilo, tras la ruptura con su copiloto, con uno de los pastores que le ayudó a orientarse.

Ricardo Ramilo había soñado con un 15 de enero feliz. Ese día debía entrar en Yeda conduciendo su bugui, integrado en el desfile jovial del Dakar. Lo hizo solo, horas después de que concluyese la última etapa, al volante de la autocaravana que le ha servido de vivienda durante las dos últimas semanas. No hubo aclamaciones ni festejos para él, sino el empeño de desmentir el relato construido por su copiloto, Xavi Blanco. Ambos insisten en sus respectivas versiones sobre cómo y por qué se divorciaron el jueves en plena etapa, cuando Blanco se bajó del coche y Ramilo prosiguió hasta meta. “Yo no lo abandono. El que me abandona es él a mí”, mantiene el vigués.

Ramilo se ha levantado el jueves relativamente temprano, aunque se había acostado bien entrada la madrugada. Los tres mecánicos que completan el equipo, junto a él y Blanco, emprenden el desplazamiento a Yeda después de que partan todos los que siguen en competición. “Les he dicho que me dejen tranquilo. Me he quedado aquí ordenando la ropa y los demás enseres”. Ramilo se ducha y afeita con tranquilidad. Va respondiendo a las llamadas y mensajes, aprovechando la cobertura del vivac –el campamento itinerante– de Yanbu. “Estoy alucinando con la repercusión”, confiesa.

ASO, la empresa que organiza el Dakar, demanda conocer su narración. Pero cuando acude ya se ha desmontado la oficina de dirección de carrera. “Por la noche declararé para que conozcan mi versión”. Se citan en Yeda. Mientras los mecánicos trasladan el bugui, él mismo se encargará de conducir la autocaravana. “Hoy llegamos a Yeda y mañana volvemos a casa”, anticipa. ASO ha preparado la celebración habitual que clausura la prueba. Ramilo no participará: “No tengo ganas de fiesta”.

Una costosa ilusión

Ramilo, que ha sido un polivalente piloto de motos, decidió lanzarse a la aventura del Dakar tras superar una dolorosa enfermedad que le había afectado a los pies durante los últimos años, impidiéndole casi caminar. Quería celebrar además el 30º aniversario de su principal empresa, Rodamoto. “Era una ocasión tan bonita...”, lamenta ahora.

Surgió la oportunidad de ocupar el dorsal adjudicado a Nacho Vidal, ex actor porno enredado en problemas legales. Al Dakar, además de pilotos profesionales con financiación ajena y aspiraciones clasificatorias, acuden aficionados que desean probar la aventura y contratan los servicios de empresas especializadas. Ramilo alcanzó un acuerdo con la catalana Buggy Master Team. El vigués compraría el bugui; el equipo catalán se encargaría de la intendencia. Eudald Noé, líder del Buggy Master Team, ejercería como jefe de mecánicos, con Arón Puertas y Fernando Rodríguez como ayudantes. Como copiloto le recomendaron a Blanco, experto en orientación. Ramilo describe: “Son como un clan, todos de la misma zona”. El vigués calculaba antes de partir un gasto medio de 200.000 euros.Nada grave sucede en las semanas que restan hasta el Dakar. Ricardo Ramilo y Xavi Blanco se van conociendo en varios rallies del Campeonato Nacional y los entrenamientos en Marruecos. En el Dakar, sin embargo, pronto aparecen las fricciones. El piloto vigués ha acudido con espíritu romántico. Se está pagando la ilusión de su vida. Jamás volverá a la prueba más dura del motor y la quiere paladear. Blanco y los mecánicos, sin embargo, encaran el Dakar con cálculo profesional. Prefieren limitar riesgos. “El coche no funcionaba al principio, no pasaba de 100 kilómetros por hora. Me adelantaban los demás volando a 130”, recuerda Ramilo. “Me quería morir. Pasar las dunas sin potencia, si encima tampoco tienes experiencia, es una tortura. Sudaba tinta china”.

El coche vuelca en una ocasión. Se suceden los pinchazos y las averías, por lo demás comunes en el exigente recorrido. Las diferencias se agravan en la novena etapa. Ramilo quiere atravesar unas dunas, aunque ya se haya hecho tarde “Lo peor que habría podido suceder es habernos quedado clavados en la arena y tener que dormir allí una o dos horas. Unos árabes nos habían regalado mantas y chilabas. Incluso nos habían invitado a dormir en sus casas”. Blanco, sin embargo, lo convence de llamar para que los vengan a buscar. Eso supone la eliminación de la categoría de vehículos ligeros, pasando a la consolación del Dakar Experience. Ramilo se arrepentirá. Lo contará en uno de los vídeos que remite como diario personal. Afirma que además Blanco le aseguró que no habría sanción al haber completado el 80 por ciento de los puntos que se proporcionan en los controles. “Llamé a ASO y eso era una película mental. Me quiso engañar”.

“Como los critiqué, me han pagado con esta medicina. Dicen que son profesionales, pero son profesionales de sacarte la pasta”

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Su actitud ya era extraña y al día siguiente vi el resultado final”, indica Ramilo en retrospectiva. “Como los critiqué, me han pagado con esta medicina. Dicen que son profesionales, pero son profesionales de sacarte la pasta”.

Todo se quiebra durante la undécima etapa. Blanco recomienda a Ramilo que se anticipe en el control a unos camiones para evitar la polvareda, aunque les suponga una sanción. Y pocos kilómetros después le pide que pare el coche y se baje. Ahí empiezan a divergir sus relatos. Blanco cuenta que su vida corría peligro por la conducción temeraria de Ramilo, que le dice: “Ahí te quedas” y se larga. Matiza después que solo quería tomarse un respiro. “Eso es mentira”, replica Ramilo. “Se llevó el macuto con el teléfono por satélite, el cargador del otro teléfono y el cartón que sellan en los controles. No te llevas eso si solo quieres tomarte un respiro”. Ramilo asegura que él da la vuelta con su bugui para seguir a Blanco “a lo tonto”, pidiéndole que vuelva a subir. “Parecía una escena de Cantinflas”.

Con ayuda de pastores

Finalmente se separan. Blanco llama para que lo vengan a buscar. “No se queda tirado en medio de ningún desierto. Las asistencias estaban a una distancia como de Vigo a Porriño”, calcula Ramilo. El vigués intenta completar solo la etapa, pero se pierde y no tiene cobertura. Ya de noche, unos pastores lo orientan, por señas, hacia donde se había estado oyendo ruido de coches durante el día. Otros paisanos, en pick up, le indican finalmente el camino. Llega el camión escoba. El reglamento le impide continuar sin el copiloto, pero Ramilo pretende completar la etapa, aunque sea bajo su responsabilidad. Pero el enviado de la organización se lo impide. Tras repostar, lo ubican en una carretera que ha de llevarlo al vivac. Pero el coche no arranca.

Ya tiene cobertura. “Le digo al equipo que venga a arreglar el coche y que el piloto saque sus cosas de la autocaravana”. Porque a su móvil han comenzado a llegar mensajes con “esta desgracia”, resume sobre las declaraciones que ha ido realizando Blanco. El catalán le ha llamado “personaje”. Jura que lo ha dejado tirado y le ha faltado al respeto. También Eudald Noé se une a las críticas. “Me quería morir”, asegura Ramilo. “Me quedé petrificado. Hablé a solas con Eudald. Le dije que me estaba vendiendo, que me había convertido en un desgraciado delante de todo el mundo mediante mentiras, en el sparring de España. Él me contestó que Xavi era amigo suyo, que nunca le había fallado y que no podía llevarle la contraria”.

Aunque todavía en una esquina de Arabia, Ricardo Ramilo protagoniza las noticias en España. Algunos lo retratan como un excéntrico inconsciente o despiadado. “Sensacionalismo, aunque comprendo cómo funciona”, asegura. “A mis 57 años, después de 40 años en las carreras, nunca he tenido ningún problema con ningún rival, ninguna enemistad”.

“Es cierto que me gusta correr, soy competitivo, pero no un descerebrado”

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“El motivo del enfado ha sido para que fuese más despacio”, resume. “Es cierto que me gusta correr, soy competitivo. Nací así. Pero no soy ningún descerebrado. Entre Nacional y aquí llevamos cuarenta etapas y solo he tenido dos vuelcos”.

“La vida no es como viene, es como te la tomas. De todo se aprende”, filosofa estoicamente, aunque en determinado momento se emociona: “Lo que más me preocupaba es que mis hijos no pudiesen entenderlo, que pensasen que su padre es un monstruo que va abandonando gente por el desierto, Pero sé que no. Por el resto, se va a saber la verdad porque las contradicciones de Blanco son claras”.

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