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"Sufrí y disfruté a la vez": así vivieron la medalla de Carreño los que le acompañaron en sus inicios

Compañeros en los inicios de Carreño destacan su constancia y capacidad de superación

Sandra González y su marido, Javier Fernández, con Pablo Carreño en la academia Equelite de Villena. | S. G. S.

Sandra González y su marido, Javier Fernández, con Pablo Carreño en la academia Equelite de Villena. | S. G. S.

Los que conocieron a Pablo Carreño en sus primeros pasos en el tenis, en el Grupo Covadonga, e incluso después, en el Centro de Alto Rendimiento de San Cugat, coinciden en una virtud que ha llevado al gijonés a lo más alto: el trabajo. Carreño no destacaba tanto como otros jugadores de su edad, pero nunca se cansaba de aprender. “Es muy bueno, muy constante, en el día a día”, señala Nacho González, cuatro años menor y que siguió los pasos de Pablo hasta que el nivel tenístico les separó. O Sandra González Salas, de la generación de Carreño, encantada con la medalla de bronce en Tokio.

“Es igual que el que se ve en televisión”, responde Nacho González sobre el Pablo Carreño más cercano, que él conoce bien porque sigue teniendo relación veinte años después de conocerse en el Grupo Covadonga: “Es una persona humilde, cercana y trabajadora, muy trabajadora”. González, que ahora ejerce de entrenador en la academia de Rafa Nadal en Manacor, no se perdió el partido del sábado frente a Djokovic: “Sufrí mucho, pero también disfruté”.

Por el trabajo hacia la excelencia

Pese a la diferencia de edad, Pablo y Nacho hicieron buenas migas en el Grupo: “Cuando lo conocí no destacaba mucho, pero a base de esfuerzo pudo ir a Barcelona, donde subió el nivel de los entrenos y dio un primer gran salto”. El otro, que le ha llevado hasta donde está ahora, tiene que ver con su traslado a Villena, a la academia dirigida por Juan Carlos Ferrero.

“Estuve con él allí en octubre y estaba muy contento, convencido de lo que tenía que hacer para ganar a los grandes”, señala Nacho González, que apunta otra clave de esta evolución: “Está muy agradecido a su entrenador, Samuel López, que es el que genera un cambio en su estilo de juego, en un ambiente muy profesional”.

Considera Nacho González que las lesiones condicionaron el despegue de Carreño, algo que ha superado con su constancia habitual. “Esos problemas retrasaron un poco su camino, pero igual le marcaron para bien”. Llegados a este punto, a González ya no le sorprende que su amigo sea capaz de ganar en apenas tres días al número 1 y 2 del mundo: “El nivel está ahí y Pablo ya se puede considerar asentado entre los diez mejores del ranking”.

Con 15 años, Sandra González Salas ganó en Castellón el mismo torneo que Pablo Carreño, cuando ambos pertenecían al Club de Tenis Barcelona. “Ahí empezó a destacar”, señala Sandra, que ahora es entrenadora y muchos años después volvió a coincidir con el gijonés en la academia de Villena, donde dio clases durante dos veranos junto a su marido, Javier Fernández. Allí conoció a Samuel López, el técnico que ha sacado lo mejor de Carreño: “Samuel tiene muy buen carácter y es muy paciente. Se han compaginado de maravilla porque Pablo es muy trabajador”.

Sandra González se alegra de que aquel niño al que conoció en los torneos asturianos de categorías inferiores haya llegado a la elite: “Estamos muy contentos de tener un representante asturiano en los grandes torneos. A ver si sigue subiendo”. Le sorprendió cuando alcanzó las semifinales de los Juegos de Tokio, superando claramente a Medvedev, pero no tanto de que se colgase la medalla de bronce: “Ya me habían comentado que a Djokovic le costaba mucho jugar contra Pablo y la verdad que lo demostró porque le salió un gran partido y mereció ganar”.

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