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Una charla entre leyendas del Sporting con pasado en el Burgos: "Hay que aclarar quién llevará la batuta deportiva"

“Es vital ganar", dicen Manolo Jiménez y Novoa

Manolo Jiménez, a la izquierda, y José Manuel Díaz Novoa, ayer, en la redacción de LA NUEVA ESPAÑA de Gijón con la bandera del Sporting y la camiseta usada por el defensa en el Real Burgos. JUAN PLAZA

Se aproximaba el final de la temporada 1990-91, Manolo Jiménez terminaba contrato y sabía que el Sporting no le iba a renovar. La decisión era la de colgar las botas, pero el teléfono no paraba de sonar. Al otro lado, José Manuel Díaz Novoa, que ocupaba el banquillo del Burgos y le quería con él en El Plantío. Así se inició el periplo compartido allí de dos leyendas de la historia del Sporting, admirados también en el campo donde mañana el conjunto gijonés buscará tres puntos clave para acercar la permanencia. Ambos comparten con LA NUEVA ESPAÑA su etapa en tierras castellanas y su mirada sobre la trayectoria rojiblanca: “Ahora es vital ganar, recuperar tranquilidad y luego aclarar quién llevará la batuta deportiva en el Sporting la próxima temporada”.

“Me llamó tantas veces que recuerdo que lo hizo incluso antes de la semifinal de Copa en Mallorca con el Sporting”, comenta Jiménez (Villagarcía de Arosa, Pontevedra, 1956) apuntando a Novoa (Gijón, 1944). Sonríen. Hay mucha complicidad entre ellos. Novoa ha sido como un padre deportivo para él. El mismo Novoa que aprieta las mejillas de “Jime” para saludarlo, recuerda cómo le descubrió para después formalizar su fichaje por el Sporting Atlético aprovechando unas vacaciones familiares en Galicia. “Fui a visitarle a su pueblo. Venía de Gijón, en un 850 y con los niños agotados del trayecto. Pregunté al llegar y me dijeron que subiera a un alto donde había un campo de fútbol. Lo encontré entrenándose solo. Fíjese la ambición que tenía ya entonces”, dice de Jiménez el que fuera jugador rojiblanco durante cinco campañas y entrenador en casi trescientos partidos.

La palabra de Novoa vale mucho para Jiménez. Le convenció entonces y acabó convenciéndole después. Nada de colgar las botas. A jugar a Burgos. Y eso que, reconoce el entrenador, allí hubo cierto recelo porque “algunos pensaban que me dedicaba a traer a los amigos”. “A mí me empezaron a llamar el abuelo”, continúa Jiménez. Aquellas suspicacias se respondieron rápidamente en el campo. “Jime”, cuenta Novoa, ya demostró unas condiciones físicas por encima de la mayoría de la plantilla durante la pretemporada. “Otros se quejaban, pero él estaba acostumbrado ya a trabajar duro”, apunta el gijonés.

A los 34 años y en la que sería la última campaña de su carrera, Jiménez disputó las 38 jornadas de Liga (la última, en el Tartiere); el Burgos firmó un histórico noveno puesto y el tenaz defensa gallego fue distinguido como el mejor futbolista de la temporada por un diario local. “Con él era fácil acertar, con él siempre juegas sobre seguro”, repite Novoa sobre aquel exitoso fichaje. Por el camino, hubo mimos para su ojito derecho. “Los lunes hacíamos un entrenamiento suave y los martes era día libre, pero él siempre me dejaba marchar ya de lunes a Gijón, donde se había quedado mi mujer con los dos niños”, desvela el gallego. “Tienes que cuidar esos detalles. Luego si alguien preguntaba decíamos que era que había tenido algún imprevisto, o un examen… Ya sabe”, resuelve, con mano izquierda, Novoa.

Aquel Real Burgos de la 1991-92 empató en El Molinón y cayó por la mínima en El Plantío ante el Sporting, pero el resultado que más recuerdan ambos fue el empate conquistado ante el Barcelona en el Camp Nou. Jugaban con ventaja. Tenían experiencia en meterle mano en su feudo a los azulgranas. Novoa y Jiménez fueron protagonistas del imborrable 0-4 del Sporting en la 1986-87. “¿Recuerdas que Kubala dijo de ese partido que había que ponerlo en vídeo como ejemplo de cómo deben hacerse los contraataques?”, desliza Jiménez. “Kubala lo dijo ante los medios al día siguiente del partido, justo después de estar conmigo viendo al Sabadell”, amplía Novoa.

“El Burgos ficha a Novoa porque José Manuel lo habla previamente con el presidente”, interviene Pocholo. Él, otro futbolista de leyenda del Sporting, también participó en aquel Real Burgos para el recuerdo. Ausente en el encuentro con LA NUEVA ESPAÑA por una cita médica, participa por teléfono. Pocholo era el secretario técnico del conjunto burgalés en esa época y antes, entre 1972 y 1975, también fue jugador del Burgos Club de Fútbol. “Con la gente que vino del Sporting hicimos los mejores años que tuvo el club en Primera. Tocornal se estrenó aquí de central y Emilio también ayudó mucho en varios partidos. Fueron años de altibajos, pero felices”, destaca.

“José Manuel era el pilar sobre lo que se apoyaba todo”, confirma Novoa, que lamenta que algunos, como el propio “Emilín”, “falleciera tan joven”. También falleció hace unos años Monchu, su segundo entrenador, también asturiano. “Teníamos un equipazo ese año”, repite, una y otra vez, Jiménez mientras enumera a Elduayen, Bengoetxea, Loren, Aguirre, Ayúcar... “Se junto buena gente, muchos del norte. Aquello funcionó bien”, resume el entrenador.

“Solo nos faltaba allí la infraestructura y trayectoria de un club como el Sporting. No había campos de entrenamiento, cada día había que improvisar si no podíamos entrar a El Plantío. Y cuando se podía, con las heladas, pues hasta bien avanzada la mañana ni se podía pisar el campo. Terminábamos utilizando tan solo un lateral en el que pegaba el sol”, continúa Novoa, que al final de aquella campaña decidió irse. “Tenía una oferta del Espanyol y aquello creía que se había terminado”, comenta. “Sí, pero allí ya no me llevaste”, le provoca Jiménez, en broma. “Es que ya estaba Mino”, responde, con una sonrisa, Novoa. “Si me llevas con 35-36 años al Espanyol, menudo lío”, continúa el gallego. Jiménez también se fue del Burgos ese año. Entonces, sí, colgó las botas. “También le digo que si Novoa sigue un año más, me hubiera quedado con él”, desvela. Aquel equipo, sin Novoa y Jiménez, perdió la categoría a la temporada siguiente.

A la hora de hablar del Sporting, ambos esperan que el equipo se aleje cuanto antes de las apreturas del descenso. “La victoria del otro día quita presión, sobre todo al entrenador. Otro triunfo puede ayudar mucho a cambiar el panorama totalmente”, comenta Novoa. “¿Cuántos goles llevamos en contra? ¿Y a favor?”, pregunta Jiménez para evidenciar los problemas que está encontrando el equipo. “Hay que salvarse e intentar mantener el bloque de la gente de la casa. Luego, a acertar en los fichajes, que es la asignatura pendiente que tenemos durante los últimos años”, remarca el gallego. “Hay que mejorar distintos puestos y acertar en eso para poder formar un equipo serio en torno a los Pedro, Gragera, Gaspar...”, comparte Novoa. Se despiden, pero se verán pronto. Ahora compiten, pero al golf. “No me deja ganar un hoyo”, dice Jiménez de Novoa. “Tienes que practicar un poco más”, le responden, con ironía, a su lado.

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