Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Baloncesto

Las vidas tras el baloncesto en silla de ruedas: "Aquí hemos encontrado nuestro lugar"

Toni, Biel y Sergio, jugadores del L'Hospitalet, club decano nacional de este deporte paralímpico, cuentan sus historias

Biel Llopis, jugador del CEM L'Hospitalet, club decano de básquet en silla de ruedas. ÁLVARO MONGE

La Nochebuena del 2012, Toni Burrueco (37 años) fue a jugar un partido de fútbol con sus amigos. En la parte trasera del coche en el que iban no había cinturones, tuvieron un accidente y Burrueco voló por los aires partiéndose la médula.

Tras el accidente, y ya en su nueva vida con movilidad reducida, Burrueco, siempre vinculado al deporte, probó el baloncesto en silla de ruedas en el Institut Guttman, pero en aquel momento no encontró la motivación para seguir. Sí lo hizo en 2015, cuando desde el CEM L'Hospitalet, el club decano del baloncesto adaptado español, le llamaron para rearmar el equipo.

Burrueco es una de las caras visibles del club de baloncesto en silla de ruedas de L'Hospitalet de Llobregat, entidad en la que se encuentran los orígenes de este deporte paralímpico a nivel nacional, sobre todo en categoría femenina. Junto con él, los jugadores Sergio Hernández y Biel Llopis también han compartido su historia de vida con El Periódico de Catalunya, diario del mismo grupo, Prensa Ibérica, que este periódico.

Toni Burrueco, jugador del CEM L'Hospitalet. ÁLVARO MONG

"Aquí hemos encontrado nuestro lugar", destacan al unísono los jugadores. Además de motivación, todos coinciden en el efecto inclusivo del deporte en sus vidas: "Gracias al baloncesto, nuestro entorno ve las posibilidades que tenemos como personas con discapacidad".

Más allá de los accidentes

Tal y como describe Roger Gisbert, actual jugador del club e hijo de su fundador, Ramon Gisbert, el perfil más habitual de jugadores es el de personas con discapacidades físicas sobrevenidas, no de nacimiento. Muchas de ellas causadas por accidentes, si bien son también frecuentes casos de secuelas por enfermedad. Sergio Hernández (37 años) es uno de esos casos: "Tuve leucemia y fue mal porque la médula me rechazó las piernas y el cuerpo me quedó paralizado de cintura para abajo". Lo primero, dice, fue curarse la enfermedad: aunque ahora va en silla de ruedas, logró volver a ponerse de pie, no sin cansancio o molestias. Lo segundo, reactivarse.

"No quería estar con 30 años como si fuera un abuelo. No, hombre, no: eso no puede ser". El baloncesto adaptado, dice, le ha permitido divertirse, mantenerse activo y fomentar el compañerismo.

Sergio Hernández, jugador del CEM L'Hospitalet. ÁLVARO MONGE

"He madurado a través del baloncesto"

El caso del joven Biel Llopis (24 años) es especialmente paradigmático. A los 15 años no estaba bien y tomó decisiones equivocadas que le llevaron a un intento de suicidio que le dejó sin parte de las piernas, cuenta.

"Tenía una vida complicada; el deporte en general, y el baloncesto en particular, me han ayudado mucho a seguir adelante, a madurar y a evadirme de mis problemas", señala Llopis, quien precisa que el baloncesto "ya no es sólo un deporte, sino que va mucho más allá de la pelota: aquí he hecho amigos".

Aparte del baloncesto, Llopis también ha encontrado en el rap una salida vital. Desde hace tres años escribe canciones e intenta hacerse un hueco en el mundo de la música porque dedicarse a él, subraya, es su sueño.

Compartir el artículo

stats