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DEPRIMENTE ADIÓS DE EUROPA

Triste despedida del Barça de la Champions: un asunto de dinero

Xavi Hernández durante el entrenamiento. EFE

Un asunto de dinero. Nada más. Y nada menos. El Barça se despide de la aristocracia europea en Pilsen, una ciudad checa anónima que no llega ni a los 200.000 habitantes. Acaba el equipo de Xavi su triste paso por la Champions con un partido que retrata, al mismo tiempo, su decadencia. Hace años que no es lo que fue. Ni tampoco lo que pregona que sería enredado como anda en mensajes tan exagerada como equívocadamente llenos de triunfalismo.

Pero luego el balón, justo como suele ser, por muy cruel que sea la Champions, como sostiene Xavi, lo colocó en su sitio. "Tenemos que insistir, no es momento de dudar, ahora no. Estamos en una situación que no esperábamos y no deseábamos, pero no podemos dudar porque vamos por el buen camino. Es cuestión de tiempo", indicó el técnico desde Pilsen.

Camino de la segunda división

Y su sitio, por mucho que duela admitirlo, es la segunda división del fútbol europeo. Juega esta noche el Barça por dinero. Ni siquiera por honor. El honor lo mancilló al quedarse en la cuarta y antepenúltima jornada descarriado, eliminado ya virtualmente.

Entrenamiento. EFE

Caída que se certificó en la quinta y penúltima jornada con otra bofetada del Bayern (0-3), que no entiende de palancas ni de ganarle tiempo a la pelota porque su proyecto sí es sólido y está por encima de los entrenadores, sea quienes sean los que manden (Heynckes, Guardiola, Ancelotti, Flick o Nagelsmann) en el poderoso club bávaro. El Barça, en cambio, no tiene poder alguno. Ha perdido el que lo hacía singular y diferente: el poder de la pelota.

Ahogado por la impaciencia

Juega así el sexto y último encuentro de una liguilla que le ha devuelto a su condición de pobre. Pobre futbolístico y pobre económico porque dejará de ingresar en torno a los 20 millones de euros. Tenía un cheque de 9,6 millones por llegar a octavos. Ni lo vio. Tenía otro, según había presupuestado el club por alcanzar los cuartos, de 10,6 millones.

Xavi Hernández.

Ni rastro de esos ingresos tan necesarios para un club ahogado por la impaciencia y endeudado hasta las cejas. Mancillado desde hace años su honor y, por supuesto, su prestigio en Europa juega el Barça por dinero. Tan simple como eso. Juega para recolectar 2,7 millones de euros, una fortuna en tiempos de crisis. 

"No podemos perder la identidad, cueste el tiempo que cueste. No es momento de dudar, hay que insistir y tener calma"

Xavi - Técnico del Barça

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Es el único argumento razonable de una institución que lleva demasiado tiempo (más de un lustro) buscando su identidad, enredado en proclamas que luego no se corresponden con su realidad. "No podemos perder la identidad, cueste el tiempo que cueste. No es momento de dudar, hay que insistir y tener calma", reclamó Xavi.

Y su realidad no es otra que asumir su condición de equipo de Europa League. Pertenece, por mucho daño que cueste escucharlo, verlo o leerlo, a la segunda división futbolística del continente. La elite son los demás. "Quizá los pasos son más pequeños de lo que esperábamos. Pero debemos ser pacientes", reclamó el técnico.

Iñaki Peña, titular

A Xavi le toca convivir con tan traumática herida, de casi imposible cicatrización, a no ser que consiguiera Liga, Copa y Europa League, consciente de que debe orientar su mirada hacia España. Tras acercarse al Madrid (solo un punto les separa tras combinarse el 0-1 de Mestalla con el 1-1 conquistado por el Girona en el Bernabéu), la despedida de la Champions sitúa al Barça ante su cruel espejo.

"Quizá los pasos son más pequeños de lo que esperábamos. Pero debemos ser pacientes"

Xavi - Técnico del Barça

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Es un partido estéril y no conviene poner en peligro a Lewandowski, el mayor tesoro que le queda a Xavi y Laporta. No viajó el polaco a Pilsen porque padecía "unas molestias en la espalda". Sí serán titulares Iñaki Peña, que se estrena oficialmente, y Pablo Torre.

No fue Lewandowski porque está siendo mimado, cuidado y protegido con los honores que él sí merece, transformado en el corazón que hace respirar al Barça en la Liga, con 13 goles en 12 jornadas. Dejó de respirar en Europa (se quedó seco en Múnich donde fue un delantero terrenal y ningún compañero lo encontró en Milán) y el equipo de Xavi se autodestruyó. Sin el gol del polaco, se quedó a oscuras, condenado a noches deprimentes como las de Pilsen.  

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