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Lindsey Vonn, la "Princesa" blanca, del quirófano a la gloria

La esquiadora de Minnesota, premiada en 2019 por la Fundación asturiana, ofrece una lección de coraje tras su grave caída en los Juegos de Invierno

Reina de la estética, perfecta en las pistas

Reina de la estética, perfecta en las pistas

María José Iglesias

María José Iglesias

Lindsey Vonn, (nacida Kildow), considerada hasta ahora mejor esquiadora de Downhill del mundo, nació lejos de las montañas, en Saint Paul, Minnesota, en 1984, en un territorio donde el horizonte es plano y el invierno no promete epopeyas. Pero con un padre esquiador y una madre noruega, a los tres años, cuando apenas sabía medir el miedo, se subió por primera vez a unas tablas.

Desde entonces, la caída y la velocidad se convirtieron en lenguajes familiares. Lindsey no se deslizaba: atacaba la pendiente.

Hace unos días, en Cortina d’Ampezzo, en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026, a los 41 años, volvió a caer. Esta vez la levantó la camilla del helicóptero que acudió a socorrerla. La imagen de su cuerpo golpeando la nieve, los gritos desgarradores de dolor que retumbaron entre las montañas, el silencio posterior, el gesto contenido, fueron casi una metáfora final: Vonn abandonó la pista como ha vivido sin frenar.

El accidente ha sido una muestra más de la capacidad de reacción de Lindsey, a prueba de roturas de todo, tipo, de corazón incluidas. Alan Kildow, su padre y primer entrenador, da la carrera por finalizada. Vonn atraviesa uno de los momentos más delicados de su dilatada trayectoria deportiva, pero el punto final aún no ha salido de su boca.

Cuando tenia doce años la familia se trasladó a Vail, (Colorado), y aquel cambio fue una declaración de intenciones. Entre los picos afilados de las Rocosas y madrugadas de hielo, Lindsey aprendió que el cuerpo es una herramienta que se moldea a base de repetición y dolor. En 1999 debutó en una prueba FIS; con el tiempo, su nombre se convirtió en amenaza. Cuando ella aparecía en la salida, el resto competía por el segundo puesto.

Dominó el descenso y el supergigante con una mezcla de técnica feroz y valentía casi temeraria. Vancouver 2010 fue su coronación: oro en el descenso, bronce en el supergigante y una imagen grabada en la memoria colectiva, la de una mujer lanzándose montaña abajo con una rodilla vendada y una voluntad intacta. Ocho años después, en Pyeongchang, regresó al podio para recordar que el tiempo, a veces, se equivoca de enemigo.

Reina de la estética, perfecta en las pistas

Reina de la estética, perfecta en las pistas

Su carrera fue una negociación constante con el dolor. Rodillas rotas, quirófanos, rehabilitaciones interminables. Sochi 2014 fue una ausencia que pesó más que muchas victorias. Aun así, ganó cuatro Copas del Mundo, sumó 84 triunfos y 143 podios, y se quedó a punto del récord absoluto de Ingemar Stenmark. En 2019 anunció su retirada. Sonó a punto final, pero en realidad era un punto y aparte. Porque en 2025, cuando el deporte ya había pasado página, Lindsey Vonn volvió. Ganó en Saint Moritz y se convirtió en la esquiadora más veterana en vencer una prueba de la Copa del Mundo.

No fue una victoria más: fue una enmienda al relato, una manera de decir que la edad no siempre manda cuando la voluntad todavía ruge.

De corazón intenso como un eslalon

El corazón de Lindsey Vonn ha sido una extensión de su carrera: intenso, como un eslalon. Se casó muy joven con el esquiador Thomas Vonn, su ex representante. El matrimonio terminó en 2013, pero el apellido quedó porque ya era una marca. Después llegó el golfista Tiger Woods. Aquella relación mostró a una Vonn más humana. Más tarde, junto al jugador de hockey P. K. Subban, Lindsey vivió una etapa de aparente estabilidad y madurez. Hubo compromiso, planes. pero llegó la la ruptura, en 2020. Ella misma lo dijo: «Amar también es aprender a soltar». Su última relación conocida fue con el empresario y aristócrata español Diego Osorio. Tras su separación en 2025, Vonn optó por el silencio y la distancia.

Al ritmo del mundo

Fuera de la nieve, Lindsey Vonn vive entre Vail y Los Ángeles, dos geografías que resumen bien su doble naturaleza: la soledad de la montaña y el ruido del mundo. Inversora, asesora empresarial, políglota —habla alemán con fluidez—, autora de unas memorias de éxito y fundadora de una organización dedicada a ayudar a niñas de comunidades desfavorecidas, Vonn entendió pronto que la fama es inútil si no se transforma en influencia. Le gustan el surf, la bicicleta y los caballos, pero se refugia en los gestos pequeños: tocar el piano con amigos y pasear a sus perros, Leo y Bear, que tienen cuenta propia en Instagram.

Entre sus mascotas se incluye una vaca llamada Olimpia, como no, la ganó en 2005, como premio en Val d’Isère. Mientras otros habrían pedido el equivalente en dinero, ella se la quedó.

En 2019 recibió el Premio Princesa de Asturias del Deporte. En el Teatro Campoamor, su figura —alta, serena, casi cinematográfica— parecía pertenecer más a una escena de ficción que a un acto protocolario. En Oviedo repartió sonrisas entre sus numerosos fans, muchos de ellos jóvenes esquiadores; también en Avilés, donde protagonizó un encuentro con clubes y escuelas de esquí.

Su lema es perseverancia, y esa célebre frase: "Knocked down 999 times, stand up 1000" (Derribada 999 veces, me levanto 1.000)...Y es que ya se sabe que "Only the braves", (Solo los valientes).

Reina de la estética, perfecta en las pistas

La velocidad de Lindsey Vonn no tardó en convertirse en lenguaje comercial. Su fuerza resultó irresistible para las grandes marcas. Con Head no solo compitió: creó. A través de Red Bull, encarnó la épica del deporte extremo. Al lado de Under Armour, narró la lucha invisible contra las lesiones y el miedo. Oakley encontró en ella a la embajadora perfecta de la innovación bajo condiciones límite; en Rolex encarnó una elegancia basada en la precisión a toda velocidad. En todas sus campañas, Vonn mostró una estética de poder y autenticidad. No es un rostro bonito sin más: es una historia viviente. Una deportista de elite que convirtió su dolor en relato.

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