LA CONTRACRÓNICA
Otra Champions para Luis Enrique sin Mbappé: "En París estamos con la flor"
La crónica: Luis Enrique mantiene el reinado del PSG en una dramática tanda de penaltis
En el bonito escudo del Arsenal hay un cañón. Mikel Arteta prefirió mantenerlo ahí, que no saltara apenas al campo. Levantó una muralla de hormigón y dio la impresión de presentarse a su primera final europea con un complejo de inferioridad, racionando la artillería. Más reactivo que ofensivo. Luis Enrique, en cambio, volvió al escenario mayor del fútbol europeo con la personalidad que le caracteriza. Fue a por la copa desde el principio. Su tercera final y tercera victoria, dos consecutivas. Las dos últimas, desde que se marchó Kylian Mbappé. Nunca un pronóstico tan provocador -"sin él seremos mejores", dijo de forma memorable- cuajó tan certeramente.
Luis Enrique, a sus 56 años, iguala a Pep Guardiola, Zinedine Zidane y Bob Paisley como entrenadores con más Champions. Por delante, solo Carlo Ancelotti, con cinco. El asturiano es ya indiscutiblemente uno de los grandes de siempre. Es la mejor apuesta que pudo hacer Al-Khelaifi, el poderoso mandamás del club parisino. Cómo no iba a abrazarle con el ímpetu que lo hizo de camino a recoger el trofeo. "En París estamos con la flor", destacó eufórico el exentrenador del Barça tras la tanda de penaltis.

Luis Enrique, feliz, con el trofeo de la Champions. / FRANCK FIFE / AFP
La estadística de posesión acabó siendo reveladora sobre la forma de plantear la final uno y otro entrenador: un 72% para los franceses y un 28% para los ingleses. Se diría que el Arsenal no hizo mucho proselitismo global con su juego. Al PSG le costó horrores generar ocasiones, porque ordenado y resiliente lo fue el cuadro de Arteta. No se pareció en nada a la final del año pasado, saldada con aquel 5-0 al Inter. Le faltó al PSG fluidez ofensiva, pero no era fácil.
"Estamos acostumbrados a jugar contra equipos replegados, pero esto es otro nivel. Merecimos ganar esta final, aunque si hubiera ganado el Arsenal también lo habría merecido", comentó Luis Enrique. "Ha costado mucho. El Arsenal es un equipo muy competitivo, que ha perdido muy poco esta temporada. Han empezado de la mejor manera la final con el gol y luego nos ha costado Dios y ayuda", añadió.

Luis Enrique y Mikel Arteta se saludan al empezar la final de la Champions en Budapest. / FRANCK FIFE / AFP
El proyecto del PSG ha recibido la inyección muchísimos millones a lo largo de los años procedente de Qatar, pero hasta la llegada de Luis Enrique no se ha producido un cambio de inflexión. Eso y la marcha de Mbappé hacia el Real Madrid. No salió su nombre en las celebraciones, pero es evidente que este es un equipo en que ahora presionan todos, fundamental en el manual del asturiano, algo que el delantero blanco, un jugadorazo se mire como se mire, no siempre cumplía.
Estar entre los mejores
Luis Enrique elogió precisamente la intensidad de sus jugadores. "Los tengo que frenar, siempre quieren entrenar", exclamó. Una forma de decir que la temporada próxima su equipo aspirará a conquistar una tercera Champions consecutiva, algo solo al alcance del Real Madrid. "El PSG como club necesitaba meterse en el grupo de los mejores, y ahora no queremos bajar, y con una forma de jugar que gusta a la gente", dijo el preparador de los parisinos con la ambición intacta. Desde que ingresó en el Parque de los Príncipes suma 11 títulos de 14 posibles.

La plantilla del PSG celebra la conquista de la segunda Champions consecutiva. / ANNA SZILAGYI / EFE
Arteta explicó que no formaba parte de su plan encerrarse atrás, "con el bloque tan bajo", pero ensalzó la calidad de los futbolistas del PSG. "No pierden nunca el balón", dijo con el tono mustio, aún con el dolor grabado por haber perdido un título que llegó a acariciar. Ha rozado una temporada histórica después de levantar la primera Premier desde 2004.
"Sientes dolor, tienes que sentirlo, es lo normal. Lo que hemos vivido es maravilloso y somos conscientes de lo que hemos hecho, pero te quedas mal después de tenerlo tan cerca". El cañón del escudo se quedó en el escudo y sin pólvora en Budapest.
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Fuente: El Periódico
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