Triángulos en una pancarta, goles no históricos y túmulos etruscos
La cuestión de si los errores justifican los gritos e insultos a Julián y De Jong

Julián Álvarez, ayer, en el banquillo del Metropolitano. | EFE
1. La voluntad general.
Es posible que Julián Álvarez, el delantero argentino del Atlético de Madrid, haya cometido unos cuantos errores de verano al intentar forzar su traspaso al Barça; y puede que Frenkie de Jong, el centrocampista neerlandés del Barça, también haya cometido errores veraniegos a la hora de gestionar su última lesión. Todos cometemos errores, por eso se inventaron las gomas de borrar. La cuestión es si esos errores justifican los pitos, gritos, insultos, desprecios e incluso amenazas a Julián y a De Jong por parte de la afición colchonera y de la afición culé. Y ahí, creo yo, está el problema. Ya hemos aceptado que los colchoneros no perdonarán a Julián Álvarez y que los culés no quieren ver a De Jong compartiendo alineación con Pedri y Rodri. En democracia, lo que llamamos "voluntad general" no surge de acumular voluntades particulares, porque la suma de voluntades particulares es lo que Thomas Hobbes llamaba "multitud", es decir, una aglomeración incapaz de hablar con una voluntad única. Una concentración de sujetos particulares no es un pueblo, sino una multitud. La "afición" del Atlético de Madrid no odia a Julián Álvarez ni lo considera un traidor a la causa, y la "afición" del Barça no quiere que De Jong haga las maletas y se largue a donde le quieran pagar; pero si prestamos atención solo a los que enseñan una pancarta contra Julián Álvarez y a los que silban a De Jong en la presentación del equipo en el Camp Nou, entonces ya tenemos la noticia: la "afición" del Atlético de Madrid se harta Julián Álvarez y la "afición" del Barça se harta de De Jong. De ahí a que las redes sociales se llenen de insultos cada vez más gruesos solo hay un paso. Como el fútbol no tiene nada que ver con la democracia, no podemos hablar de "voluntad general", sino de multitudes o aglomeraciones, y las multitudes y aglomeraciones que más gritan son las que mandan. No es necesario ver muchos triángulos para saber que todos los triángulos tienen 180 grados, pero basta con una pancarta y unos silbidos para que, independientemente de sus errores, la consideración de dos futbolistas ante sus aficiones dé un giro de ciento ochenta grados.
2. resurrecciones.
Me gustan las resurrecciones de esos futbolistas que los aficionados habíamos ya enterrado en una tumba sin nombre. Por eso me alegro de la resurrección de Mariano, el delantero del Deportivo Alavés, como me alegraría volver a ver a Ansu Fati cabalgando hacia el gol como si no hubiera un mañana. Es cierto que Mariano y Ansu Fati ya no juegan en equipos tan glamurosos como el Real Madrid o el Barça, y que será difícil que Mariano o Ansu Fati marquen goles decisivos en la Liga de Campeones, ganen grandes títulos con sus equipos o sean candidatos al Balón de Oro. Pero, como decía George Eliot, que el bien aumente en el mundo depende en parte de actos no históricos. Y lo que vale para el mundo en general, sirve para el fútbol en particular. Que el bien aumente en el mundo del fútbol, esquivando las repugnantes maquinaciones de Gianni Infantino o el reduccionismo al absurdo del "mercado", depende de goles no históricos como los de Mariano, de discretas resurrecciones tan inesperadas como Drácula tomando el sol en la Escalerona de Gijón, de equipos como el Deportivo Alavés de los que solo nos acordamos cuando juegan contra los gigantes de la Liga, de partidos como Rayo Vallecano-Alavés que no cambian la historia, pero la hacen.
3. Indiana y Putellas.
Seguro que recuerdan a Indiana Jones, en su versión como profesor universitario, explicando a sus estudiantes en "En busca del Arca perdida" la diferencia entre robar y retirar el contenido de un túmulo etrusco. Pues bien, algo parecido podríamos decir de lo que ha ocurrido este verano con el túmulo del Barça Femenino. En rigor, el Barça no ha sufrido el robo de Alexia Putellas, María León, Ona Batlle y Salma Paralluelo, sino que otros grandes clubes europeos han retirado el contenido del campeonísimo túmulo del Barça para poder alimentar las vitrinas de sus museos con títulos. No se trata de un expolio en toda regla, sino de una retirada de futbolistas que formaban parte del tesoro de un Barça maravilloso capaz de ganar todos los títulos. El problema es que las grandísimas Alexia Putellas y María León creen que al fichar por el London City Lionesses están siendo retiradas de un túmulo etrusco para ser expuestas en una lujosa sala del Museo Británico. Los trofeos se exponen en los museos, pero se ganan en los túmulos.
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