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Alberto Suárez Laso | Atleta paralímpico

“El deporte de base al aire libre no se debería prohibir, me parece un error”

“Mi ilusión sería una tercera medalla en los Juegos, pero hay gran incertidumbre en la preparación por la falta de eventos organizados”

Alberto Suárez Laso

Alberto Suárez Laso

A sus 43 años recién cumplidos, Alberto Suárez Laso (Riosa, 1977) aspira a recuperar el año perdido. El freno de la pandemia no parece haberle pasado factura y entrena con la ilusión de conseguir una tercera medalla en los Juegos Paralímpicos, programados para este verano tras haber sido aplazados el pasado por la alerta sanitaria.

–¿Qué balance hace del extraño 2020?

–Pues efectivamente fue un año raro. La preparación estaba enfocada a los Juegos Paralímpicos, comenzando a competir en medias maratones y 10.000 metros en abril. Pero llegó el confinamiento y se paró todo. Las noticias eran confusas, con países que sí dejaban entrenar a los profesionales cuando los Juegos todavía no estaban suspendidos... Pero eso entonces era secundario, lo principal era parar esa curva tan bestial de contagios. Una vez se pospusieron los Juegos, hicimos cosas relajadas hasta que pudimos empezar a entrenar de manera normal.

–¿Fue duro no poder salir a entrenar?

–Lo fue, sí. Seguía haciendo deporte en casa, aunque no es lo mismo. En mi caso tuve suerte porque el Comité Paralímpico nos cedió maquinaria, una elíptica, y con eso y algo de material de gimnasio que me prestó el complejo de San Lázaro pude hacer cosas.

–¿Y notó mucho esa falta de actividad en el exterior cuando retomó los entrenamientos?

–Los primeros días, al impactar de nuevo en el asfalto, salieron otra vez las agujetas, los dolores a los que no estábamos acostumbrados. Pero resulta que ahora que ha habido algunas carreras populares y de pistas, las marcas son espectaculares. El tiempo de recuperación que tuvimos en casa creo que fue un beneficio para una preparación sin molestias ni pequeñas lesiones. Tanto Jesús (Castaño, su entrenador) como yo estábamos un poco sorprendidos del estado de forma en el que llegué a finales de año. Analizándolo, nos salían tiempos parecidos a los de 2015, cuando yo era bastante más joven e hice mi mejor marca en maratón en una copa del mundo.

–Así que no fue difícil lograr la mínima para los Juegos Paralímpicos.

–La normativa obligó a hacer una nueva mínima a los que ya la habíamos logrado, y ese era el objetivo de la maratón de Valencia del 6 de diciembre. Pero debido a la buena preparación pudimos salir a hacer algo más, siempre calculando el riesgo para no forzar demasiado y no tener que abandonar, sabiendo que igual no había más maratones. Encontré un grupo con el que ir más rápido, aunque finalmente lo perdí por los problemas de visión y tuve que hacerla sola.

–Después del oro en Londres 2012 y de la plata en Río 2016... ¿el objetivo es una tercera medalla?

–La ilusión sería una tercera medalla, claro, y entreno para ello, pero sé lo complicado que es porque cada vez salen más rivales y son más jóvenes. Hay que entrenar mucho y luego tener esa pizca de suerte que se necesita.

–Este año, además, con la incertidumbre de cómo va a ser la preparación por la situación sanitaria.

–Sí. Lo bueno sería que no hubiese una tercera ola, y si llega que no hubiera que cerrar servicios como la hostelería y el pequeño comercio. Eso sería lo fundamental. Deportivamente existe incertidumbre porque no hay ningún evento organizado, y está claro que los ritmos de competición se cogen compitiendo. Parece evidente que no vamos a correr ninguna maratón de aquí a Tokio, pero sería idóneo hacer al menos alguna media. También supongo que realizaremos alguna concentración, bien a nivel selección o personalmente, Eso facilitaría la asimilación de lo que nos vamos a encontrar en Tokio climatológicamente, por su gran humedad, y en lo referente al horario, ya que correremos hacia las seis y media de la mañana.

–Y todo con su inseparable entrenador, Chus Castaño.

–Jesús es mi entrenador, pero a la vez es psicólogo y persona de apoyo. Todos los días está a mi lado, si tenemos que ir a algún sitio me lleva y me trae... Los reconocimientos son solo para los deportistas, pero si no fuera por él... Empecé a correr fortuitamente cuando me diagnosticaron, y descubrirle a él fue un acierto. Eso aparte del mucho cariño que le tengo.

–¿Qué supone para una atleta consagrado la distinción del Ayuntamiento de Oviedo?

–A todos los deportistas nos gusta que nuestra ciudad y nuestro Ayuntamiento nos reconozca. Hay veces que nos gustaría que fuera más a menudo, no cuando termina el año o consigues algo relevante. Una ciudad donde el deporte suma es una ciudad con salud y con valores añadidos a lo que es la actividad cultural. Siempre que tengo oportunidad de hablar con alguien de los gobiernos le digo que por qué no nos utilizan más en Oviedo, en Asturias y en España. Eso sería un plus hoy en día, que el turismo se ha convertido en una pieza fundamental para la economía. De todas formas, entiendo que hoy deberían primar otras circunstancias por la pandemia, lo importante es que la ciudad salga adelante con todas las restricciones que hubo.

–Una de ellas fue la prohibición del deporte de base. ¿Qué le parece?

–En el acto de reconocimiento del Ayuntamiento fui la persona a la que le tocó hablar y subrayé precisamente eso, que había que apoyar el deporte base porque fueron los que más sufrieron. Para mí, que los chavales no puedan entrenar ni competir es ilógico, porque el deporte es salud. Entiendo que habría que hacer un estudio para poder valorar si era viable, pero es lo último que deberían prohibir; sobre todo en estas edades, me parece un error. El confinamiento es algo sedentario. Para los clubes de cantera esto fue un paso atrás, porque muchos chicos no se han apuntado ahora por la incertidumbre de los padres. Yo tengo un hijo en edad escolar y nada más que nos dejaron fue a hacer deporte, que además son capaces de realizar varias actividades a la vez. Si se mantienen las burbujas en los colegios, que yo creo que funcionaron, es un acierto que hagan deporte, al menos al aire libre.

–¿En qué situación ve al atletismo de Oviedo?

–Veo mucha actividad en las escuelas, pero a cierta edad los niños desaparecen. Es un deporte individual en el que prima que el niño quiera involucrarse al cien por cien, y cuesta. Pero al final hay gente en Oviedo que está tirando hacia adelante con los recursos que puede. Las ayudas son escasas tanto a nivel de Oviedo como de Asturias. Sigo a otras comunidades y estamos muy atrasados en lo que se refiere a deporte de alto nivel en general y al atletismo en particular, y eso hace que tengas que sacrificarte un poco más. Espero que esto cambie, aunque llevo muchos años en esto y me cuesta verlo. La cuestión no es solo ir a entrenar, sino que hay muchos gastos detrás, cada vez es más caro.

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