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Javier Cobián, atleta gijonés, medalla de plata en el Campeonato de España de pista cubierta: “Desde que volví, solo me ilusiona el día a día”

“No podía estar más contento con la plata, pero puedo saltar más, tuve algún problema técnico”

Javier Cobián, ayer, en Las Mestas.

Javier Cobián, ayer, en Las Mestas. Marcos León

A un atleta reenganchado como Francisco Javier Cobián (Gijón, 21 de julio de 1989), las medallas le dejan un regusto de trabajo bien hecho, pero ni le electrizan ni le ensimisman como a un recién llegado. El deportista, que había abandonado tras una grave lesión, es feliz en su regreso, sin la presión de la inmediatez, saboreando la planificación a largo plazo. Mañana vuelve a Madrid, tres días después de ganar la plata, para tomar parte en el mitin del Circuito Europeo.

–¿Qué sensaciones le dejó la plata en el Nacional?

–Más que sensaciones, en el momento tienes emociones, que trato de controlar. No estábamos seguros de tener un óptimo estado de forma, pero era un Campeonato de España, un día en el que había que rendir. Al atleta le determina el crono o la cinta métrica, y en cuanto a resultados no podíamos estar más contentos. Pero al final lo que importa son las marcas, y ahí creo que podíamos haber saltado un poco más, tuvimos algún problema técnico.

–¿Es muy difícil de llevar una competición en pandemia?

–Teníamos que pasar el test de antígenos dos horas antes de la prueba, luego entrabas al calentamiento, después a la prueba y fuera. Es verdad que hay muchas restricciones y los jueces están muy encima de ti. A veces piensas que las restricciones son un poco aleatorias, a criterio del que le parece en ese momento, pero yo intento envolverme en lo que hago.

–Un poco fuerte lo del rastrillo que borró la marca del salto válido y largo de María Vicente, ¿no?

–Yo me enteré a la noche. Es una desgracia, una impotencia muy grande, porque estás entrenando todo el año, pero si no es existe intencionalidad... ¿a quién haces responsable? Puedes solidarizarte, como Raúl Chapado (presidente de la Federación Española), pero es lo que hay.

–¿Ya se ha marcado los próximos objetivos?

–Desde que volví a competir otra vez en 2018, con 28 años, no quiero ilusionarme más que con el trabajo de cada día, disfrutando del atletismo y de los éxitos si vienen. A los 20 igual te vuela más la imaginación, yo también tuve esa edad y viví el atletismo de otra manera, todo va más rápido. Ahora nos sentamos y pensamos a largo plazo, vemos vídeos y marcas y miramos qué cosas podemos mejorar.

–¿Dejó el triple salto porque había demasiada carga, demasiadas lesiones?

–Es una prueba dura, pero todas llevadas al extremo son lesivas. Quizás hay un poco de estigma con esta. Yo rompí el tendón rotuliano de la pierna izquierda con 17 o 18 años, pasé por el quirófano y luego no fue fácil, quizás en Asturias no encontré los medios adecuados, y por eso lo dejé. Ahora hubiera sido distinto: tengo dolores, pero cuento con un equipo de trabajo, un readaptador, un nutricionista...

Las cosas ocurren a veces por más de un factor. Se me presentó la oportunidad de volver con otro chico, con el que también entrenaba Alfonso (Cuervo, su actual entrenador). Se tuvo que ir por temas de trabajo, Alfonso estaba al final de su carrera y decidió llevarme. Congeniamos bien y salió bien. Tengo confianza en mí y conozco el atletismo, siempre supe que tenía condiciones para saltar, pero eso no es suficiente, hay que tener un trabajo estructurado y una programación.

–Alfonso Cuervo fue discípulo de Yago Lamela. ¿Qué recuerdo tiene del avilesino?

–Pues la verdad es que su época de esplendor yo era muy pequeño, tenía unos nueve años y acababa de empezar a hacer atletismo, tengo miedo de estar haciendo cross, aunque era difícil no oír hablar de él. Pasó una etapa muy larga de lesiones y en 2004, cuando fue a Atenas, yo empezaba a saltar, pero ya no era lo mismo, ya no entrenaba en Asturias. Después tuve la oportunidad de conocerle, en un ámbito más particular, cuando ya estaba muy desvinculado del atletismo. Si hubiera hecho ese 8,56 siendo yo más consciente... Pero marcó, es nuestro gran referente. No porque sea un saltador asturiano, o amigo íntimo de mi entrenador, sino porque sabemos reconocer la calidad de los saltadores, y él era extraordinario, con una visión del salto que no era normal.

–¿Qué momento atraviesa el salto de longitud?

–No es la época de Yago, cuando teníamos un gran saltador a nivel mundial. Esa fue la época dorada de la longitud en Asturias, en España y en el mundo. Ahora se salta como mucho 8,30, y él con 8,56 no pudo ser campeón del mundo porque tenía a Iván Pedroso, considerado el mejor de la historia. Ahora Echevarría parece llamado a saltar 9 metros, puede ser esa luz. No estamos en esa época, pero creo que hay un nivel medio bastante sólido, Eusebio (Cáceres), se puede posicionar para altura, Héctor Santos, que saltó 8,20 hace dos años; Jean Marie (Okutu), consolidado desde hace muchos años, yo puedo mejorar algo…

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