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Un héroe para el Ceares: Madeira sube a la red

El goleador del equipo gijonés, conserje del Club de Tenis de Gijón, sueña con llevar al equipo a 2.ª RFEF: “La Cruz da un valor diferencial”

Carlos Madeira, ayer, en La Cruz. |

Carlos Madeira, ayer, en La Cruz. | Marcos León

De lunes a viernes se encarga de que todo esté dispuesto en el Club de Tenis. Los fines de semana, su cometido es el gol en La Cruz. Carlos Madeira Suárez (Oviedo, 11-7-1990) es el ariete con el que el Ceares busca derribar la puerta hacia la Segunda RFEF, la nueva categoría que viene a ocupar un lugar intermedio entre las antiguas Segunda B y Tercera. “Con estos cambios hasta nosotros nos hacemos un lío”, reconoce sobre una segunda fase que inician el domingo en casa, ante el Llanes, un hombre cuya vida discurre entre pelotas. “El ascenso era impensable y ahora pelearemos por ello, aunque lo seguimos viendo complicado”, afirma ante el reto de cambiar de categoría.

“L’Entregu y Avilés son muy fuertes. Nosotros tenemos un poco de ventaja por estar situados segundos (logran entrar en 2ª RFEF los dos primeros), pero será difícil. Creo que el ascenso saldrá de estos tres equipos”, apunta Madeira, máximo artillero del equipo, con nueve tantos, en una semana apretada por diferentes motivos. A los deberes profesionales y deportivos se le ha sumado “unas obras que estamos haciendo en casa”. “Voy a tope”, resume, entre risas, este espigado delantero (mide 1,90 metros) criado en la Peña Marigil y la Peña Berto antes de dar el salto a la cantera del Oviedo, donde alcanzó el filial. Se ha convertido en un trotamundos del fútbol regional. Ha pasado por el Cudillero, Covadonga, L’Entregu, Colunga, Lenense, Tuilla y Candás, donde levantó la Copa Federación en 2010 antes de fichar por el Racing de Santander, conociendo otra Tercera, la cántabra.

“Aquella Copa fue muy importante, pero si me das a elegir, casi me gustaría más vivir un ascenso. Sería el primero”, apunta el jugador del Ceares, club en el que vive su segunda etapa. “La clave de haber terminado líderes en nuestro grupo cuando en un inicio se pensaba en la permanencia está en el vestuario. Además de buenos jugadores, hay muy buen ambiente”, subraya.

La buena temporada cearista es también tema recurrente en su puesto de trabajo. “Hay algunos socios que son gente del fútbol”, apunta Madeira, quien habitualmente divide su jornada en dos partes. Durante unas horas “corto el césped, podo o realizo el mantenimiento de las pistas”, mientras que el resto del día se le puede encontrar en la puerta, donde ejerce como conserje. “Llevo aquí desde 2013, por mediación del preparador físico del club, Severino (Álvarez), al que conocí cuando jugaba en el Cudillero”, explica. Lo que se inició como algo puntual ejerciendo de vigilante ha terminado como un puesto fijo. Sin embargo, tantas horas con tenis de fondo no le han acercado a la raqueta. “No, no, no la cojo mucho”, reconoce el futbolista. Su volea es con botas y en dirección a tres palos.

“Jugar en el campo del Ceares se nota”, asegura Madeira, que reside, junto a su novia, en la calle gijonesa de Ramón y Cajal, muy próxima al escenario de sus partidos cada domingo. Se siente un privilegiado por poder disfrutar del público en tiempos de pandemia. “Empezamos la temporada sin gente en la grada y ahora, que ya se ha permitido que puedan ir accediendo, nos aportan un valor diferencial. Ya no solo cuando juegas en casa, también cuando vamos fuera hay muchos animando. En Pravia perdimos y terminaron ovacionándonos porque acabamos líderes. Eso da un empuje para esta fase de ascenso que otros no van a tener”, concluye el máximo artillero teyero, con nueve tantos.

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