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Así es el asturiano que se enganchó al triatlón como forma de vida y para presumir de raíces: Fidelidad por triplicado

Jaime Menéndez de Luarca lleva 32 años con licencia asturiana pese a vivir en Madrid desde 1988

Menéndez de Luarca llega a la meta del Iron Man de Dubai. En el círculo, en el velódromo de Horta. | LNE

Menéndez de Luarca llega a la meta del Iron Man de Dubai. En el círculo, en el velódromo de Horta. | LNE

Fidelidad por triplicado

Jaime Menéndez de Luarca Zumalacarregui nació en Santander (24-1-74) se crió entre Oviedo y Cadavedo, y desde los 14 años vive a caballo entre Madrid y Cáceres. Pese a tanto ajetreo se considera asturiano y lo demuestra con un pequeño detalle, pero significativo de lo que considera su tierra: siempre ha sacado su licencia de triatlón por la Federación Asturiana, y ya van 32 años.

Los recuerdos de infancia de Menéndez de Luarca remiten a Oviedo y, sobre todo, a la casa familiar de Cadavedo, donde empezó a cogerle el gusto al deporte: “Desde muy pequeño salía a correr con mi tío Pablo por la Nacional 630 y con 7 años empecé a competir con el Oviedo Atletismo”. Así fue hasta que, en 1988, la familia se trasladó a Madrid cuando su padre, Santiago, fue nombrado subsecretario de Medio Ambiente, después de ejercer como consejero de Medio Rural y Pesca del Principado.

Un cambio que acabaría abriendo a Jaime el camino hacia la actividad que se convirtió tanto en su pasión como en su medio de vida. “Con 16 años fiché por el Moratalaz y en el verano de 1990 ya empecé a hacer triatlón. Me federé por Asturias porque me hacía ilusión y porque quiero aportar mi granito de arena a una federación con pocas licencias”.

“Veía que en el atletismo no iba a hacer nada del otro mundo”, reconoce también Menéndez de Luarca, que ve en el triatlón una actividad “más amena, más agradable, con un mayor toque de aventura. Para un chaval de 16 años era más divertido que el atletismo”. Dos años después, convencido de que ese era su mundo, se matriculó en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, por donde enfocó su futuro profesional. Tenía claro que así contaría con dos salidas: “O ser entrenador de un club o hacer oposiciones para ser profesor en un instituto”.

Sin embargo, nada más acabar la carrera se le abrió una puerta inesperada: “Los primeros deportistas que me llamaron para que los entrenase fueron asturianos, en 1997, y me pagaron 5.000 pesetas de la época”. Desde entonces, su prestigio en el mundillo ha evolucionado tanto como el propio deporte: “Si pensamos en el triatlón de los 90 nos quedamos muy anclados. Ha evolucionado el reglamento, las modalidades, y las federaciones han crecido una barbaridad. Se ha profesionalizado muchísimo”.

Lo sabe por experiencia propia, ya que lleva años manejando una amplia cartera de clientes, entre los que ahora destacan Sara Pérez (aspirante a una de las tres plazas para los Juegos Olímpicos de Tokio), Sonia Bejarano (campeona de España de duatlón) y Quini Carrasco (campeón de España de paratriatlón). Mientras tanto ha acumulado un meritorio currículo como triatleta aficionado: “Soy el español no profesional que más veces ha participado en el Iron Man de Hawái. Este año, si no pasa nada, será la séptima”.

Para ello mantiene un plan de entrenamientos de entre 15 y 20 horas a la semana, no tan lejos de los profesionales, que rondan las 30 horas. Asegura que la clave para competir en el triatlón (natación, ciclismo y carrera a pie) es “compensar los puntos débiles con los fuertes. Curiosamente, lo que peor se me da es la carrera, pese a que de pequeño hice atletismo, mientras que con la bicicleta, sobre todo llaneando, es donde puedo sacar ventaja”.

“Asturias se ha quedado atrás”

Además del empeño en mantener su licencia en la Federación Asturiana, Jaime Menéndez ofrece otro guiño a sus orígenes llevando en su mono la palabra Luarca “porque es el nombre que usaba mi padre cuando jugaba al rugby y porque es de donde me siento”. Por eso le duele aún más el triatlón asturiano: “Está bastante estancado, Asturias se ha quedado atrás respecto a otras comunidades próximas como Galicia y Cantabria. Nos dan mil vueltas en la organización de pruebas y en centros de tecnificación. Y nos cuadruplican en número de licencias”. Intentará aportar algo con la organización de un campus de verano, posiblemente en Navia.

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