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Crónica, vestuarios y opinión de la victoria en el último segundo del Oviedo Baloncesto ante el Alicante (63-62): Speight hace estallar Pumarín

El Liberbank roza el play-off de ascenso a la ACB tras ganar al Alicante por un punto gracias a un canastón con el que se culminaba una remontada de quince puntos en el último cuarto

Speight tras lanzar el balón decisivo en el triunfo del Oviedo ante el Alicante en Pumarín. |

Speight tras lanzar el balón decisivo en el triunfo del Oviedo ante el Alicante en Pumarín. | Carlos Torío

El gesto fue unánime cuando Micah Speight metió la canasta que dio la victoria al Liberbank Oviedo ante el HLA Alicante en el último segundo. Ni el más tranquilo de los seguidores del equipo azul pudo evitar saltar de su asiento tras ese instante en el que el base estadounidense, un tipo al que solo un club con poco presupuesto se decidió a dar una oportunidad en el baloncesto profesional, regaló una pequeña obra de arte a los atónitos espectadores de un polideportivo de Pumarín que, esta vez sí, estuvo a punto de estallar.

Los dieciséis segundos finales, en los que Speight amasó el balón y buscó un camino hacia el aro que nunca llegó a encontrar, fueron muy largos, pero el tiempo que duró el trayecto que llevó el balón de las manos del base, que tenía un defensor encima, hacia la canasta fue eterno para todos los que deseaban una victoria que permite al OCB rozar con la yema de los dedos la clasificación para el play-off de ascenso a la ACB. Solo una catástrofe del equipo carbayón y un final perfecto de sus perseguidores le dejarían fuera.

Esa magia, ese imposible que se convierte en realidad y que hace del baloncesto un deporte diferente, apareció en Pumarín el día menos esperado. Y es que el Oviedo Baloncesto de ayer fue uno de los peores de la temporada. Un equipo sometido, que no encontró nunca su ritmo de juego, que estuvo a merced de su adversario, que erró sus tiros desde todas las posiciones posibles, que tomó malas decisiones demasiadas veces, que hizo todo lo que no tenía que haber hecho para ganar a un rival de la entidad del Alicante.

Solo lo primero y lo último que pasó fue positivo para el Oviedo Baloncesto. En los primeros instantes, Brown salió a dar su enésima exhibición y en un abrir y cerrar de ojos había anotado cinco puntos. Otros tres de Oliver Arteaga pusieron el 8-0 en el marcador cuando habían pasado solo 2:38 minutos. Fue un espejismo. A partir de ese momento, Alicante empezó a buscar a sus interiores, con un Bilbao que se fajó con garra y un Gjuroski que hacía mucho daño abriendo la cancha con sus lanzamientos triples. Y, por supuesto, Noah Allen dando un recital.

El resultado fue que en el tercer cuarto Alicante casi acaba con el partido. Tan solo una buena actitud del Oviedo Baloncesto, algo que nunca le falta, y cierto desacierto en el lanzamiento del Alicante permitían soñar con la victoria a los locales. Los de Natxo Lezkano, ayer desesperado con el juego de su equipo, llegaron al último parcial con una desventaja de doce puntos (39-51).

Y el inicio del último parcial no fue mejor para el equipo de Oviedo, que vio cómo la distancia se fue a los quince puntos (41-56) cuando quedaban 7:45 para acabar. Pidió tiempo muerto el técnico local y no sirvió de mucho, puesto que Frey tardó en anotar casi dos minutos. Eso sí, fue un dos más uno que apretó un poco el marcador (44-56). Le siguió Norelia, que siempre está dispuesto a sumarse a un compañero que esté activado, puesto que él siempre lo está. Y Brown decidió apuntarse.

El escolta no había anotado tras los cinco puntos con los que comenzó el partido. Y lo hizo, además, con un triple que no encestó y recibiendo una falta que no fue tal. Las protestas le costaron la quinta a Bilbao y una técnica. Cuatro tiros libres para Brown que apretaban un poco la contienda (43-58) cuando quedaban 3:47 largos minutos para acabar. Y el OCB ya fue imparable. Dos tiros libres y otro triple de Brown empataron el partido a 58 a falta de tres minutos. Hubo un par de intercambios de tiros libres y un balón que se escapaba y que Arteaga, que ayer jugó medio lesionado, logró dejar del lado local. Y, por fin, el balón en las manos de un artista que ayer se consagró en Pumarín.

La reacción del entrenador

Lezkano: “Fuera de casa hubiéramos perdido”

“Speight está en su peor momento, pero es capaz de hacer estas cosas”, dice el técnico del OCB

Natxo Lezkano volvió a poner hielo a un momento caliente del Liberbank Oviedo Baloncesto. Mientras aún se escuchaban los gritos de algunos espectadores celebrando la victoria en la última jugada del partido ante Alicante, Lezkano hacía un análisis algo más frío del encuentro y reconocía que ayer no se merecieron la victoria: “No siempre se hace justicia, pero lo bueno es que hemos sido capaces de no perderle la cara al partido y llegar al final del partido con opciones y ganarlo”. El técnico vasco señaló que el ritmo del duelo fue el que le interesó a Alicante: “Ellos han llevado siempre la iniciativa, ha sido un partido que se asemejaba a los que ellos querían”. Un Alicante al que elogió: “Saben hacer las cosas muy bien, han estado fantásticos en cuanto a reconocer el partido mucho mejor que nosotros y han llevado la iniciativa todo el rato”. Pero cometieron el error de dejarles con vida: “En el último cuarto nos la hemos jugado a cambiar la defensa, ha salido bien y afortunadamente, en un final apretado, ha salido la calidad de Speight”. Un jugador que no atraviesa su mejor momento, pero que es clave en el equipo: “Hemos jugado el final para Speight, ha asumido su responsabilidad, lo ha hecho muy bien, tiene calidad individual y es fuerte de cabeza; no está al ritmo ni con el acierto que ha tenido durante mucha parte de la temporada, quizás está en su peor momento, pero es capaz de hacer estas cosas”. En cuanto al play-off, solo piensa en Almansa: “Entiendo que nos falta algún partido, hay que seguir con el trabajo, el partido contra Almansa es una final para nosotros”. Lezkano también tuvo unas palabras de agradecimiento al cuerpo médico del club, que fue capaz de recuperar a Arteaga para el partido: “Gracias a sus cuidados y a los huevos que le ha echado Arteaga para estar, pues ha estado y ha sido fundamental”.

El análisis

El comentario de Alberto Menéndez

Premio a la perseverancia

Los de Lezkano demuestran la capacidad para superar las adversidades incluso jugando mal

"El Oviedo Baloncesto no jugó bien ayer (fue uno de sus partidos más flojos en Pumarín), pero así y todo ganó al HLA Alicante. Y lo hizo gracias a la fe de sus jugadores, a su consistencia mental y, sobre todo, a la perseverancia de un equipo que no se rinde nunca, que lucha hasta el final porque cree en sus posibilidades. Esa tenacidad es la que ha llevado al Liberbank a la situación de privilegio en la que se encuentra, muy cerca de disputar los play-off de ascenso a la ACB: un éxito enorme vistas las dificultades que hubo para confeccionar la plantilla el pasado verano. Hay partidos trabados en los que un determinado equipo, en este caso el Oviedo, no sabe qué hacer para recuperar las sensaciones perdidas. Los azules extraviaron ayer las suyas en los primeros compases del partido ante los alicantinos, poco después de ponerse 8-0 en el marcador. Al final del primer cuarto ya se vio que los de Natxo Lezkano no tenían su día, atascados en ataque como pocas veces se les ha visto esta temporada, un mal que fue en aumento tanto en el segundo como en el tercer cuarto. No obstante, los asturianos lograron mantenerse en el partido, más o menos, gracias al trabajo defensivo y también a que los alicantinos tampoco estuvieron demasiado acertados de cara al aro contrario. El Liberbank no supo imponer su ritmo de juego en ningún momento del encuentro hasta los trascendentales minutos finales. Puede que, para que ello fuera posible, algo tuviera que ver el cansancio de los levantinos, que acudieron a Oviedo muy diezmados por las lesiones y con solo ocho jugadores disponibles para hacer frente al choque. Pero es que, probablemente, los ovetenses hubieran dado la vuelta al marcador incluso aunque Alicante hubiera contado con todos sus efectivos, tal fue el brío y el empeño que pusieron en estos últimos cinco minutos de infarto, incluyendo la última jugada protagonizada por Speight. Está claro que el Oviedo Baloncesto es un equipo que se sabe recuperar de las adversidades, a pesar de su bisoñez. Lo sucedido en Palma la semana pasada (seguro que algo tuvo que ver esa inexperiencia) y lo que pasó ayer en Pumarín en los tres primeros cuartos podían haber pasado factura a los azules, pero no fue así. Una vez más fueron capaces de rectificar, de creer en sus posibilidades y de dar otra alegría a la afición. Si hay dos jugadores en el Oviedo que están dispuestos a asumir riesgos en los momentos clave de los partidos, esos son Speight y Brown (este último con artimañas incluidas). Si alguien tenía alguna duda ayer lo volvieron a dejar patente. Fueron los grandes protagonistas de los últimos cinco minutos, aunque también es cierto que en el resto del encuentro se mostraron muy fallones, especialmente en los tiros de tres puntos (como todo el equipo). Norelia y Arteaga, aunque a un nivel más bajo que en anteriores choques, cumplieron ante Alicante con lo que se espera de ellos. Lo malo para Natxo Lezkano es que hay una serie de jugadores cuyas prestaciones han bajado en las últimas semanas. Su recuperación se antoja trascendental de cara a unos play-offs muy probables".

Norelia levanta a Speight después de la canasta de la victoria para el Oviedo Baloncesto Carlos Torío

El comentario de Francisco García

Zeravica en Pumarín

Una victoria de la fe con un protagonista de Oklahoma que desató el “Katrina”

"Fue Ranko Zeravica, aquel mítico “coach” que llevó a la selección yugoslava al título mundial en 1970 en Liubliana y al oro olímpico en Moscú-80, quien acuñó una frase incontestable: al fútbol se juega con los pies, al balonmano con las manos y al baloncesto con la cabeza. Y habría que añadir que con el corazón también, pues solo a base de vísceras y testosterona es posible enjugar en tres minutos postreros de ensueño una desventaja que en el último cuarto alcanzaba los 15 puntos (41-56). Un parcial de 17-2 a favor de los locales cuando el equipo se tambaleaba sobre la lona obró el milagro de una victoria balsámica por cómo se produjo, certificando el triunfo de la fe y la constancia. Idéntico guion que la pasada jornada, pero esta vez con final feliz. Jugar mal contra un buen equipo y ganar dice mucho de este grupo humano que no se rinde ni aun cuando parece que está a punto de hincar la rodilla y firmar el armisticio. En la partida de ajedrez planteada ayer en Pumarín por ambos técnicos logró la jugada de jaque mate quien supo resguardar a sus torres y llegó al final con más munición en el armamento de sus alfiles. Le salió bien el gambito a Lezkano en un último cuarto demoledor en el que se desató la furia del Séptimo de Caballería al toque de corneta de sus norteamericanos, que habían mantenido durante muchos minutos una actitud errática. Esta vez fue Micah Speight quien ofició de salvador, con una canasta sobre la bocina para sellar un marcador de 63-62 en medio del delirio de la grada, que empujó con su aliento ese último balón hasta el fondo del aro. Los hados del baloncesto hicieron justicia con un base que en Mallorca se había autoinculpado de la derrota. Ayer, el de Oklahoma City se resarció a la heroica. Un soplido suyo en los últimos instantes desató un huracán de la fuerza del “Katrina”. Al final, los azules lo festejaron con una “haka” irrenunciable desde el centro de la pista. Que pase el siguiente".

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