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Piragüismo

La saga de los Llera ya da para un K-4

La familia de palistas, que comenzó Alberto y siguió el olímpico Fran, se amplía con los primeros éxitos de los hijos del pionero

Alberto, Celia y Alberto Llera junior, en Trasona.

Alberto, Celia y Alberto Llera junior, en Trasona. Ricardo Solís

Las sagas de piragüistas son algo habitual en Ribadesella, pero la de los Llera se hizo esperar. La inició Alberto a finales de la década de los 80 y en 2021 ya les da para hacer un K-4. A rebufo de Alberto empezó su hermano Fran, que consiguió un diploma olímpico en Atenas 2004. Y ahora los hijos del pionero, Alberto y Celia, piden paso con fuerza en el panorama piragüístico nacional.

“En algún momento, en Ribadesella todo el mundo pasa por el club de piraguas”. Así explica Alberto Llera su acercamiento a un deporte en el que no tenía más referencias familiares que unos primos que lo practicaban como entretenimiento. Se subió por primera vez a una piragua con 11 años, con el entrenador Secundino Díaz, Nino, ofreciéndole las primeras nociones en la Sociedad Cultural Deportiva de Ribadesella.

Hasta que la llegada al club del exolímpico ruso Alexander Shaparenko le dio un empujón decisivo: “Vino a competir al Sella y se quedó. Para nosotros fue una motivación tener como entrenador a un referente mundial. Implantó métodos que no conocíamos, aumentó el número de practicantes en el club y yo empecé a conseguir buenos resultados. En cadetes fui campeón de España de velocidad y subcampeón en larga distancia”.

Después llegó la internacionalidad, el reconocimiento como mejor junior en la regata de Bratislava y en su primer año como senior entró en el grupo dirigido por José Seguín en Trasona. Alberto era uno de los aspirantes a los Juegos de Sydney 2000, pero el verano de 1996 cambió el guión en su carrera deportiva: “Gané el Sella con Monchu Cerra y cuando volví a Trasona empezó a desencantarme la velocidad”.

Los buenos resultados en el maratón también le ayudaron a decidirse: “Fui sexto en el mundial de Hungría y cuarto en el de Valladolid. Además, la larga distancia me permitía hacer piragüismo de alto nivel, estar en casa y trabajar”. Y renovar cada primer sábado de agosto su pasión por el Sella. “Gané tres veces más en K-1 y encadené nueve podios consecutivos”, señala orgulloso.

El nacimiento de su primer hijo, Alberto, en 2002, sirvió para reforzar aún más sus lazos con el deporte de su vida: “Con tres años ya lo subí a una K-2 conmigo, para dar paseos por la ría”. El primogénito de los Llera empezó a competir como prebenjamín, en infantil fue subcampeón de España y con 14 años ingresó en el Centro de Tecnificación Deportiva de Trasona, en el grupo dirigido por Ángel López.

En octubre pasado, Alberto Llera junior cambió Trasona por el Centro de Alto Rendimiento de La Cartuja, en Sevilla, con la selección española sub-23, el mismo escenario donde hace un mes se proclamó campeón de España de larga distancia. Pese a este buen resultado y a que podría seguir sus pasos, Alberto padre cree que su hijo “va a tener recorrido en la velocidad, como demostró hace dos semanas en Trasona al acabar segundo en el selectivo de K-1 1.000”.

“El maratón me gusta más verlo que hacerlo”, confirma Alberto Llera junior, que considera que piragüísticamente se parece más a su tío Fran que a su padre. Le costó dar el paso de marcharse de Asturias a Sevilla, pero reconoce que “de esta forma tengo más facilidades para entrenar y compatibilizarlo con los estudios”, ya que está preparando oposiciones para la Policía Nacional.

La última incorporación de la saga es Celia, nacida en 2006, que hace dos años se decantó por el piragüismo tras destacar también en natación y atletismo. El problema es que poco después de centrarse en la piragua llegó el parón por el covid-19 y no pudo competir a nivel nacional hasta hace dos semanas. Y, para tratarse del debut, no estuvo nada mal: cuarta en el campeonato de España infantil en Bañolas.

“Estaba un poco nerviosa”, señala Celia sobre su primera experiencia a nivel nacional, acostumbrada como estaba a dominar en las competiciones asturianas. En el futuro ella se ve más en pruebas de fondo, aunque a la hora de elegir a su referente en el piragüismo mira más allá de su casa y elige al rey de la pista: “Mi preferido es Saúl Craviotto”.

“Será lo que ella quiera”, tercia Fran sin pasión de tío, “porque Celia es puro nervio y se le da bien todo lo que hace”. Y sobre su sobrino apunta que “para ser senior del primer año está consiguiendo muy buenos resultados”.

Fran Llera y Damián Vindel, en una regata en Duisburgo en 2007. Efe

El diploma de Atenas 2004, el orgullo de Fran

“La ciaboga te engancha rápidamente”, dice Fran Llera sobre su acercamiento al piragüismo, muy presente en su vida desde pequeño por su hermano Alberto. Con 8 años empezó y aún hoy, en el tiempo libre que le deja su trabajo de policía en Bilbao, sigue dando paladas. Con 17 años tomó la decisión de apostar por el deporte y aceptó ingresar en la Residencia Blume de Madrid: “Si quieres estar entre los mejores hay que sacrificar cosas”. La apuesta salió bien porque en 2004 vivió su sueño olímpico en Atenas. Y con nota porque regresó con un diploma por el sexto puesto que consiguió junto a Damián Vindel en K-2 500. “Fue el mejor momento de mi carrera”, confirma Fran, que se quedó con la espina clavada de repetir en Pekín 2008: “Estuvimos cerca, pero llegaron los bestias de Saúl y Perucho...”.

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