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La historia de Kristina: la ucraniana que iba a dejar el bádminton y acabó casándose en Cudillero con un cubano

La jugadora del Bádminton Oviedo sueña con ganar la Liga con el club ovetense

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Las imágenes de Kristina Dzhanhobekova Miki López

Kristina Dzhanhobekova (Lviv, Ucrania, 1992) llevaba dándole al bádminton 17 años. Empezó por la insistencia de su madre, Tatiana, una profesora de Literatura que en realidad siempre soñó con llegar a ser jugadora profesional. También por su astigmatismo. Una oftalmóloga le dijo cuando tenía seis años que jugar al bádminton podía ayudar a corregirlo.

Kristina hizo caso y poco a poco se fue convirtiendo en una jugadora reconocida representando en los torneos nacionales a Lviv, una ciudad que se acerca al millón de habitantes y que está a solo 80 kilómetros de la frontera con Polonia. En el año 2015 todo cambió. “Terminé la carrera (Educación Física) y pensaba que no jugaría más. Tenía ganas de seguir, pero no me daba el dinero. No tenía ni recursos, ni posibilidades”.

En Ucrania, inscribirse en un torneo de bádminton puede costar un mínimo de 400 euros que debe pagar cada jugador. Las sensaciones de la ucraniana eran negativas. “Le pedí a Dios encontrar algún club de fuera de Ucrania, porque entrenar sin competir es absurdo y no tiene ningún sentido”. Kristina vislumbraba el fin a su todavía corta carrera cuando recibió una llamada mientras caminaba una tarde de vuelta a casa.

Al otro lado de la línea estaba una entrenadora ucraniana.

–En un club de España necesitan una jugadora y pensé en ti, ¿quieres probar?

–Sí, dame su correo electrónico.

Dos semanas después, la ucraniana era flamante jugadora del Bádminton Oviedo. Cuatro años después, se casaba en Cudillero con un cubano residente en Avilés que había conocido en un encuentro de la iglesia evangélica. Y hoy y ahora, Kristina tiene un sueño: “Ganar la Liga con el Bádminton Oviedo, el club que me ha dado la oportunidad de crecer”, dice la jugadora, en un notable castellano, antes de la cita de esta tarde ante el Rinconada.

La historia de Kristina, de 29 años, es también la del éxito y la evolución del Bádminton Oviedo que ya es un referente nacional y que, como se ve, se ha acostumbrado incluso a cazar talentos más allá de las fronteras españolas. El único enemigo que ha tenido Kristina en su aventura asturiana ha sido el covid. “Mi marido, Christian, es soldador, pero en Avilés trabajaba en una empresa de limpieza industrial que recortó personal por la crisis sanitaria. Por eso regresamos a Ucrania”, explica la jugadora, que ahora reside en Lviv junto a su marido. Los dos tienen trabajo: él ejerce de soldador y ella es entrenadora de bádminton.

No obstante, Kristina ha podido viajar a Oviedo para disputar con el equipo la fase final de la Liga. “El club es una familia, estamos todos unidos. Yo llegué para hacer de ‘sparring’ de Sara Peñalver, pero ella se fue a Madrid y me pude quedar. Me trataron muy bien desde el principio y me sorprendió la cantidad de recursos que hay, a diferencia de Ucrania, aunque no se aprovechan bien del todo”, analiza Kristina, enamorada del Principado: “Asturias es lo más bonito de España”, remata orgullosa.

Los carbayones, a por el año perfecto

Día grande para el Bádminton Oviedo. El club ovetense juega mañana en Huelva (16.00 horas) la semifinal de la Liga ante el Rinconada. Se trata de un encuentro a partido único. El equipo llega a la cita invicto, primer clasificado y tras catorce victorias consecutivas. César González, el técnico de los carbayones, agradece a toda la plantilla el esfuerzo. “Todos y cada uno de ellos han sumado para llegar donde estamos, ahora toca disfrutar de las semifinales”. “Va a ser una confrontación muy dura, puesto que es decisiva para poder seguir avanzando, aunque confío en el trabajo del equipo”, dijo Uriel Francisco, jugador.

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