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La aventura china de un histórico del balonmano asturiano: Garabaya salta la muralla

El avilesino estará un año en el país asiático para formar jugadoras sub-16 de cara a los Juegos de 2028

Rubén Garabaya, en el centro, durante un entrenamiento del Balonmano Logroño. |

Rubén Garabaya, en el centro, durante un entrenamiento del Balonmano Logroño. | BML

Rubén Garabaya (Avilés, 15 de septiembre de 1978) acaba de tomar una decisión que dará un giro a su vida, aunque el balonmano seguirá siendo importante en su día a día. El asturiano, con una larga y exitosa carrera como jugador y actualmente entrenador ayudante del Balonmano Logroño, emprenderá el próximo sábado día 5 un viaje de casi 10.000 kilómetros para llegar a Chuzhou, la ciudad china donde durante un año será el responsable de la selección femenina sub-16. “Cuando me llegó la oferta me lo pensé, pero no mucho”, asegura Garabaya, consciente de que tal como están las cosas se pasará un año sin ver a la familia.

Tras formarse en la cantera de Corvera, Rubén Garabaya jugó en algunos de los mejores equipos españoles (Ademar León, Cangas de Morrazo, Valladolid, Barcelona y Logroño), además de hacer historia con la selección española que consiguió el primer título mundial (2005) y subirse al podio de Pekín 2008 para colgarse la medalla de bronce olímpica. Los últimos tres años los ha pasado como ayudante de Miguel Ángel Velasco, entrenador del Logroño.

“Todo esto surge en el marco de un proyecto de la Federación Internacional para desarrollar el balonmano en países como Estados Unidos y China”, explica Garabaya, que encajaba en el perfil solicitado por los dirigentes del país asiático: “Querían un entrenador español, exjugador y joven”. El círculo se completó por la intermediación de Jota González, segundo técnico del PSG que coincidió con Garabaya en el Valladolid y Logroño. El avilesino explica la aparente contradicción de un contrato de un año para un proyecto con vistas a Los Ángeles 2028: “Tuvieron malas experiencias con entrenadores europeos y están un poco recelosos. Supongo que si les convencen mis métodos me acabarán dando la responsabilidad de la absoluta”.

El centro de entrenamientos estará en Chuzhou, una ciudad de cuatro millones de habitantes. Según Garabaya, “las condiciones a priori son perfectas porque tienen unas instalaciones espectaculares y las jugadoras estarán todo el año concentradas allí, entrenando y supongo que estudiando. El problema es que no hay una liga regular y tendremos que limitarnos a jugar partidos amistosos”. El objetivo de los dirigentes chinos es elevar el nivel de un deporte que no es prioritario, como indica el puesto 25 de la selección femenina en el ranking mundial, por detrás de Japón y Corea en Asia.

“Vértigo y preocupación” siente Garabaya que en vísperas de iniciar una experiencia que ni se imaginaba hace poco. Las estrictas medidas anticovid de China complican aún más las cosas: “De momento, al llegar tendré que pasarme quince días encerrado en un hotel. Y sé que, por la cultura y las costumbre, las relaciones con los dirigentes no serán fáciles. Espero congeniar”.

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