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Bádminton: Así le dieron la segunda liga al Oviedo los hermanos Leal

César González (entrenador), Álvaro Leal, Nicolás García (presidente), Javier Suárez, Lorena Uslé, Claudia Leal, Uriel Canjura, Alberto Zapico y Jonathan Martínez (segundo entrenador), ayer, en Ibiza.

César González (entrenador), Álvaro Leal, Nicolás García (presidente), Javier Suárez, Lorena Uslé, Claudia Leal, Uriel Canjura, Alberto Zapico y Jonathan Martínez (segundo entrenador), ayer, en Ibiza. CBO

Uriel Canjura acababa de perder su partido y el Bádminton Oviedo estaba al borde de la derrota (4-1) en la final por el título de Liga frente al Pitiús de Ibiza. Todo quedaba en las manos de Claudia y Álvaro Leal, que necesitaban ganar los dos últimos individuales para repetir el resultado (4-3) de La Corredoria, sin ceder más de un set. Cuando se encontraron, camino del baño, no se anduvieron con chiquitas. “Estoy cagado”, soltó Álvaro. “Pues anda que yo…”, continuó Claudia. Poco más de una hora después, tras ganar su último punto, Álvaro Leal sufrió peligro de asfixia, aplastado por sus compañeros.

Los hermanos Leal viven en Oviedo una aventura que empezó en su Toledo natal, cuando Claudia tenía 5 años y Álvaro 4. Se engancharon al bádminton de tanto ver jugar a sus padres en el club Drop. Progresaron hasta tal punto que en 2016 recibieron una oferta para incorporarse al Centro de Tecnificación de El Cristo, en Oviedo. No fue una decisión fácil, especialmente para Claudia, que tenía 16 años: “Era muy de estar en casa, no iba a los campamentos, pero mis padres me convencieron de que era lo mejor para mí”.

Aquella decisión le permitió evolucionar como jugadora y vivir emociones fuertes, como las del sábado en Ibiza. “En Oviedo mejoré tanto personal como deportivamente. Y este año hemos hecho mucho equipo, hay un gran compañerismo”. Esa unión fue clave para superar las dificultades en este cierre de una temporada en la que el Oviedo solo perdió un partido, el último. Claudia Leal recordaba ayer, poco antes de volver de Ibiza, los momentos de tensión en la final: “Salimos de los dobles con un 3-0 en contra, algo que nunca nos había pasado. Lo veíamos negro y peor todavía cuando pierde Uriel porque me tocaba jugar el individual cuando solo suelo hacer los dobles”.

“Estaba supernerviosa, pero también tenía muchas ganas”, añade Claudia, que se sobrepuso a todo: “Era un partido que tenía que ganar y, además, sin perder ningún set, por si acaso. Mi rival, Laura Primo, lleva muchos años jugando, pero nunca nos habíamos enfrentado. Así que salí a fuego desde el principio para intentar coger ventaja en el marcador. Me ayudó César, el entrenador, que no me dijo nada táctico y se centró más en darme ánimos”.

Los partidos de los hermanos Leal se disputaron simultáneamente, lo que dio aún más emoción al desenlace. “Miraba de reojo el marcador de Álvaro”, reconoce Claudia, que sumó antes su punto para centrarse en el duelo decisivo: “No me aguantaba de los nervios. Mi hermano nunca había ganado a Alcalá y fue un partido con un marcador muy ajustado”. Tras la victoria, Claudia Leal se sumó a la montonera, con su hermano al borde del aplastamiento.

Álvaro Leal besa a su hermana Claudia tras conseguir el título de liga en Ibiza.

Álvaro Leal besa a su hermana Claudia tras conseguir el título de liga en Ibiza. CBO

“Casi me ahogan”, bromeaba ayer Álvaro Leal, que al igual que su hermana da por buenos todos los sacrificios tras salir de Oviedo. “Tenía 15 años y al principio no estaba muy convencido, pero mis padres me dieron el empujón. En Toledo no tenía los medios suficientes y me dijeron que si quería seguir mejorando tenía que irme. Fue la mejor decisión que pude haber tomado”. En sus cinco años en el CBO, el palmarés de Álvaro presenta un subcampeonato de Liga y el título logrado el sábado gracias a su victoria.

“Confiaba en que ganaríamos alguno de los tres dobles y que mi punto no sería decisivo”, señala Leal, que rememora lo ocurrido: “Entré bastante nervioso al partido, pero a toro pasado es una gran alegría haber dado ese punto al equipo”. Reconoce que la victoria de su hermana le ayudó: “Gestionó la presión mejor que yo y cuando vi que había ganado me dio mucha tranquilidad, jugué más suelto”. También le vinieron bien los consejos de la psicóloga del club, Irma Álvarez: “Jugar es lo de menos, el problema es cuando se te encoge el brazo”.

Nada más conectar el móvil, Álvaro y Claudia se encontraron con la felicitación más esperada: “Nuestros padres nos mandaron un vídeo, celebrándolo delante de la televisión. Hasta que empezó la pandemia venían a ver todos nuestros partidos, en Oviedo o donde fuese”. Los hermanos Leal tienen claro que la próxima temporada seguirán defendiendo los colores del CBO, aunque Claudia se haya trasladado a Alicante y Álvaro a la Residencia Blume de Madrid. “Si tuviera una oportunidad fuera de España, probablemente me iría porque sería un paso adelante. Pero irme a otro club nacional no me parecería ético después de todo lo que he progresado en Oviedo”, concluye Álvaro.

La copa se queda, de momento, en Ibiza

La peripecia del Bádminton Oviedo en Ibiza no se limitó a lo sucedido en la cancha. El viaje de vuelta duró mucho más de lo programado y, para más inri, sin la copa brillantemente ganada. Al llegar al aeropuerto, el trofeo fue pesado convenientemente por los empleados de la compañía aérea. “Son 35 kilos, y el máximo es 32”, advirtieron. “¿Y cómo lo arreglamos?”. “Pues tienen que meterlo en una bolsa y facturarlo”. A la expedición del CBO se le salían los ojos de las órbitas: “¿Pero usted sabe lo que vale esto?”. Rápidamente hubo que pensar en una alternativa. Y entonces se le encendió la bombilla a Álvaro Leal, el autor del punto decisivo de la final. “Les dije que hablaba con mi amigo Marc Cardona (no confundir con el futbolista), que lo conocía del CAR de Madrid, que nos ayudaba fijo”, dice Álvaro. Dicho y hecho, el ibicenco se acercó al aeropuerto para recoger la copa y llevársela a su casa hasta que el club asturiano encuentre la forma de transportarla. La cosa no acabó ahí. Ya en el avión, el equipo tuvo que desembarcar para cambiar una rueda. El retraso se fue acumulando y la llegada a Madrid no se produjo hasta pasadas las diez de la noche. Todavía quedaba por delante el viaje en carretera hasta Oviedo. La psicóloga, Irma Álvarez, había viajado por la mañana para hacerse cargo de las furgonetas y tuvo que esperar todo el día por sus compañeros.

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