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La España de Luis Enrique: el asturiano deja su sello en la selección, sin un "once" fijo a una semana del debut en la Eurocopa

Luis Enrique habla con Unai Simón, durante el España-Portugal en el Wanda Metropolitano. Sergio Pérez / Reuters

Falta una semana para el debut de España en la Eurocopa (lunes 14, 21 horas) y no hay ni pistas del “once” que podría enfrentarse a Suecia en el estadio de La Cartuja. Nada que preocupe a Luis Enrique, un seleccionador atípico hasta las últimas consecuencias. Acostumbrado a ir contracorriente, el técnico asturiano sabe que hay mucha gente esperándole. Y no parece preocuparle. Defiende con la misma naturalidad alinear a Sergio Ramos cinco minutos para que sume internacionalidades que dejarlo fuera de la convocatoria a la hora de la verdad. Asegura que cualquiera de sus tres porteros puede ser titular, pese a la particularidad del puesto. Y no se inmuta a la hora de alinear dos centrales zurdos, casi un sacrilegio para los puristas del fútbol.

“Es difícil encontrar dos centrales zurdos con esta calidad y esta planta física”, destacó Luis Enrique tras el partido del jueves frente a Portugal (0-0), en referencia a la pareja Laporte-Pau Torres. Es la novena combinación para el centro de la defensa del gijonés en los 21 partidos de sus dos etapas como seleccionador. Y no le salió mal, pese a que Laporte es un recién llegado tras su nacionalización exprés y renuncia a jugar con Francia, con la que había debutado. “Los dos han estado bien en la salida de balón y también han resuelto situaciones de uno contra uno con delanteros de primer nivel”.

A Luis Enrique le gustaron Laporte y Pau Torres, pero solo tiene un amistoso más antes de la Eurocopa (mañana, frente a Lituania) y ya ha demostrado su confianza en otros centrales, como Eric García y Diego Llorente. Incluso Azpilicueta podría jugar ahí, aunque el jugador del Chelsea se perfila como lateral derecho, mientras que la izquierda podría ser para Jordi Alba, sin olvidar las discrepancias que técnico y defensa tuvieron en su etapa en el Barça y la candidatura de Gayá.

Si algo ha dejado claro Luis Enrique en vísperas de la Eurocopa es que su prioridad táctica es el 4-3-3. Es decir, que se inclina por un mediocentro clásico (Busquets o Rodri) acompañado por dos interiores polivalentes, para lo que tiene donde elegir: Thiago y Fabián empezaron frente a Portugal, pero Koke y Pedri son alternativas de peso, sobre todo el barcelonista cuando sea necesario revitalizar el juego ofensivo.

En el ataque tiene Luis Enrique la gran cuenta pendiente desde su llegada a la selección. Y no solo por la falta de un goleador, que España echa de menos desde la marcha de su máximo realizador histórico, David Villa, sino por la elección de los acompañantes del ariete. El seleccionador suele inclinarse por jugadores combinativos, con tendencia a ir hacia el centro, como Ferran Torres, Dani Olmo, Sarabia y Oyarzábal. Y deja para situaciones concretas al único delantero diferente, Adama Traoré, un extremo veloz y potente, que llega a la línea de fondo y centra al área.

Al margen de lo estrictamente futbolístico, Luis Enrique quiere que sus jugadores estén como en una burbuja, y no solo sanitaria. Con sus decisiones y sus declaraciones, el asturiano espera que toda la atención mediática se centre en él y no afecte a la plantilla. En ese contexto se entiende el descarte de Sergio Ramos, que pese a su precario estado físico hubiera sido un factor desestabilizador en caso de quedarse en el banquillo. Por ahí también puede interpretarse la decisión de “Lucho” de convocar a 24 jugadores, en vez de los 26 que permite la UEFA. Demasiados futbolistas sin opción de participar en un torneo muy corto.

A su llegada al Barcelona, en 2014, Luis Enrique declaró sin tapujos que el líder del equipo sería él. Un encontronazo con Messi cuestionó esa afirmación, pero el gijonés tuvo la cintura suficiente para entenderse con el argentino y en su primera temporada como azulgrana logró el triplete. Ahora, con Ramos fuera, no hay dudas de quién manda en Las Rozas. Es la apuesta de un hombre acostumbrado a convivir con el riesgo. Y no le ha ido mal. En la selección selló su primer gran éxito, la clasificación para la final de cuatro de Liga de Naciones, con un 6-0 a Alemania, tan impensable como, en estos momentos, un triunfo en la Eurocopa.

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