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Michi, eterno en El Nora: emotivo homenaje al jugador del Colloto fallecido el año pasado

“Su recuerdo siempre estará”, dicen sus excompañeros

Los excompañeros de Michi lanzan velas al cielo

Los excompañeros de Michi lanzan velas al cielo Luisma Murias

Miguel Álvarez García “Michi” (Oviedo, 2005-2020) llevó su leucemia con una entereza ejemplar. Tuvo tanta, tanta, que lo primero en lo que pensó cuando notó dos bultos en el cuello fue en su madre, Graciela García. En ese momento a Michi le faltaban dos consultas para que le diesen el alta de una enfermedad que le fue diagnosticada cuando tenía seis años. “Estaba en el recreo y me mandó un mensaje. Me dijo que llevaba días esperando para contarme una cosa, que no quería preocuparme, pero que tenía esos bultos”. Michi afrontó el golpe con vitalidad. Tuvo humor y fuerza hasta el final.

Michi, eterno en El Nora

El joven, que vivía en la localidad de Faro (Oviedo), falleció el 8 de junio del año pasado a los quince años. Pero su recuerdo es imborrable. Seguirá siempre en sus padres, Miguel y Graciela, y en su hermana, Sara. Y también seguirá en sus compañeros del Colloto, el equipo donde jugaba Michi al fútbol y que ayer quiso homenajear al ovetense y organizaron un emotivo acto en el campo de El Nora al anochecer. La familia de Michi acudió al acto y no lo olvidará. Los asistentes guardaron un minuto de silencio en memoria de Michi y lanzaron velas en su honor al cielo. Acudieron unas 70 personas. “Era mi hijo, y para mí siempre será lo mejor del mundo, pero no supe el alcance que Michi tenía en la gente hasta que se fue. Sus compañeros se han volcado, muchos se tatuaron incluso su nombre y me pidieron permiso para hacer el homenaje. ¿Cómo iba a decirles que no?”, se pregunta la madre de Michi, que ayer llevó un retrato de su hijo pintada por ella misma.

Michi

Michi se enfrentó a la leucemia por primera vez cuando tenía seis años. La médica le dijo a su madre que tenía que ser sincero con él y no mentirle, pero que había que tener en cuenta su edad. Michi no se anduvo por las ramas:

–Mamá, dime la verdad, ¿qué es lo que tengo?

A su madre no le dio tiempo a reaccionar y contestó casi sin pensar.

–Tienes la sangre sucia y hay que limpiarla. No te preocupes.

Michi se volcó. Decía que iba a luchar y llevó una vida más o menos normal hasta su adiós. Era un obseso del fútbol, su auténtica pasión. Cuando estaba en la ESO tuvo algún problema en los estudios, pero luego se centró. Decía que quería ser hematólogo para “ayudar a curarse a niños como él”. El otro rasgo de Michi fue su oviedismo. Pudo conocer a la plantilla del Oviedo. “A los jugadores del Oviedo les estamos muy agradecidos. Mossa se preocupa por nuestra situación a día de hoy y a veces nos pone algún mensaje”.

Jugó en el Colloto desde alevines. Entrenadores y compañeros le llamaban cariñosamente “el pupas”. “Era tan competitivo que siempre se llegaba algún golpe y acababa magullado”, recuerda el que fue su entrenador, Darío Pidal, presente ayer en el homenaje. “Michi era el líder del equipo y tenía un carisma especial. Era mediocentro y jugaba muy bien. La primera vez que fuimos a verle al hospital le llevamos el botiquín del equipo para hacer la comedia y se río mucho. Su recuerdo siempre estará vivo entre nosotros”.

Ariel Rubio fue capitán del Colloto y era uno de los mejores amigos de Michi. “Era una persona muy madura para su edad y podrías hablar de cualquier cosa con él. Nunca se rindió y luchó hasta el final, como hacía en el campo”.

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