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Los cuatro fantásticos asturianos que van a los Juegos Olímpicos: las sensaciones antes del gran día

El tenis, el balonmano, el hockey y el piragüismo cuentan con representación regional en Tokio

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María López -hockey-, Raúl Entrerríos -balonmano-, Pablo Carreño -tenis- y Saúl Craviotto -piragüismo- son los cuatro fantásticos asturianos que irán a los Juegos Olímpicos de Tokio, que arrancan el próximo 23 de julio.

LA NUEVA ESPAÑA habla con los cuatro deportistas que viajarán a la capital de Japón para conocer cómo afrontan los días previos a la prueba. Comparten las ganas de darlo todo, las horas de duro entrenamiento y la sensación de estar cumpliendo un sueño.

María López controla la bola en un partido con la selección española. | Efe

Tokio merecía la espera: María López cree que la selección llega a los Juegos en el punto de madurez ideal

María López da por bueno el aplazamiento y cree que la selección llega a los Juegos en el punto de madurez ideal

López tiene muy presente que sus dos antecesores asturianos de hockey en los Juegos, Masángeles Rodríguez y Juan Fernández la Villa, se subieron al podio en su primera participación. Ella no pudo cumplir la tradición en Río de Janeiro y por eso desde 2016 su principal objetivo deportivo era volver. La pandemia lo impidió el año pasado, pero con el billete en el bolsillo siguió trabajando para competir a tope en Tokio. 

Mario D. Braña

El octavo puesto de Río de Janeiro le supo a poco a María López, que en los años siguientes confirmó que las “Redsticks” iban a más: “La base de esta selección es la de 2013, con muchas jugadoras que llevamos juntas desde las categorías inferiores. En Río éramos novatas, nuestra primera experiencia a ese nivel. Fuimos como decimocuartas del ranking mundial y acabamos octavas, empatadas con Argentina, que es una superpotencia”. Dos años después, en 2018, empezaron a llegar los resultados con el bronce en el Campeonato del Mundo de Londres.

“Estábamos trabajando y compitiendo bien, pero necesitábamos algo tangible”, señala la gijonesa, que añade: “Con el bronce del Europeo, al año siguiente demostramos que no fue casualidad”. María López, que ejerce de capitana, destaca la importancia de esos metales: “Hasta ese momento teníamos cierto complejo de inferioridad. Jugábamos como nunca y perdíamos como siempre. Pero a partir de ahí empezamos a confiar en nosotras. Vimos que salvo Holanda, que está un peldaño por encima del resto, podíamos competir con cualquier selección”.

Pero López y sus compañeras sabían que el momento clave para ellas llegaría en octubre de 2019, con el Preolímpico. Se clasificaron, pero cuando ya todas miraban hacia Tokio llegó lo impensable: “El confinamiento fue muy duro porque nos pasamos cuatro años preparando los Juegos y cuando faltaban pocos meses nos dicen que se posponen. La selección estaba en una dinámica muy positiva y todo esto nos la rompió”. María tenía claro que esperaría un año más por los Juegos, pero una de sus compañeras, Cristina Guinea, tuvo que retirarse.

En aquellos meses de confinamiento en Gijón, María López se las ingenió para mantener el tono físico, pero sufrió las consecuencias del anonimato al que le condena un deporte solo visible cada cuatro años. En su primer día de ejercicio fuera de casa, fue interceptada por una patrulla de la Policía Local en el Muro tras ser denunciada por una persona que no la reconoció como deportista de alto nivel, con salvoconducto para entrenarse en exteriores.

La jugadora gijonesa se lo toma como una anécdota y señala que durante aquellos meses “no lo pasé tan mal porque no me pilló ningún caso de covid cerca. Además, así pude estar más tiempo con mi madre”. Sí reconoce que deportivamente “fue una pesadilla no saber qué iba a pasar. Y entrenar en casa sin medios. Tuve que hacer ejercicios con garrafas de agua y una escoba hasta que, al mes y medio, Iberdrola me proporcionó material”.

En agosto de 2020, cuando deberían haber estado en pleno torneo olímpico, María López y sus compañeras se pudieron juntar: “Volvimos a trabajar con todas las ganas, pensando que habría Juegos en 2021. Mucha gente me preguntaba que cómo mantenía la motivación. Tenía que entrenar a tope porque ese esfuerzo no lo haces por ninguna competición que no sean los Juegos Olímpicos”.

“Llegué a tener miedo a la suspensión”, reconoce López. “Con la cuarta ola sí que sufrí porque se veía todo muy negro. Pero en junio ya se veía que iban adelante, aunque no estaré tranquila del todo hasta que juegue el primer partido”. Ese momento llegará a las 2 de la mañana del domingo 25, frente a Australia. “Es un equipo muy físico, con jugadoras rápidas, habilidosas, un hockey muy vertical. En el Mundial les ganamos el partido por el tercer puesto”.

Confirmando que a España le tocó lo que María López llama el “grupo de la muerte”, el siguiente rival será Argentina (lunes 26), un hueso aunque ya no tenga a Luciana Aymar, considerada la Messi del hockey: “Tienen jugadoras muy técnicas y suelen estar en el podio de todas las competiciones”. A Nueva Zelanda (miércoles 28) la ve muy parecida a Australia. De China (jueves 29) destaca su fuerza. Y de Japón (sábado 31), que “se ha preparado de forma muy concienzuda”.

Pese a las dificultades, María López cree que España dará guerra: “La preparación ha sido mejor que la de Río. Pudimos jugar la Liga, compaginando con concentraciones en Valencia. Trabajamos con sol y humedad, condiciones que se asemejan a Tokio. También nos vino bien jugar contra la selección masculina”.

María López espera disfrutar de su segunda ceremonia inaugural: “Yo creo que nuestro seleccionador nos dejará porque sabe lo especial que es para nosotros. En Río, cuando estábamos en el túnel esperando para salir, me dije: ‘Aquí estoy, todo lo que he tenido que pasar ha merecido la pena’”.

Raúl Entrerríos, en un partido con la selección española. | Efe

El último baile de Raúl tenía que ser olímpico

Entrerríos alarga su carrera hasta los 40 años para buscar en Tokio su segunda medalla

La historia olímpica de Raúl Entrerríos ha ido a tirones. Se quedó en el último corte de Atenas 2004, logró un bronce en Pekín 2008, un gol de Francia en el último segundo le dejó fuera de la lucha por las medallas en Londres 2012 y la selección ni siquiera se clasificó para Río 2016. Desde aquel momento, el gijonés solo tenía un objetivo para la recta final de su carrera: competir en Tokio. Esta vez amarró la clasificación con tiempo, pero el covid-19 se lo puso difícil. Nada definitivo para un mito del balonmano que eligió su último baile. Y será olímpico.

Mario D. Braña

En marzo de 2020, recién iniciado el confinamiento por el covid-19, Raúl Entrerríos ponía voz a los miles de deportistas que afrontaban la posibilidad de cancelación de los Juegos Olímpicos de Tokio: “No quiero ni pensarlo”. El gijonés se resistía a la idea de cerrar su carrera deportiva sin una tercera cita olímpica, que se había ganado al frente de una selección dispuesta a hacer historia. Porque, después de festejar títulos mundiales y europeos, el oro olímpico sería la guinda para el equipo y la consagración para el gijonés.

Ahora que ya tiene a Tokio a la vista, al menor de los Entrerríos le gusta recordar su primera vez olímpica: “Los Juegos de Pekín significaron cumplir un sueño. Fue muy grande por todo: conocer la ciudad, la ceremonia de inauguración, la villa olímpica, compartirlo con mi hermano Alberto... Fue muy diferente a otros campeonatos. Y, además, lo cerramos con el premio de una medalla, así que todo perfecto”.

Cuatro años después, en Londres, la otra cara de la moneda: “El objetivo de España es estar siempre en la lucha por las medallas y en 2012 no pudimos. Tuvimos un cruce de cuartos muy difícil contra Francia, la selección más fuerte en ese momento, y perdimos por un gol en el último segundo. Fue duro porque habíamos trabajado mucho teníamos muchas ilusiones”. Al menos pudo compartir la experiencia con su mujer y su hijo, pero tiene claro el balance: “Pekín puso el listón muy alto”.

Peor fue lo que pasaron Entrerríos y sus compañeros cuatro años después: “Todos teníamos señalado Río 2016 en nuestro calendario. En el ciclo olímpico no habíamos bajado de los cuatro primeros, pero en el preolímpico nos quedamos fuera por una derrota, otra vez por un gol. Es algo que te deja hecho polvo. Fue duro aceptar que nos quedábamos en casa y que teníamos que ver los Juegos por televisión”.

Pasado el luto, “Los Hispanos” iniciaron una etapa de éxitos, con dos oros en europeos y un bronce mundial: “Nos centramos en ir año a año, en conseguir lo mejor cada campeonato y en clasificarnos directamente para los Juegos”. Logrado ese objetivo, Entrerríos afrontó un nuevo obstáculo en la recta final de su carrera: “Lo peor de la pandemia fue la incertidumbre. Fue difícil de asimilar, pero sentí la necesidad de luchar por estar por última vez con la selección”.

Le ayudó la comprensión del Barcelona, que alargó un año su contrato como jugador: “Quería acabar mi carrera en el Barça y el club siempre mostró la mejor predisposición. Pero era una situación extraordinaria y había que encajarlo todo para la formación de la plantilla”. Así fue y el balance de este 2021 es, de momento, extraordinario: “Ganar los seis títulos con el Barça tiene mucho mérito en una temporada muy compleja. Mi tercera Champions y el bronce en el Campeonato del Mundo, en un año que no estaba previsto en mi carrera, es extraordinario”.

Aunque ha tenido que jugar la mayoría de los partidos a puerta cerrada, Raúl Entrerríos ha sentido el respeto y la admiración en sus últimas visitas a las canchas de la Liga Asobal y de la Champions. Pero, a diferencia de otros mitos del deporte en retirada, su aportación no ha sido testimonial. Pese a eso y sus 40 años, el gijonés asegura que llegará bien físicamente a los Juegos: “Estamos trabajando para recuperarnos, al mismo tiempo que nos preparamos para el objetivo en Tokio”.

Sabe que, por las circunstancias, el desarrollo de los Juegos japoneses será muy diferente a los dos que vivió. “Lo tenemos asimilado porque llevamos mucho tiempo jugando en circunstancias especiales. En Tokio habrá más controles y menos vida que en otros Juegos, pero nuestra prioridad es competir”. Espera, eso sí, disfrutar de la ceremonia inaugural: “Las dos en las que estuve fueron muy emocionantes, por compartir con toda la delegación ese momento y el ambiente festivo que se crea”.

Pablo Carreño, en un partido de Copa Davis con España. | SUSANA VERA / REUTERS

A los 30 llega lo mejor: Pablo Carreño vivirá en Tokio unos Juegos Olímpicos con los que soñaba desde niño

Tras quedarse fuera en 2016 y el aplazamiento del año pasado, Pablo Carreño vivirá en Tokio unos Juegos Olímpicos con los que soñaba desde niño

Mario D. Braña

En 2016, Pablo Carreño ya estaba instalado en la élite mundial del tenis, pero el gran nivel en España y las reglas del olimpismo le dejaron fuera de los Juegos de Río de Janeiro. Resignado, el asturiano pensó que cuatro años después tendría su oportunidad en Tokio, y así será, aunque con uno de prórroga por la pandemia, que aplazó la cita japonesa. No solo estará en Tokio, sino que será el cabeza de cartel de la Armada española por la renuncia de Rafa Nadal y Roberto Bautista. Y lo hace con la ilusión del guaje gijonés que veía los Juegos por televisión.

Pablo Carreño ya ha pasado por los grandes templos del tenis mundial (Roland Garros, Wimbledon, Nueva York y Melbourne), incluso se ha sentido protagonista al alcanzar dos semifinales del Grand Slam en Estados Unidos, pero el gijonés se aproximaba a la treintena sin cumplir su sueño olímpico, ese que le desvelaba desde niño, literalmente. No pudo ser hace un año por la pandemia del covid-19, que mantuvo la incertidumbre sobre la celebración de los Juegos de Tokio hasta hace unas semanas. Despejada la incógnita, Carreño cuenta las horas para su debut olímpico, tanto en la modalidad individual como en la de dobles, con el malagueño Alejandro Davidovich como compañero.

El resto del equipo español de tenis que competirá en los Juegos de Tokio a las órdenes del capitán Sergi Bruguera, condicionado por las renuncias de Rafa Nadal y Roberto Bautista, estará formado por Pablo Andújar y Roberto Carballés, en categoría masculina, y Garbiñe Muguruza, Paula Badosa, Sara Sorribes y Carla Suárez, en la femenina. Al margen de los individuales y de los dobles, en función del calendario Carreño podría ser inscrito en el dobles mixto.

Con 13 años, Pablo Carreño ya se pasaba horas y horas ante el televisor para empaparse de deporte, no solo del tenis, por el que se había decantado: “Mis primeros recuerdos de unos Juegos Olímpicos son los de Atenas 2004. Volvía del colegio y me ponía a ver todos los deportes porque me encantaban. En aquel momento disfrutar de unos Juegos en la televisión era un privilegio, así que ahora vivirlos en primera persona será cumplir uno de mis sueños”. Cuatro años después, cuando ya vislumbraba un futuro profesional con la raqueta, Carreño vivió también como espectador un momento imborrable: “En Pekín 2008 ya me dedicaba al tenis y me acuerdo de seguir todo el torneo. Tengo grabada en la memoria la final que ganó Nadal contra el chileno Fernando González. Fue un momento muy emotivo como seguidor del tenis y como español”. Sin opciones en Londres 2012, Carreño empezó a barruntar sus posibilidades olímpicas cuatro años después, aunque finalmente se quedó sin billete para Río de Janeiro.

“En aquel momento era el número 29 del mundo, pero tenía a cinco jugadores españoles por delante y solo había cuatro plazas”, señala el gijonés, que entiende el espíritu olímpico, que prima la participación de deportistas de todos los países: “Me dolió no poder ir a Río habiendo gente con peor ranking mundial que yo. Pero son las normas. Tener tan buenos jugadores en tu país tiene cosas positivas y otras veces estas que no lo son tanto”.

Ahora no solo estará entre los elegidos por méritos propios, sino que será el primer espada del equipo español que competirá en Tokio: “No creo que suponga una presión extra para mí. El tenis es un deporte individual, aunque es verdad que en unos Juegos Olímpicos juegas también por tu país. Que no estén Rafa y Roberto es una faena para el equipo español porque con ellos las opciones de medalla serían más altas, pero yo tengo que seguir haciendo lo mismo. Tengo que dar mi mejor versión para intentar subirme al podio”.

Pablo Carreño luchará por las medallas, aunque reconoce que las fechas no son las mejores para él: “Coincide con un momento de la temporada un tanto complicado, ya que se juega justo antes del inicio de la gira norteamericana, una época de la temporada que normalmente se me da bien. Aun así, los Juegos Olímpicos son una oportunidad única. No me lo he pensado en ningún momento. Espero hacer un buen papel. Va a ser complicado por el nivel que habrá en el cuadro de participantes, pero por ganas no será”.

Tras su paso por los torneos de Mallorca y Wimbledon, sobre hierba, y de Hamburgo, en pista rápida, Carreño se considera en condiciones de rendir en el torneo olímpico: “En este sentido, los tenistas tenemos cierta ventaja respecto a otros deportes, ya que mantenemos nuestro ritmo habitual de competiciones”. Y al margen de su resultado en Tokio, el gijonés está convencido de que no será su última experiencia olímpica: “Los próximos Juegos, los de París, serán ya dentro de tres años y espero estar allí porque tendré una edad que me permitirá estar todavía a un alto nivel”.

Como debutante, a Pablo Carreño le faltan referencias de cómo se viven unos Juegos Olímpicos al margen del aspecto deportivo: “Está claro que no van a ser unos Juegos como los anteriores, pero hay que intentar vivirlos de la mejor manera. Como es lógico, alguna restricción vamos a tener, como el hecho de no poder vivir en la villa olímpica con todos los deportistas o no poder ver otras competiciones. Pero estoy seguro de que será una experiencia que merece la pena y habrá que disfrutar de lo que se pueda”.

Sí que está resignado a perderse un momento cumbre de cualquier edición de los Juegos Olímpicos, la ceremonia inaugural, especialmente el desfile, con lo que sueñan todos los deportistas participantes por su simbología: “No sé lo que dirán los técnicos, pero es el día anterior a que empiece nuestro torneo y son muchas horas de pie. Si pudiese iría encantado, por supuesto”.

Aunque siempre le ha tirado más el tenis, Pablo Carreño se declara un apasionado de todos los deportes. Por eso asegura que durante su estancia en Tokio “me gustaría ver de todo. Si por mí fuera estaría el mes entero de los Juegos viendo las competiciones de los españoles para animarlos y que saquen el mayor número posible de medallas”. Lo que espera él, tras celebrar ayer su 30.º cumpleaños, es estar hasta el final en el torneo de tenis, en los partidos por la medalla de oro, previstos para el viernes 30 en dobles y para el domingo 1 de agosto en individual, ambos programados para las 4 de la mañana, hora española.

Saúl Craviotto, en Trasona. | Miki López

Craviotto, el catalán de Gijón que quiere poner el broche de oro en Tokio

El palista busca una medalla en Tokio para igualar a Cal como español más laureado en unos Juegos Olímpicos

Xuan Fernández

“¿Ser abanderado de España en unos Juegos Olímpicos? Es un momento irrepetible y que queda grabado en la memoria de cualquier deportista. Él se lo merece”. Habla Herminio Menéndez, la leyenda asturiana de los Juegos Olímpicos: tres veces medallista y abanderado en Moscú 1980. Y habla sobre Saúl Craviotto –catalán de nacimiento y asturiano de adopción–, el piragüista que portará la bandera de España en los juegos de Tokio junto a la nadadora Mireia Belmonte. “Ya me puedo retirar tranquilo”, dijo el palista cuando conoció que él era el elegido. “Para un deportista como yo lo máximo es ir a los Juegos, sacar medalla y el techo es representar a tu país portando la bandera de España. Soy el hombre más feliz del mundo”, incidió. Craviotto afronta un momento clave. Un sueño.

Llega a la importante cita con 36 años y el hambre de ganar intacta. Los de Tokio serán sus cuartos Juegos Olímpicos y los idóneos para poner el broche (de oro) a una carrera por todo lo alto: dos oros (Pekín 2008 y Río de Janeiro 2016), una plata (Londres 2012) y un bronce (Río de Janeiro 2016). Si consigue al menos una medalla, igualará las cinco del palista David Cal. Ningún deportista español tiene más. Si consigue dos, le superará. Los que le conocen le ven capaz de hacer eso y más. Todavía no ve el fin a su carrera e incluso intentará llegar a París 2024.

“A Saúl le veo con la ilusión y las ganas de siempre. Ha trabajado mucho esta temporada y aunque por edad ya el año pasado podía llegar justo, me consta que ha entrenado muy fuerte y que está preparado para conseguir sus metas”, cree Menéndez. Dicen los cercanos a Craviotto que su concentración es máxima. Que volver con una medalla es una prioridad tras una etapa marcada por el covid que puso el planeta patas arriba e hizo sufrir a los deportistas. Craviotto, que es policía nacional en Gijón, se reincorporó a su puesto durante la peor parte de la pandemia y dejó de lado los entrenamientos.

“Hay que centrarse en la salud, que es lo importante”, dijo entonces. Tampoco lo ha pasado especialmente bien el piragüismo, pandemia aparte. La polémica del pasado marzo durante las clasificaciones tras las acusaciones de amaño por parte del expresidente de la Federación Española, Juan Román Mangas, respaldado por el piragüista Carlos Garrote, golpearon con fuerza en Trasona y provocaron un importante cisma que todavía se está solucionando. Dicen que Craviotto ni quiere oír hablar de eso. Se centra en la piragua y además tiene muy claro dónde apostar por todo. El piragüista competirá en K-4 500 metros y en K-1 200, aunque su prioridad es la primera modalidad. Marcus Cooper, Carlos Arévalo y Rodrigo Germade serán los palistas que acompañen a Craviotto. “Forman un buen equipo y están preparados para dar alegrías. Saúl llega en un gran momento de su carrera”, comenta Herminio Menéndez, que explica lo que supone para un deportista estar en unos Juegos Olímpicos. “Tienen un aura especial porque son cada cuatro años. Un campeonato de Europa es anual. Pero sobre todo son diferentes por la visibilidad que le dan a los deportes minoritarios”.

Craviotto sabe bastante de visibilidad y en la actualidad bromea diciendo que es más conocido por haber ganado el popular concurso de televisión “MasterChef” que por la piragua. Recientemente fue portada de la revista “Men’s Health”. Posó sin camiseta sujetando un remo pensando en su reto: volver con un oro.

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