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El legado de Pablo Carreño

“Queremos tener su juego y su clase”, destacan los niños que trabajan en el Grupo Covadonga para emular al tenista asturiano

Por la izquierda, Tomás Eguía, Pablo López, André Argüeso, Ignacio Díaz, Ignacio Rugarcía, Juan García, Juan Fernández, Jorge García, Diego García, Samuel Rubio y Pablo González, ayer, en una pista de tenis del Grupo Covadonga.

Por la izquierda, Tomás Eguía, Pablo López, André Argüeso, Ignacio Díaz, Ignacio Rugarcía, Juan García, Juan Fernández, Jorge García, Diego García, Samuel Rubio y Pablo González, ayer, en una pista de tenis del Grupo Covadonga.

“No solo me gustaría ser como él en cuanto a jugador, sino también como persona”. Samuel Rubio tiene doce años, pero tiene claro quién es y qué ha hecho Pablo Carreño. Rubio al igual que su ídolo hizo años atrás, aprende el deporte de la raqueta en la escuela de tenis del Grupo Covadonga. Hoy, Carreño, tras conseguir este pasado domingo su primer torneo ATP 500 en Hamburgo, es el número once en el ranking que clasifica en orden a los mejores tenistas del mundo.

Ayer, en las pistas de tenis de las instalaciones de la entidad, los alumnos del Grupo Covadonga se preparaban para disputar el II Torneo ABANCA, con la imagen aún en la cabeza de Carreño levantando el trofeo en la ciudad alemana. Allí, en la academia, prácticamente todos habían visto la final que el tenista asturiano disputó el domingo ante el serbio Krajinović. “Estoy orgulloso de Pablo, creo que jugó muy bien, supo jugar con agresividad, pero también con cabeza”, analizó el joven Juan Fernández.

“Hizo muy buenos puntos”, añadió su compañero Juan García. “Hizo un juego muy completo”, apuntó también Samuel Rubio. Juntos comentaban la anécdota de que el próximo trofeo de Hamburgo será una representación mediante líneas amarillas del último punto que el tenista asturiano realizó en la pista y le dio su mayor éxito individual hasta la fecha. Pero, con 30 años recién cumplidos y en el mejor momento de su carrera, sus aficionados quieren más logros y trofeos, que pueden no tardar en llegar. Con los Juegos Olímpicos de Tokio a la vuelta de la esquina, los niños ambicionaban sobre qué papel tendrá el deportista en esta gran cita. “Si juega como él sabe, posiblemente llegue al podio”, vaticinó Pablo González, raqueta en mano como el resto. “Si juega al nivel que demostró en Alemania tiene altas posibilidades de llegar a medallas”, añadió Rubio.

“Pablo es muy muy buen jugador, si juega lo mejor posible, que es lo más probable porque está a muy buen nivel ahora mismo, yo creo que llega fijo a las tres primeras posiciones”, finalizó la “porra” Juan González con un veredicto final: confianza plena en las posibilidades de Carreño en Tokio. En lo que todos también estaban de acuerdo, y así lo expresaron uno por uno, es en el orgullo que sienten de ver a un jugador salido del Grupo Covadonga en la élite del tenis profesional.

“Cuando vi el final de su partido el pasado domingo me di cuenta que para nosotros es un honor tener un representante del Grupo que está entre los mejores del planeta”, apuntó con brillo en los ojos el pequeño Samuel Rubio.

“Ver a alguien de mi club que está consiguiendo estos logros es una pasada”, agregó Pablo González. Carreño les ha abierto un camino en el que se pueden permitir soñar a poder llegar donde él ha llegado. Desde su en el panorama tenístico, la afición por este deporte en Asturias se ha incrementado y ya son muchos los niños y niñas que se compran una raqueta y tratan de emular los logros del gijonés. Pero lo más llamativo es que cuando estos chicos hablan de su ídolo, no solo glorifican su gran juego, sino que ponen su personalidad en la misma balanza. “Yo sí que querría llegar a ser como él porque en la pista muestra valores como el respeto hacia el rival, si pierde un punto no se queja, lo aplaude y demuestra educación”, afirmó Juan Fernández. Juan García tenía claro que tiene vocación de tenista y que, si se tiene que parecer a alguien, “que sea a Pablo”. “A parte de como jugador, me gustaría tener dentro de la pista tanta clase como él. Además, le hemos conocido y es una persona muy amable y nos dio muy buenos consejos”, argumentó Rubio.

Y es que Pablo Carreño, pese a estar rozando la cima del tenis, no se olvida de sus orígenes y ha vuelto al Real Grupo de Cultura Covadonga en varias ocasiones a recibir reconocimientos por parte de la institución y a pasar tiempo con las nuevas generaciones. La última declaración, la de Pablo González, resume un poco lo que significa su figura para ellos. “Aún no se si quiero ser tenista profesional, no lo tengo decidido, pero lo que sí sé es que quiero ser cómo él”, sentenció tajante un representante del legado de Carreño.

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