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Un bronce olímpico es para siempre: la crónica del triunfo de Carreño, desde Asturias

El asturiano logra el mayor triunfo de su carrera tras dominar a Novak Djokovic en tres sets

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Pablo Carreño, raqueta en mano desde niño: todas las fotografías de su trayectoria

Lo había rozado por dos veces en Nueva York y disfrutó del éxito colectivo con el equipo de Copa Davis, pero Pablo Carreño no tuvo dudas a la hora de valorar la victoria frente al tenista número 1 del mundo, Novak Djokovic: “Es el mayor logro de mi vida, algo increíble”. Se lo empezó a creer poco a poco, después de lanzarse al suelo y llevarse las manos a la cara, tras provocar el último fallo de Djokovic. De recibir la cariñosa felicitación del serbio, que le esperó pacientemente en la red. De abrazar a su entrenador, Samuel López; al capitán del equipo, Sergi Bruguera; y al médico eterno de la Federación Española, Ángel Ruiz Cotorro. Y de soltar toda la tensión acumulada durante la semana y las casi tres horas de partido, llorando junto a su banquillo. Todo eso estaba justificado porque, como con los diamantes, una medalla olímpica es para siempre. Y ya nadie le podrá quitar a Carreño su bronce.

Djokovic, ayer tras su derrota ante Carreño

Pablo Carreño empezó a ganar el partido por el tercer y cuarto puesto minutos después de caer en su semifinal con Karen Khachanov. En vez de darle vueltas sobre la gran oportunidad perdida de asegurarse al menos una plata, el gijonés sacó su lado más positivo y advirtió: “Si me vengo abajo y doy por finalizado el torneo está claro que perderé frente a Djokovic”. No fue solo una declaración de intenciones. Trasladó a la pista central del Ariake Park de Tokio la táctica que debía de conducirle al éxito frente al casi siempre inabordable Djokovic. No le dio respiro desde que se puso en juego la primera bola.

No le importó la frustración del día anterior, ni la sorpresa de encontrarse con el número 1 del mundo en lugar de con el 5, Alexander Zverev, ni con una estadística que le daba pocas opciones: cuatro derrotas frente a Djokovic y una victoria por descalificación del serbio en el Abierto de Estados Unidos de 2020. Tampoco el cansancio porque, a diferencia de la noche anterior a medirse con Khachanov, “he dormido toda la noche como nunca, de un tirón”.

Así que a las 3 de la tarde en Tokio, las 8 de la mañana en España, apareció en la pista el Carreño pletórico que había arrasado a Medvedev, no el que fue anulado a raquetazos por Khachanov. Fresco físicamente y con la actitud que le exige siempre su entrenador, Samuel López: “A Pablo le digo siempre que la vida es para valientes y al éxito hay que ir a buscarlo. Se lo ha ido creyendo y ahora se ve verdaderamente capaz”.

No tardó en llegarle el premio a tanto atrevimiento. Rompió el tercer servicio al de Belgrado, visiblemente descontento con su actuación, y a punto estuvo de rompérselo una segunda vez en su quinto saque, en el que Djokovic cometió dos dobles faltas y Carreño tuvo dos puntos de set, pero finalmente se lo llevó defendiendo su saque y tras remontar un 15-40 que remató con un saque directo.

No era un escenario desconocido para Pablo Carreño, que también había ganado el primer set de su último enfrentamiento con Djokovic, en los cuartos de final de Roland Garros 2020. Después llegó la reacción de Nole (6-2, 6-3 y 6-4), en la línea del número uno del tenis mundial. Unos precedentes que pesaron en el ánimo del gijonés porque, tras un segundo set igualado, cedió en el “tie-break”. Por un momento, Carreño tuvo dudas. Pero las despejó con fortaleza mental y un gran tenis que le permitió ponerse 3-0 arriba. Djokovic, que había mantenido el tipo hasta ese momento, reaccionó a la pérdida del primer juego, tras desperdiciar tres ventajas, arrojando su raqueta a las gradas.

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Pablo Carreño, raqueta en mano desde niño: todas las fotografías de su trayectoria LNE

No sería la única reacción destemplada del volcánico Djokovic, que increíblemente no fueron castigadas por el juez de silla. “Parece que las reglas son difíciles de aplicar cuando juegas contra el número uno del mundo”, reflexionaría después Carreño. En cualquier caso, mientras el gijonés se mostraba cada vez más convencido de su juego, Djokovic sufría y daba la sensación de estar tocado físicamente. Como tantas veces, no lo suficiente para dejarse ir. Así que Carreño tuvo que ganarse a pulso la medalla de bronce.

Defendió todos sus servicios para conservar la ventaja y se vio obligado a desplegar su mejor juego para cerrar el partido. Porque hasta cuatro veces respondió Djokovic a las bolas de partido que se fue ganando el gijonés con un juego y una determinación extraordinarias. La victoria y la medalla de bronce estuvieron en el alero porque una rotura hubiese llevado el partido a un escenario muy conocido para el serbio, acostumbrado a batirse al límite en los momentos de mayor tensión.

Pero esta vez Carreño no iba a dejar escapar la gran oportunidad de dar un salto de calidad en su carrera. Apoyado en un servicio potentísimo, que minimizó al mejor restador del circuito, el asturiano llevó casi siempre la iniciativa. Y también supo defenderse con bravura y piernas cuando Nole apretaba los dientes. Hasta que llegó el momento más esperado de su carrera, en plena madurez deportiva, con 30 años. Una sensación de plenitud que le permitió afrontar con garantías la responsabilidad de liderar el equipo español, tras las renuncias de Rafa Nadal y Roberto Bautista. Cerró así un mes de julio fantástico, tras ganar en Hamburgo, sobre tierra, el primer torneo ATP 500 de su carrera. Fue el día 18, con el tiempo justo de subirse a un avión para llegar a Tokio y competir sobre cemento.

Hoy, tras la final por el oro que disputarán Zverev y Khachanov, Carreño se convertirá en el quinto tenista español que se sube al podio para colgarse una medalla olímpica en el torneo individual. Le precedieron Jordi Arrese (plata en 1992), Arantxa Sánchez Vicario (bronce en Barcelona y plata en Atlanta 1996), Sergi Bruguera (plata en Atlanta) y Rafa Nadal (oro en Pekín). Precisamente viendo la final de 2008, un Pablo Carreño con 17 años recién cumplidos empezó a soñar con ser protagonista algún día en los Juegos Olímpicos. Ayer lo consiguió a lo grande, al ganarse un bronce que llevará su carrera a otra dimensión. Porque una medalla olímpica es para siempre.

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