Pablo Carreño ya luce con orgullo su medalla de bronce. El tenista alemán Alexander Zverev se colgó este domingo la medalla de oro en la categoría individual masculina de los Juegos Olímpicos de Tokio, tras imponerse al ruso Karén Khachánov por dos sets a cero (6-3, 6-1) en una hora y 19 minutos.

Tras el partido, los tres tenistas subieron al podio para colgarse las medalla después de dos partidos vibrantes en el que la emoción y el buen tenis fueron sin duda los grandes protagonistas.

Lo había rozado por dos veces en Nueva York y disfrutó del éxito colectivo con el equipo de Copa Davis, pero Pablo Carreño no tuvo dudas a la hora de valorar la victoria frente al tenista número 1 del mundo, Novak Djokovic: “Es el mayor logro de mi vida, algo increíble”. Se lo empezó a creer poco a poco, después de lanzarse al suelo y llevarse las manos a la cara, tras provocar el último fallo de Djokovic.

De recibir la cariñosa felicitación del serbio, que le esperó pacientemente en la red. De abrazar a su entrenador, Samuel López; al capitán del equipo, Sergi Bruguera; y al médico eterno de la Federación Española, Ángel Ruiz Cotorro. Y de soltar toda la tensión acumulada durante la semana y las casi tres horas de partido, llorando junto a su banquillo. Todo eso estaba justificado porque, como con los diamantes, una medalla olímpica es para siempre. Y ya nadie le podrá quitar a Carreño su bronce.