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Juegos Paralímpicos

Tokio no era una quimera: Verónica Rodríguez, en los Juegos 3 años después de ser descubierta en la regata de chalanos de Soto del Barco

"Llegué aquí de casualidad; De repente, el remo se convirtió en mi pasión, comencé a entrenar... y ahora estoy en Japón”, señala la asturiana

Verónica Rodríguez.

Verónica Rodríguez.

Cualquier deportista pagaría por estar hoy, a las 13 hora española, en las entrañas del Estadio Olímpicos de Tokio para participar en la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos. Pero la asturiana Verónica Rodríguez y sus compañeros del cuatro con timonel prefieren sacrificar ese momento único para concentrarse en la competición. “Lo importante es lo importante y hemos llegado hasta aquí a base de mucho sacrificio”, explica Verónica Rodríguez Pulido (Soto del Barco, 1988), que puede explicar en primera persona cómo se pasa en tres años de la regata de chalanos en su pueblo a unos Juegos Paralímpicos. Su ambición es tan grande que, contradiciendo el lema olímpico, no se conforma con participar.

La carrera de Rodríguez Pulido es tan meteórica que ayer todavía no había pasado el reconocimiento médico para la clasificación de la discapacidad, requisito imprescindible para todos los participantes en unos Juegos Paralímpicos. “Es que hasta ahora solo participé en una regata internacional, el preolímpico de Gavirate, y ahí la valoración me la hicieron en una conexión por zoom”. Por eso es consciente de su singularidad, aunque lo considera un trámite porque los médicos de la villa olímpica han certificado la parálisis cerebral que sufre de nacimiento.

El Club de Remo Corvera le dio la oportunidad de pasar de una actividad más del programa de fiestas de Soto del Barco a unos entrenamientos planificados, que compatibiliza con su trabajo de vendedora de la ONCE y profesora de Educación Infantil. El siguiente salto lo dio hace justamente un año, cuando se echó por primera vez al agua en la concentración de la selección española. Pasó a formar parte de un barco, el cuatro con timonel mixto, que dio la sorpresa en el preolímpico del 5 de junio. No logró ninguna de las dos plazas que daba billete para Tokio, pero sí un tercer puesto que le dejaba como primera opción para completar los doce participantes en los Juegos.

Por eso, porque ella y sus compañeros (Enrique Floriano, Pepi Benítez, Jorge Pineda y Estibaliz Armendariz) están acostumbrados a romper pronósticos, no quieren ponerse límites en Tokio, aunque siendo conscientes de la situación: “La mayoría de nuestros rivales llevan cinco años preparándose para los Juegos, mientras que nosotros no supimos que íbamos a Tokio hasta hace mes y medio, cuando el Comité nos concedió la invitación”.

Esa premura de tiempo supone que en Tokio no puedan competir con su bote habitual, algo a lo que tampoco le da mucha importancia Verónica Rodríguez: “Siempre vamos con barcos prestados, pero al final eso nos hace mejores porque nos adaptamos a cualquier bote. Desde que llegamos a Tokio estamos intentando adaptarnos, pero cuesta porque cambian las medidas y tenemos que intentar estar lo más cómodos posible”.

En todo caso, nada comparado con lo que vivieron hace un año, en su primera concentración con el equipo nacional: “Éramos malísimos. No podíamos ni subirnos al barco porque volcábamos todo el tiempo. Este proyecto estaba enfocado de cara a los Juegos de París 2024, pero evolucionamos tan rápido que aquí estamos, en Tokio”. Y, pese a las peculiaridades de estos Juegos, encantada: “Solo salimos de las habitaciones para ir al comedor o al campo de regatas. La organización es impresionante, con unas medidas de seguridad asombrosas”.

Con la decisión casi tomada de renunciar a la ceremonia inaugural, los remeros del cuatro con timonel español intentarán aprovechar estos tres últimos días para afinar su preparación de cara a las primeras eliminatorias, en la madrugada del viernes en España. Conscientes de la dificultad de meterse en el final A, el objetivo es el séptimo u octavo puesto, diploma olímpico. Y, pese a las horas, Verónica Rodríguez sabe que tendrá el apoyo de los suyos: “Me ilusionan muchísimo los ánimos que recibo desde Soto del Barco. Llegué aquí de casualidad porque no tengo una trayectoria enorme. De repente, el remo se convirtió en mi pasión, comencé a entrenar... y ahora estoy en Tokio”.

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