Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Árbitras en ascenso: Romina Marchiano y María González, pioneras asturianas en pitar partidos en categorías de la federación española

“El ascenso me pilló por sorpresa porque hay pocas plazas”, señala una de las ascendidas

Romina Marchiano. | Carlos Torío

Romina Marchiano. | Carlos Torío

Dos asturianas, Romina Marchiano Ucelli y María González Busto, asoman la cabeza en la escalera hacia la elite del arbitraje del baloncesto español. Son pioneras porque Marchiano dirigirá partidos de la LEB Plata masculina y la Challenge femenina, mientras que González arbitrará hasta Liga EBA (masculina) y en Liga Femenina 2. Las dos han ascendido muy rápido, en siete y cinco años, respectivamente, y dada su juventud no descartan seguir escalando, aunque tengan que conciliar su afición con sus trabajos.

Romina Marchiano nació en San Clemente, una localidad del Gran Buenos Aires, en 1996, pero desde 2001 vive en Gijón, donde se trasladó su familia huyendo del “corralito” que hundió la economía argentina. Desde su llegada jugó al baloncesto en los equipos de su colegio, el Inmaculada, hasta que con 18 tuvo que tomar una decisión: “Tenía que buscar un club para seguir jugando y no estaba lo suficientemente motivada. Como no quería desvincularme del baloncesto, me apunté a un curso de oficiales de mesa y de árbitros”.

Árbitras en ascenso

Empezó a pitar desde la base, los campeonatos escolares, hasta que el ascenso a categoría nacional puso a Marchiano en el escaparate: “Empecé a ir a torneos autonómicos, donde van técnicos de la Federación Española para valorar los arbitrajes”. Sus actuaciones le llevaron a arbitrar en la Liga EBA durante tres temporadas y ahora ha llegado el salto al denominado grupo segundo de la Federación Española. Eso le permitirá dirigir partidos de la tercera categoría masculina, la LEB Plata, y de la segunda femenina, denominada Challenge, creada este año como intermedia entre la Liga Endesa y la Liga Femenina 2.

Árbitras en ascenso

Su rápido ascenso despeja las dudas sobre una posible discriminación a las mujeres, que ella descarta en todos los aspectos: “Nunca tuve problemas con el público, ni con entrenadores ni jugadores. Como anécdota, lo único que recuerdo es cuando en un campeonato de España un espectador se pasó el partido llamándome señorita”. También se ha sentido cómoda con los árbitros hombres: “Suele haber mucho compañerismo”.

Según Romina Marchiano, la escasez de mujeres árbitros (unas veinte en Asturias) se justifica “porque se ve el baloncesto como un deporte muy masculino. Pero se está notando una evolución y hemos creado un grupo solo de chicas para organizar charlas y reuniones”. Asegura que prefiere arbitrar partidos masculinos “porque es un baloncesto más rápido, más físico”, pero también le ilusiona la Liga Challenge “porque tiene muchos equipazos”. Todo ello sin descuidar su trabajo en un gimnasio. “Tengo bastante libertad para organizarme los entrenamientos y para pitar partidos los fines de semana”.

Un escalón más abajo está María González Busto (Pola de Lena, 1997), que asciende a categoría FEB, lo que le permitirá dirigir partidos de Liga EBA masculina y de Liga Femenina 2. Y eso solo cinco años después de iniciarse en el arbitraje: “Jugaba al baloncesto, pero en un entrenamiento me rompí la nariz y perdí la motivación. En enero de 2017 hice el curso y en febrero dirigí mi primer partido”.

Dos años después ya pitaba en el campeonato de minibasket de selecciones autonómicas, en junio de 2021 el campeonato junior femenino y hace un mes le llegó la buena nueva del ascenso. “La verdad es que no me puedo quejar, pero es que me gusta implicarme y hacer las cosas bien”. Y eso que tuvo un momento de debilidad: “Fue un año que me costó compaginarlo con la carrera de Ingeniería, pero gracias a la gente del baloncesto decidí seguir”. Ahora tiene un trabajo de seis horas, cursa un máster y progresa en el arbitraje.

“El ascenso me pilló por sorpresa porque hay pocas plazas”, reconoce. Su objetivo inmediato es “llegar donde está Romina”, con la que coincide en su preferencia por los partidos masculinos: “Por nivel de juego y por físico”. Espera contribuir a la expansión del arbitraje femenino, “que en los últimos años está creciendo”. Tampoco se ha sentido nunca menospreciada en una cancha por ser mujer e incluso va más allá tras sufrir las limitaciones por la pandemia: “Echo de menos al público”.

Compartir el artículo

stats