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Montañismo | Semana “Ciudad de Oviedo”

Los rayos que cambiaron la vida de Miguel Ángel Ledesma: su relato sobre la trágica muerte de su amigo Nani en Peña Santa de Castilla

En “Relato de una desilusión”, Gelo recordó el fallecimiento del montañero

Miguel Ángel Ledesma, antes de su ponencia en la Semana de Montañismo “Ciudad de Oviedo”. | Víctor Alonso

El 29 de agosto de 1974 marcó la vida de Miguel Ángel Ledesma Rubio, “Gelo” (León, 30 de octubre de 1953), porque un día de fiesta acabó en tragedia tras alcanzar la cumbre de Peña Santa de Castilla junto a sus amigos Hernán Llanos, “Nani”, y José Carlos González, “Charly”. Mientras tomaba una foto a sus compañeros, dos rayos alcanzaron de lleno a Nani, que murió en el acto. El golpe fue tan duro que, al margen de otros condicionantes personales y familiares, Gelo tardó 25 años en volver a las montañas. Ayer contó la experiencia en la Semana de Montañismo “Ciudad de Oviedo” con un título significativo: “Relato de una desilusión”.

“Era un día típico de verano, empezamos la escalada con buen tiempo, pero cuando íbamos por la mitad la cosa empezó a ponerse seria”, explica Gelo sobre aquel intento por la vía de la Canal del Pájaro Negro, cuatro años después de su primer contacto con la montaña, en León. “En un primer momento no tuvimos miedo, incluso hicimos bromas. Y como no podíamos dar marcha atrás decidimos seguir y acabar la vía. Cuando coronamos, Nani se puso a hacernos una foto y le alcanzaron dos rayos”.

“Nosotros estaríamos a cuatro metros y nos tiró para atrás”, añade Gelo, al que todavía le tiembla la voz cuando fue a ayudar a Nani: “Le salía humo por el casco y tenía un agujero en la bota. El rayo atravesó su cuerpo de arriba abajo”. Pese al choque emocional, Gelo y Charly fueron conscientes de que tenían que reaccionar con rapidez: “Tuvimos que abandonar todo el material, entre el que había mucho hierro, y empezar el descenso con lo puesto. Yo iba con manga corta y pasamos la noche al borde de unos precipicios, muy juntos, para darnos calor”.

A la mañana siguiente, con poca visibilidad, unos jitos (montones de piedra que dejan los montañeros para orientarse) les sirvieron para encontrar el camino. Con congelaciones en los dedos, Gelo y Charly sufrieron para llegar al refugio donde habían dejado el coche, desde donde se trasladaron a Oviedo y se puso en marcha el rescate: “Se formó una brigada con gente conocida de la montaña y tardaron un par de días en recuperar el cuerpo de Nani”.

Con secuelas físicas, “y mentalmente muy impresionado”, Gelo se alejó del montañismo durante 25 años, aunque no solo por la tragedia de Peña Santa de Castilla. “Me acababa de casar y también empecé a tener muchos problemas de espalda, pero seguí haciendo senderismo”. Hasta que en el año 2000, junto a su mujer, Ludi, sus hijas y su yerno Santiago Cuervo “desempolvé el hacha de guerra. En los diez años siguientes hicimos muchas cosas. Con Ludi, ocho vías distintas en el Urriellu. Y con Santiago, que ahora está en la elite de la escalada en Asturias, fui a los Pirineos y los Alpes”.

Pese a que ha subido al Naranjo de Bulnes más de veinte veces, por catorce itinerarios diferentes, la montaña preferida de Gelo es Peña Santa, incluso cuando rememora, como ayer en el Palacio de Congresos del Calatrava, lo que ocurrió en aquel verano del 74. Pero no solo allí: “Siempre que voy a la montaña me acuerdo de Nani”.

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