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San Silvestre de Oviedo: Surfeando en la ciudad

La sexta ola del covid-19 no frenó la masiva prueba de la capital, con muchas mascarillas pero sin distancia de seguridad | Patricia Álvaro logra el triunfo cuatro años después de su debut

Momento de la salida de la prueba absoluta en Oviedo, en la calle Uría. | Irma Collín

Sonaba Julieta Venegas con su pegadiza canción “Limón y sal” minutos antes de que la tan esperada por muchos carrera absoluta de la San Silvestre de Oviedo 2021 diera la salida. Decía su letra: “Yo te quiero tal y como estás. No hace falta cambiarte nada. Yo te quiero si vienes o si vas, si subes, si bajas o si no estás”. Que sirve lo mismo para cantarla a una pareja, al equipo del que uno es seguidor o a la misma carrera de San Silvestre. Una edición que estaba en el aire con la sexta ola. Y, quizá por ello, nadie mejor para divertir y hacer equilibrios sobre las olas que los “Beach Boys”, que aunque parezca un sueño tocaron en Oviedo en el viejo Carlos Tartiere. Una prueba que surfeaba para no ser engullida otra vez por otra temida ola, como la de 2020.

“Tened cuidado con lo que soñáis porque a veces los sueños se cumplen”, sostenía Mohamed Bakkali (Real Sociedad) desde sus redes sociales, vencedor de la edición de 2021, aún emocionado tras conquistar Gijón y Oviedo. Un sueño hecho realidad. Tal como el que vivió Patricia Alvarez Pérez (Universidad), vencedora femenina por primera vez, que acompañaba a las carreras a su hermano Víctor, atleta que fue del Universidad y Recta Final. Ella debutó en una San Silvestre hace cuatro años, hoy tiene 21 y le parece un sueño ganarla.

El “3, 2, 1, go!” a viva voz de la concejala de Deportes ovetense ponía en marcha el pelotón para que las calles carbayonas estuvieran –según los ojos de quien los observara– “infestadas o infectadas” de corredores. La prueba acababa en el Campoamor y ya se sabe la famosa frase del naviego que da nombre al teatro ovetense: “En este mundo traidor nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

Muchas mascarillas, gran aglomeración y, por imposibilidad manifiesta, distancia de seguridad poca o inexistente entre los muchos participantes, mil quinientos, que no habían dado la espalda a la carrera por el covid. Y uno de ellos dispuesto a igualar un récord, pero este no de los temidos positivos, sino el de lograr el doblete Gijón-Oviedo, como hicieron Bruno Toledo y Marcos Peón, dos playos. Bakkali ejercía con su corazón de Siero, su nacimiento en Tánger y su camiseta de la Real Sociedad, dos ciudades con playa de “beach boy”. Él podría tararear aquel “Wouldn´t it be nice”, que vendría a ser si no sería genial despertar por la mañana abrazado a los trofeos de las San Silvestre de Gijón y Oviedo. Y es que en 2018 había claudicado ante Alberto Suárez Laso, que en esta edición tomó la salida, pero no tuvo un papel relevante, en buena parte porque la distancia y los años en una prueba rápida pasan para todos, hasta para el modélico paralímpico. A Alberto Suárez y a su estrategia se refirió como clave para su derrota hacía tres años: “Si Onís y el grupo llega a imponer un ritmo muy fuerte inicialmente me hubiera quedado. Venía muy tocado de Gijón”. Alejandro Onís, el joven vencedor en 2019, dio la cara, pero su marcha no fue tan demoledora en el tramo que va desde el inicio de la carrera hasta el Auditorio, a menos de dos kilómetros de meta. Eso provocó que Moha llegara vivo a la parte más fácil, en llano o descenso, con lo que esto significaba ante un atleta rápido. Un tirón en la calle Pozos, a 500 metros de meta, decidía la carrera porque Moha controló a Onís y logró el ansiado doblete.

Tras ellos terminaban dos jóvenes como Diego Menéndez y Jaime Bueno, que por edad está llamado a ganar en Oviedo algún día. Onís lamentaba el segundo puesto, que no le servía de consuelo, y se mostraba satisfecho de su último tramo de temporada, que le había conducido a la internacionalidad sub-23 y a que se hubiera disputado por fin una carrera de estas características.

Por su parte, Patri Álvarez salía fuerte, como le caracteriza, e imponía una carrera lo suficientemente exigente para que la salense Noelia Menéndez (Ribadesella) tuviera que claudicar antes de la zona más dura de la prueba. Casi medio minuto las separaba en meta. El podio lo completaba, lejos de las primeras, Carla Fernández.

Y tras ellos miles de ovetenses, hombres y mujeres, cruzaban la línea de meta mientras los chips instalados en sus dorsales –y no los que algunos creen implantados en los vacunados– les daban sus tiempos en su camiseta. No dejaba de ser curioso que el evento lo patrocinara una empresa comercializadora de luz y gas. Ellos venían a estar practicando lo que muchas familias españolas piensan cuando ven su factura de la luz: salir corriendo.

Ya acababa la prueba, Bakkali se daba un abrazo con Juan Manuel Riesgo Vialás, el candidato derrotado por Adelino Hidalgo a la presidencia de la Federación Asturiana. Riesgo Vialás es el patrocinador principal en la camiseta del atleta de la Real Sociedad. En otro abrazo se fundió también cariñosamente con la vencedora, con la que comparte entrenador. Y es que cuando hablamos de celebraciones y victorias, ahí nunca hubo restricciones.

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