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A la élite de la millonaria UFC desde el barrio: esta es la historia del luchador Joel Álvarez

El asturiano, que pelea en artes marciales mixtas, lo tiene claro: “Me han tentado mil veces para que me vaya del Polígono, pero me da igual levantar 20 kilos en Gijón que en China; estar aquí me hace fuerte”

El luchador Joel Álvarez. Ángel Gonzalez.

“¿Salir del barrio? Me han tentado mil veces, pero estar aquí es lo que me hace fuerte”. Y mientras lo dice, convencido, señala a su alrededor, sentado en uno de los bancos en los que jugaba de pequeño. Joel Álvarez (Gijón, 1993) no sale del barrio, del Polígono de Pumarín, y el barrio tampoco sale de él. “Me da igual levantar 20 kilos aquí o levantarlos en China. Correr 10 kilómetros aquí o hacerlo en Miami. Esto no lo cambio por nada”, se reafirma.

Para los no instruidos: ¿Quién el Joel Álvarez? Un luchador de UFC, uno de los mejores del mundo, el 15.º si atendemos al ranking actual en peso ligero. La UFC es la mayor organización en MMA (artes marciales mixtas), una suerte de lucha que combina técnicas de distintos deportes de combate. Puñetazos, patadas, rodillazos, codazos, estrangulaciones, agarres… El deporte con mayor contacto y con un seguimiento masivo a nivel mundial.

Resumiendo, la UFC es el universo que iluminó para el gran público McGregor y que está valorado en más de 10.000 millones de dólares.

Joel Álvarez, en el colegio Rosario de Acuña. Ángel González

–¿Le paran mucho por aquí?

–¿En el barrio? Sí, pero es que aquí me conocen de toda la vida. Pero en el centro también. La gente me da muchos ánimos, me tratan como a un deportista, que es lo que soy. Últimamente las artes marciales mixtas tienen mejor prensa, más aceptación. Yo solo soy un deportista.

Joel llega a su cita con LA NUEVA ESPAÑA acompañado de dos amigos de toda la vida, Daniel López y Diego Fernández. “Los tres vivíamos aquí, cerca. Y en estos bancos echamos la infancia”, dice Joel. También entra en escena Susana Gabarri, otra clásica del Polígono. Joel, dicen los que le conocen, es el de siempre. “Aquí jugábamos al paredón, al bote, al escondite… A lo que fuera”, indica. Goku fue el ídolo de su infancia. Su destino estaba marcado.

Su historia en las artes marciales mixtas llegó con más retraso que el habitual. “No me metí en el gimnasio hasta los 18 años. Muy tarde”, enfatiza. ¿Antes? Sobre todo, fútbol. Jugó de central en el Lloreda y en el Manuel Rubio. “La sacaba limpia, ¿eh?”, aclara.

En el patio del colegio Rosario de Acuña, Joel comprueba la evolución. Cómo han cambiado las cosas. Hacía 12 años que no pisaba sus pistas, cuenta. Al instituto llegaba desde la casa de Fernando y María Jesús, sus abuelos, los que se encargaron de criarle, a 5 minutos del centro educativo, también en el Polígono. Fernando, que fue boxeador, falleció cuando Joel solo tenía 12 años.

–No me vio pelear; mi abuela, sí. De hecho, competí alguna vez en boxeo por ella, como homenaje a mi abuelo.

–¿Por qué las artes marciales mixtas?

–Jugaba mucho con mis amigos al UFC 2010 en la Play Station. Nos llamaba mucho. Además, veíamos videos de las peleas y tratábamos de imitar las llaves. Un amigo canario vino de vacaciones, hacía “vale tudo” (modalidad de combate brasileña) y le busqué un gimnasio para entrenar, el Tíbet. Probé junto a él y me enganché.

Las MMA aúnan diferentes disciplinas. Tiene parte de boxeo, también de kickboxing. Se puede pelear desde el suelo. Joel, dicen, es especialista en “grappling”, lucha cuerpo a cuerpo en el que se emplean técnicas de derribo. “Siempre me han dicho que soy un ‘grappler’, que sí, que lo soy. Pero no solo soy eso. Me pusieron la etiqueta porque arriba pego duro y los rivales prefieren ir al suelo cuando me tienen delante. Pero en la última pelea, él me esperaba abajo y lo aniquilé arriba”, matiza.

El gijonés se refiere al combate ante Thiago Moisés, que le precedía en el ranking, el pasado noviembre en Las Vegas. Joel le “aniquiló” a base de rodillazos, patadas y puñetazos: nocaut después de casi 3 minutos del primer round.

Al asturiano los combates se le dieron bien desde el principio. Pronto recibió el mote con el que es conocido en el mundillo: “el fenómeno”. “Decían, ‘este guaje es un fenómeno’. Y me quedó”, relata con sencillez. Aunque los tiempos de combates en Las Vegas y reconocimiento internacional no fueron inmediatos.

–¿Siempre vivió de esto?

–No, no. Trabajé de encofrador con mi hermano, de los 17 a los 18 años. Curraba y entrenaba. Trataba de arreglarme. Quedó la cosa parada en la construcción y yo tenía una pensión de orfandad de mi padre y tiré por el deporte. Empecé a trabajar de portero de discoteca, estuve 5 años, era el trabajo que mejor me permitía entrenar. Me dejaba la semana libre, el fin de semana era más jodido, pero había que apretar un huevo contra otro. Entre la pensión y el trabajo de portero tiraba para vivir y poder entrenar.

–¿Tuvo que hacer muchos sacrificios?

–Para mí no son sacrificios. Me dedico a lo que me gusta y estoy agradecido. UFC es hablar de lo máximo: me cuesta creer a día de hoy dónde estoy. Aunque sí hay que hacer esfuerzos. Las dietas, por ejemplo, sí me costaban. Ahora ya me he acostumbrado.

A la izquierda, Joel Álvarez, en el parque de Pumarín donde jugaba de pequeño, junto a Susana Gabarri, Daniel López y Diego Fernández. Ángel González

Joel se detiene en un asunto que le exige mucho. Que le exprime hasta el final: la báscula. El gijonés compite en peso ligero, por lo que, a la hora del combate, no puede pesar más de 70,3 kilogramos. “En condiciones normales, peso 85”, dice. La dieta milagro exige muchos sacrificios.

“Bajo 15 kilos antes de cada pelea. El problema es el efecto rebote, que cojo aún más. Tras el último combate llegué a 88”, relata. “No me obsesiono con el peso, sé que llego a tiempo”, añade. Lo más duro, la última semana, en la que con una recarga y posterior descarga de agua, el luchador llega a sacarse hasta 7 kilos de encima. “Es lo más doloroso”, reconoce. Todo por llegar al octágono.

–¿Qué es lo que más le gusta de su deporte?

–(Se lo piensa unos segundos). Pegarme.

–¿Nunca ha tenido miedo?

–Sí, a fallar. Muchas veces he pensado, “hostia, llevo 3 meses preparando esto a ver si lo voy a tirar todo por la borda”. Pero al rival o a hacerme daño, nunca les he tenido miedo. Lo tienes todo normalizado, es tu instinto, tu naturaleza.

El luchador Joel Álvarez. ANGEL GONZALEZ

–Dicen que siempre va al ataque.

–Es mi mentalidad. Yo no quiero buscar el control en el combate. Quiero salir a pegarme y que el árbitro se meta por medio porque si no al otro lo mato.

–¿Trabaja la mente?

–Llevo un par de año con un psicólogo deportivo, Alejandro Amigo. Me potencia esa mentalidad de hijo de puta que tienes que tener en la pelea.

–¿Duelen los golpes tanto como parece?

–En caliente, con la adrenalina, no. Luego, cuando acabas y vas a la ducha, te duele hasta los golpes que tú diste.

–¿El mejor momento?

–Cuando estás arriba con tu rival y te presentan como dos gallos de pelea y sabes que te vas a pegar con un tío. Está todo el mundo pendiente de ti y te sientes como un gladiador de la antigua Roma. Se te pone la piel de gallina. Solo por ese momento lo haría gratis.

Joel Álvarez está en pleno ciclo de entrenamientos, de 9 semanas de duración, de cara al combate que el próximo 26 de febrero disputará en Las Vegas ante el ruso (nacido en Armenia) Arman Tsarukyan, el 13.º del ranking actual de UFC. Un hueso. “Es un rival duro, con buena lucha, y como yo: joven y con un récord similar (los dos acumulan cuatro victorias consecutivas). Va a molar mucho”, indica el gijonés. Ahora toca semanas intensas, de sesiones dobles, para llegar listo a la pelea. “¿Mi objetivo? Seguir subiendo, seguir ganando. Mi meta es pelear con los mejores, para eso entreno todos los días” cierra el asturiano.

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