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Cómo el ajedrez rescató a una familia de la guerra

El entrenador de las cuatrillizas ucranianas que brillan en los tableros asturianos facilitó su huida al Principado

De izquierda a derecha, de arriba a bajo: Ivan Kondrasov, Vadim Prochieva, Elena Prochieva, Nina Prochieva, Alina Prochieva, Olga Prochieva, Tina Prochieva y Elizbieta Prochieva, en el polideportivo del CAU. | J. Sámano

"¡Quiero ser entrenadora de ajedrez!", responde convencida Alina Prochaieva cuando se le pregunta qué quiere ser de mayor. Alina (Kiev, 12 años) es una de las cuatrillizas fruto del matrimonio entre Elena y Vadim Prochaieva. A ella se suman las otras tres cuatrillizas: Tina, Olha y Yely; su hermana mayor, Nina; y su hermanastro, Ivan Kondrasov.

Las cuatrillizas, jugando. | J. S.

Alina, la menos pecosa de las cuatrillizas, también es la más habladora. La guerra contra Rusia de la que han huido no ha matizado la inocencia propia de su rostro bisoño. Esta refugiada ucraniana, que ejerce de portavoz oficiosa de sus coetáneas, ganó hace unos días el Campeonato de España sub-12 de ajedrez rápido. Ahora participa, junto a sus inseparables Tina, Olha y Yely, en el "Ciudad de Oviedo". Viven desde hace dos semanas en un hotel de la capital asturiana.

Vadim relata su peregrinaje hasta llegar a Oviedo con la ayuda del traductor del móvil. En su mirada apesadumbrada se intuyen los horrores de una guerra que interrumpió una vida, dice, "muy feliz". Y que desean poder retomar algún día. "Amamos Ucrania: queremos volver", afirma con la voz teñida de una honda melancolía.

Cuando estalló el conflicto, el pasado 25 de febrero, la familia se encontraba en Leópolis, ciudad fronteriza con Polonia. A partir de ahí emprenden un viaje insólito, de película, tan lleno de requiebros como fatigoso.

Decidieron escapar a Kiev porque, entendían, era un lugar "más seguro". Al día de llegar a la capital, las tropas rusas cercaron la ciudad: solo se podía salir por una carretera. Distribuidos en dos coches, los ocho miembros de la familia pusieron rumbo a Odesa, al oeste del país, localidad que a la postre sería una de las más castigadas por las bombas rusas.

"Fue terrible para las niñas", prosigue Vadim. Distribuidos en dos coches, alquilaban pequeños lugares para dormir durante un trayecto en el que tuvieron que lidiar incluso contra el coronavirus: casi todos se infectaron de ómicron antes de llegar a Odesa. Una vez en esta ciudad fronteriza con Hungría, emprendieron un plan de fuga que, sin el ajedrez, no habría sido concebido.

La afición de las cuatrillizas por el juego de las damas y el tablero brindó a esta familia ucraniana la oportunidad de huir de la guerra. Y eso que, según relata Alina, es una afición exclusiva de las niñas: "Mis padres no juegan al ajedrez".

Su entrenador, Alexander Razsmyslov, que aún permanece en Kiev, había vivido durante trece años en Sevilla, por lo que maneja con soltura el castellano. Fue él, a través de Facebook, quien contactó con Francisco Iglesias León, miembro de equipo ajedrecístico "Gijón 64". Iglesias, conmovido por la historia de la familia, facilitó su viaje a España: llegaron, tras un puñado de días de carretera, en coche desde la frontera húngara.

Aina y sus hermanas no hablan una palabra ni de español ni de inglés. A pesar de ello, valoran la hospitalidad española. "¡La gente aquí es muy cálida"!, convienen las cuatro. Pese a la barrera idiomática, ya empiezan a relacionarse merced al lenguaje universal del deporte: "Estamos haciendo amigas, sobre todo gracias al ajedrez".

Cuando es cuestionado sobre si es optimista acerca de la resolución del conflicto, Vadim escribe siete palabras en el móvil que utiliza como traductor: "La guerra ha terminado. Putin debe morir".

Jonás Prado sigue imbatido

Gran sorpresa en el "Ciudad de Oviedo". En el duelo asturiano entre Paula Martínez (16 años) y el seis veces campeón del Principado Enrique Álvarez, se impuso la joven jugadora. Después de tres rondas disputadas, seis jugadores continúan con el casillero de derrotas intacto: Mirzoev, Campora, Alfonso Jerez, Rubén Domingo y Jonás Prado. Prado, joven maestro FIDE asturiano, está sorprendiendo con su juego. Tras cosechar un mal resultado en el torneo de Huesca, llegó a Oviedo con la idea de reponerse. "Quiero jugar para quitarme el mal sabor de boca", afirmó. Asimismo, considera que su juego luce más en partidas rápidas que en lentas, modalidad en la que se disputa este "Ciudad de Oviedo": "En partidas rápidas es más importante la intuición, es más fácil fallar. Aquí, al haber más tiempo para pensar, es más difícil equivocarse". Hoy, a partir de las 5 de la tarde, se reanuda la competición en el pabellón universitario del CAU. El torneo "Ciudad de Oviedo" se alargará hasta el próximo sábado día 23.

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