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Langarita, medallas con pasado asturiano

Lucas y Claudia Langarita, lanzando a canasta en sus torneos con España. | | ALBERTO NEVADO / FEB / FIBA

Los disfrutaron poco tiempo, pero en el Alimerka Oviedo Baloncesto guardan grandes recuerdos del paso por Pumarín de los Langarita Hernández. Apenas año y medio en el que la hija mayor, Claudia, vivió su primera experiencia con una selección, la asturiana, y el pequeño, Lucas, dio rienda suelta a su pasión por el basket. Corría 2015. Hoy, siete años después, la familia empieza a coleccionar medallas. Claudia, que se forma en el baloncesto universitario estadounidense, se llevó el oro del Europeo sub-20. Lucas, componente del Casademont Zaragoza, presume de la plata en el Mundial sub-17, en el que además fue nombrado miembro del equipo ideal.

Langarita, medallas con pasado asturiano

"Para nosotros Oviedo siempre está en el corazón a pesar de que no estuvimos mucho tiempo, llegamos un verano y nos fuimos en unas Navidades. Fue maravilloso, nos trataron genial y Oviedo me encantó, tan tranquila y segura. Eso sí, yo soy canaria y eso de no ver el sol..", cuenta Patricia Hernández desde las islas Canarias, donde ha reunido a sus hijos tras sus citas internacionales con España.

Langarita, medallas con pasado asturiano

El padre, Raúl, fue trasladado a Asturias por motivos laborales, y la familia se asentó en Oviedo hasta que el progenitor cambió de trabajo. Hernández, entrenadora de baloncesto, fue la que se acercó por Pumarín y allí contactó con Fernando García, Ferdi, el alma de la cantera del OCB. Sus chicos entraron en el club y ella también cogió un equipo. Cualquier ayuda es bien recibida en la entidad carbayona.

Langarita, medallas con pasado asturiano

Claudia tenía por aquel entonces doce años. "Conocí a Marta Suárez, a Adama, a Clara, fuimos con la selección, subimos a categoría especial... fue súper guay", recuerda la pivot, orgullosa de su medalla de oro en el Europeo sub-20: "La final no fue la más bonita del mundo, pero estamos súper contentas porque después de un mes trabajando... ¿qué mejor que un oro?".

La ambición es máxima en la hermana mayor, que ha cambiado la universidad de San Francisco por la de California Berkeley "para tener más competencia, jugar contra gente mejor".

El futuro también se presenta esplendoroso para Lucas, pieza clave de la plata española en el Mundial sub-17. Es un exterior que roza los dos metros de altura, pero en Oviedo todavía era pequeño. "El estirón lo pegué en cuarentena", subraya el jugador, que también guarda recuerdos de su paso por el Principado: "Me acuerdo del colegio, el Buenavista 1; de mis entrenadores, Jandrín, Diego, al que vi hace poco...". Ahora es punta de lanza de una generación que ilusiona al baloncesto español y de la que él destaca "a Hugo González, que es muy buen jugador y tiene un físico increíble, y a Aday (Mara), un tío de 2,20 con lectura del juego". El gigantón es compañero suyo en Zaragoza.

Las medallas tienen, sin embargo, un regusto amargo. Apenas unas horas después de que Lucas jugase la final del Mundial cadete en Málaga, falleció el abuelo materno. "Es un mes para recordar ambos sentimientos, la alegría y la tristeza", dice Patricia.

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