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La expectación acabó en funeral: así se vivió en Asturias la derrota de la Selección

La región se ilusiona con la España de Luis Enrique para acabar viviendo un drama por la eliminación de la Roja ante Marruecos

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En imágenes: así se vivió en Asturias la eliminación de España J.P./M. V./F. R.

La tarde comenzó en toda Asturias con ilusión. Jugaba España. El objetivo, superar a Marruecos y alcanzar los cuartos de final del Mundial de Qatar. No hubo manera. La alegría acabó en desilusión, alguna lágrima y cabreo. Aunque el día era propicio para ello, festivo y sin lluvia, las calles de Oviedo no estaban especialmente activas a la hora de animar a España. Quizás por reservar fuerzas para el partido de Liga del Real Oviedo ante Las Palmas, quizás por ser todavía unos octavos de final, pero el ambiente futbolístico brilló por su ausencia. Entre charlas de alquiler de pisos y romances amorosos con final agridulce, los forofos de España se contaban con los dedos de las manos. 

Antes del dramático final, todas las calles ovetenses estaban de acuerdo en un sentir. “Hoy ganamos fácil. Confiamos en España”, era la frase más repetida entre los aficionados que se atrevieron a salir de su casa para disfrutar del encuentro entre España y Marruecos en los bares de la ciudad. “Yo creo que les va a poder la inexperiencia, no están acostumbrados a este tipo de citas”, decía Vera Pérez minutos antes del pitido inicial, confiante en las opciones de los de Luis Enrique. “Hoy debemos atacar más, sino tenemos más llegada que contra Japón vamos a acabar pagándolo”, auguraba Raúl Díaz, premonición que con el paso de los minutos terminó siendo la acertada.

“Hoy hay que ganar bien, hay que dar un golpe de autoridad”, comentaba Alberto Pérez, que tras las exhibiciones de Francia, Brasil e Inglaterra quería que España mostrase el poderío ofensivo del primer día, para así meter el miedo a posibles futuros rivales. “Está claro que no hay ningún rival fácil, Marruecos nos va a poner las cosas muy difíciles, pero yo confío en Luis Enrique”, señaló el ovetense, animado por los primeros encuentros de la Roja. “Solo pido que, si nos ganan, no pase como hemos visto en Bélgica o así, que no se vuelvan locos”, deseaba este aficionado antes de la tragedia de los octavos.

“Contra Marruecos nos va a tocar sufrir, son un gran equipo”, indicaba Javi Sánchez, consciente del potencial del conjunto africano, sobre todo a la hora de salir al contragolpe. “Que quede claro que España y Oviedo confían en Luis Enrique, es un seleccionador top mundial”, añadía Lucas Crespo, que confesaba ser un gran seguidor del entrenador asturiano y de sus directos.

La alegría inicial se fue disipando con el paso de los minutos. A pesar de que España dominaba la posesión, desde los bares ovetenses las sensaciones eran malas. “Nos van a acabar dando un susto”, comentaban desde un grupo de amigos, que se lamentaban por no tener jugadores con más colmillo en ataque para hacer daño al espacio. Solo con la oportunidad de Asensio, que se marchó por el lateral de la red, los aficionados se levantaron de sus asientos.

A esto hay que sumar las críticas arbitrales. La labor de Fernando Rapallini, colegiado del encuentro, no acabó de convencer al público asturiano, que no entendía la permisividad que saba el argentino a las faltas cometidas por los marroquís. “Nos robaron Eurovisión y ahora nos van a robar el Mundial”, se escuchaba.

El paso de los minutos fue haciendo mella en el ánimo de los aficionados. La pasividad a la hora de mover el balón y la poca eficacia en ataque supuso una losa, lo que provoco las críticas de los que cada vez más se acercaban a los bares para ver la que, a la postre, fue la eliminación de España. “Así no le vamos a meter gol ni al arco iris”, se quejaba Alberto Braña. Al final se dio lo que nadie de los presentes, la tanda de penaltis. Con varios tapándose los ojos para no sufrir con ese agónico final, la realidad acabó con la poca alegría que quedaba en las calles ovetenses. “Esperemos que el Oviedo arregle este fracaso”, deseaban algunos, que pasaban a depositar sus esperanzas en Álvaro Cervera.

En Gijón, cuna de Luis Enrique, la expectación terminó en funeral. Incluso con algún joven profiriendo improperios contra el rival. Gijón acabó rota de dolor por la derrota de España en octavos. En realidad, rota porque, con el bochorno final de la tanda de penaltis, había perdido su Luis Enrique. “Nos había hecho recuperar la ilusión. Hacía tiempo que no animaba tanto a España”, explicaba después del encuentro Javier Gutiérrez, un abonado del Sporting que llevaba unas cuantas Copas del Mundo sin sentir esa pertenencia por “La Roja”. A tenor de lo visto, esta selección streaming,y muy gijonesa por Lucho y parte de su staff había convertido a Gijón en una de las sedes del “Luis Enriquismo”. “Nos ilusiona a todos. Es sportinguista”, clamaba Ana Díaz, una jovencísima hincha desde una de las repletas mesas del Carling Goal. Al final, por cierto, hubo quienes reunieron el ánimo para pedir a otro rojiblanco asturiano: “Queremos a Marcelino Toral”, pedía Javier Menéndez tras el “panenkita” de Achraf. “La culpa no es de Luis Enrique. Falta talento en esta Selección”, contaba Tomás García.

 Antes del funeral, hubo una fiesta. Porque el entorno de El Molinón, seguramente el último estadio que pisó Luis Enrique antes de marcharse a Qatar, estaba hasta arriba de hinchas de la Selección. Todos los locales colgaron el no hay billetes. Un camarero lo comentaba a prisas. “Esto está más lleno que en cualquier partido del Sporting. Ni siquiera se ve un ambiente así en un derbi”. Banderas de España a un lado. Y muchos adolescentes que aprovechaban el festivo para dejarse la garganta (alguno también las formas) para animar a rabiar: “¿Cómo puede estar jugando Ferrán?”, decía enfadado un joven fan ante una pérdida del extremo valenciano. Las cosas empezaron regular y con los minutos fueron a peor. Los ánimos fueron quejas. Marta González se echaba las manos a la cabeza. Marruecos atacaba; y Gijón sufría una barbaridad. Luego llegó la tanda de penaltis. Los nervios pasaron a ser un drama.

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