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La leyenda de Pepe Domingo se fraguó en Asturias

"Era el maestro de la publicidad y el número uno en lo suyo; la radio se queda huérfana", afirma José María García

Pepe Domingo Castaño, en una imagen de archivo. | EFE

El del "¡Hola, hola!". El del "¡Pepe, un purito!". El del "sonido inconfundible". El del ronroneo. El del "qué maravilla Paco, qué maravilla...". El de tantas y tantas frases que quedan ya en el recuerdo colectivo de varias generaciones de españoles. El de la radio. Pepe Domingo Castaño (Lestrove, La Coruña, 1942), locutor leyenda, cantante, agitador, juerguista, genio de la comunicación, un artista en cuñas publicitarias y un tipo que sobre todo sabía disfrutar de la vida, falleció ayer en el hospital de la Zarzuela en Madrid a los 80 años de edad. Deja mujer y dos hijos.

Su muerte cogió por sorpresa a la sociedad española y también al equipo de deportes de la cadena Cope, donde Castaño llevaba trabajando casi quince años junto a su inseparable amigo, el asturiano Paco González, que estuvo junto al locutor en el hospital hasta el último aliento.

El gallego sufría desde hace días una infección de garganta que le había deteriorado la voz y que no parecía más que un achaque. Finalmente, un fallo multiorgánico provocó ayer su fallecimiento, noticia de alcance nacional.

Con Castaño se va una forma de entender la radio. "Consiguió la cuadratura del círculo en las ondas. Hizo que lo accesorio, como es la publicidad, se convirtiese en imprescindible. Los oyentes estaban más pendientes de los anuncios que de los partidos", rememora Manfredo Álvarez, periodista asturiano de la Cadena Ser e íntimo amigo del locutor hasta el final. Hace un mes estuvo con él en Gijón, disfrutando de una corrida de toros. "Estaba pletórico, pasamos unos días maravillosos", recuerda Manfredo. Para Castaño, Asturias fue mucho más que un lugar de paso: en el Principado comenzó la leyenda. El locutor era el segundo de doce hermanos de una familia muy humilde procedente de la aldea de Lestrove, en el municipio coruñés de Dodro. Después pasaría de su infancia y juventud en Padrón, hasta que sus padres lo mandaron con solo nueve años al convento de Corias (Cangas del Narcea), de la orden de los dominicos, junto a uno de sus hermanos. "A mis padres les interesaba porque así tenían dos bocas menos que alimentar y además estudiaríamos algo", recordaba recientemente el locutor en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA. Después estudiaría en León, pero fue ahí, en el convento, donde empezó en la radio. "El padre Iparraguirre me dijo un día: ‘¿Por qué no montamos una radio? Le dije que me encantaría. Me presenté, hice una prueba y me convertí en locutor en la radio Cauriense de Corias".

Pepe Domingo, en el callejón de El Bibio, durante la pasada feria de Begoña. | Marcos León

Castaño, que estuvo muy cerca de ser cura –fue a Corias de noviciado, pero no se ordenó– jamás vislumbró ser una estrella de la radio, pero la llama que se apagó ayer se encendió justamente ahí, rodeado de curas y en Asturias.

Su carrera fue meteórica. Referencia de la radio deportiva de las últimas décadas, también fue una figura en programas musicales de radio y televisión. Decía, con sorna, que su sueño de muy pequeño era ser bombero y de no tan pequeño animador de orquesta. Consiguió eso y más: fue un reconocido cantante que en los setenta logró ser número 1 en Los 40 Principales con "Neñina", además de cautivar a México con "Motivos".

Pero la leyenda de Castaño se forjó en la radio deportiva, aunque no especialmente con el deporte. Lo suyo fue una marca propia para comunicar. Primero, en "Carrusel Deportivo", de la Ser, y hasta ayer en "Tiempo de Juego", de la Cope, con los Paco González, Manolo Lama, Juanma Castaño, su "sobrino" asturiano. Acuñó una rompedora forma de encajar la publicidad en las narraciones deportivas, con lemas ingeniosos y pegadizos que pulía él mismo y que corrían de boca en boca durante años. La marca le contrataba y él creaba el gancho, como una especie de cadena de montaje que funcionaba perfectamente engrasada.

"En lo suyo era el número 1 y no perdía el tiempo en otras cosas. Se fue siendo un maestro de la publicidad, que es muy importante", aseguraba ayer José María García, otra leyenda radiofónica, que fue rival del equipo de Castaño en aquella mítica guerra contra la Ser. "Me enteré de la noticia de su muerte por una periodista catalana y no me lo esperaba. He rezado una oración por él y que descanse en paz. Su forma de entender la radio se queda huérfana, pero seguramente alguien aparecerá. Hay una ley de vida clara: necesarios hay muchos, pero imprescindible, nadie", zanja García, asturiano de adopción.

Para quienes le trataron de cerca, el Castaño persona era casi más impactante que el locutor. Con una vitalidad que contagiaba, el gallego se esforzó hasta el final en disfrutar de la vida. Manfredo Álvarez recuerda uno de sus lemas: "Viajes Castaño, juerga todo el año", en referencia a las incontables andanzas con amigos y familiares. "Era increíble salir con él a la calle. He visto a chavales arrodillarse delante de él. Pepe era la persona más generosa que conocí en mi vida. Todo lo pagaba él y era feliz viendo disfrutar a los demás", recuerda Manfredo, que vivió ayer "uno de los días más tristes de mi vida". El aguante de Castaño iba más allá del estudio. "En una noche de fiesta podía tumbar a cualquiera. A ver quién le seguía el ritmo", explica el periodista.

Devoto de Asturias, se escapaba cada vez que podía al Principado y decía que su tercer equipo era el Sporting, aunque para ser político repetía que el "Oviedo era el conjunto de Asturias", en referencia a la capitalidad de la ciudad.

El tanatorio de Pozuelo se quedó ayer pequeño para darle el último adiós al locutor. Por ahí pasaron innumerables personalidades del deporte, la cultura y la política.

"Estaba en un momento vital que le encantaba, con más horas para él mismo, para su familia y para sus amigos, organizando permanentemente comidas, cenas, viajes, celebraciones... Un abuelo orgulloso y feliz, un padre más cercano a sus hijos que nunca y un marido con Tere tan cómplice y tan de verdad como en los últimos años", dijo el gijonés Juanma Castaño, figura en la radio nocturna de la Cope y muy afectado tras lo sucedido.

"Lo mejor que tenía Pepe era que sabía empaparse del tiempo en el que vivía. Se mezclaba con los más jóvenes, olía por dónde iba la juventud...Era un tipo vital y vivo. Se nos ha ido, pero se fue como a él le habría gustado: rápido y sin dar guerra. Tenía ilusión y ganas. Esa es su herencia", recalcó Manolo Lama sobre el adiós de una voz irrepetible.

Minuto de silencio en todos los estadios y recuerdos del Oviedo y del Sporting. El fútbol español se tiñó ayer de luto por la muerte del locutor y en todos los estadios se guardó un minuto de silencio en honor a Pepe Domingo Castaño. Además, el Oviedo y el Sporting mandaron sus condolencias. "Pepe Domingo, tu amor por la radio hizo más grande al fútbol, hiciste felices a millones de aficionados de diferentes generaciones. Nos dejas un enorme legado. Lo sentimos mucho. Descansa en paz", escribió el Sporting. "El fútbol, el deporte y la radio de nuestro país no sonará nunca igual sin ti. Gracias por tanta magia, Pepe", dijo el Oviedo.

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