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Milagro en el fútbol asturiano: un lateral derecho juega media hora de portero, hace un paradón... ¡y no recibe ningún gol!

Keko Roza, del Colunga, tuvo que ponerse los guantes en el choque ante el Stadium: "La gente flipaba"

Keko Roza se coloca los guantes antes de saltar al campo.

Keko Roza se coloca los guantes antes de saltar al campo. / LNE

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Javier Sámano Lucas

Javier Sámano Lucas

Colunga

Domingo 27 de octubre. Colunga-Avilés Stadium. Minuto 57. Gana 0-1 en Santianes el Stadium. Raúl, guardameta local, sale a cortar un balón en largo. La intercepta con la mano fuera de su área. El árbitro del partido, Ballesteros de la Rubia, no vacila: roja directa. El Colunga se queda con diez. Pablo Pantiga mira al banquillo. Pero a la dificultad de jugar con uno menos se añade una aún mayor: lastrado por la grave lesión de Pablín, el Colunga no dispone de portero suplente. Surge entonces un dilema muy de patio de colegio. ¿Quién "se la pone"?

La cuestión no tarda en resolverse. Hay un valiente que se ofrece, alguien que lleva años esperando una oportunidad así. Es un lateral derecho veterano, con tres lustros de fútbol de barro a sus espaldas. Y también el futbolista más bajo del Colunga. Mide 1.65, treinta centímetros menos que Raúl, que le deja sus guantes: para sorpresa de ninguno de los presentes, le quedan enormes, no puede ni doblar las manos con ellos puestos. Pero Keko Roza, todo determinación, se pone debajo de los palos. Queda media hora y el Colunga, con diez y un lateral derecho de portero, pierde por un gol. La goleada del Stadium se da por descontada.

Todo comenzó con una sugerencia, medio en broma medio en serio. "Cuando entramos al vestuario antes del partido, después de ayudarle en el calentamiento, Raúl me dijo: ‘Ponte la camiseta de portero suplente, por si tienes que entrar’", cuenta Keko, que recuerda haberse ofrecido como portero en caso de urgencia durante un entrenamiento ("si un día pasa cualquier cosa, yo ‘me la pongo’, tranquilos"). No le tiemblan las canillas al sentir cumplida la profecía: "Hay que echarle h***** y cara".

Recién salta al campo, primera prueba de exigencia. Falta al borde del área para el Stadium. No sería la única en los minutos en los que estuvo Keko en el campo. Pero el balón parado no se le da mal del todo: "No fui capaz de coger el balón, pero hice lo que pude y las acabé parando". El Stadium, siguiendo la lógica, se propone bombardear a disparos al portero novato, aprovechando no solo su inexperiencia sino su escasez de centímetros. "Puede que les jugase en contra la ansiedad por insistir demasiado en buscar tiros", analiza Roza, siempre arropado por un entramado defensivo que se afana en protegerlo ante la avalancha de lanzamientos.

Pasan los minutos y el Stadium no logra marcar. El Colunga, como gato panza arriba, se defiende y espera una oportunidad para empatar que acaba llegando en el minuto 89. Dani Corgo no falla desde el punto de penalti: 1-1. Tiempo de descuento. Se intensifica el asedio del Stadium, que no da crédito a lo que está aconteciendo. Llega entonces la parada del partido, la parada de la vida de Keko, que describe en adrenalínico relato: "Josín, que le pega muy bien al balón, saca un tiro que va hacia un lado de la portería, aunque tampoco demasiado esquinado. Me tiro hacia un lado, y siento que el balón se me escapa de las manos. Entonces, me lanzo como un animal y la saco en la raya, como si fuera Casillas. Todo el mundo flipaba". Y milagro consumado: final del partido, Colunga 1-1 Stadium. Pero Keko, tras su insospechadamente exitoso bautismo como portero, no se conforma: "A ver si me dan el Zamora…".

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