El mundo entrenado por Asturias: así son los técnicos de la región que se ganan la vida fuera de España
Un puñado de entrenadores asturianos trabajan para clubes, federaciones y comités olímpicos extranjeros: "Cuando te vas haciendo mayor echas más de menos la tierra, pero aquí hay ilusión"

Arturo Álvarez durante un tiempo muerto del Vâlcea 1924, con Roberto Blanco, su ayudante, detrás. / Catalin Margarit / PinPhoto
Algunos se han decidido hace poco a cruzar las fronteras, otros se han asentado ya lejos de España y algunos otros no tienen del todo claro que este sea su camino. Pero a todos les mueve la pasión por su deporte, el deseo de ganarse la vida transmitiendo conocimientos técnicos y ayudando al progreso de jóvenes deportistas. LA NUEVA ESPAÑA conversa con seis entrenadores asturianos que desarrollan su labor lejos de la tierrina.
Estabilidad en Bélgica
La situación no es mi mucho menos nueva para Carlos Prendes, que trabaja para el equipo nacional belga de piragüismo desde 2005. El hijo de Amando Prendes, uno de los fundadores de los legendarios Gorilas de Candás, vive en Genk, cerca de la frontera oeste con Holanda, aunque su labor le obliga a viajar constantemente. Entre otras cosas, para huir de los fríos inviernos centroeuropeos, que dificultan los entrenamientos de los palistas. Después de pasar unos pocos días en su querida Perlora, está de concentración en Turquía.
"El equipo belga era más modesto de lo que es, pero todavía lo sigue siendo", explica Prendes, que primero compaginó el piragüismo con su labor docente en el avilesino colegio San Fernando y que encontró acomodo en Bélgica, de donde es su mujer, Ingrid, tras un choque con la Federación Española de Piragüismo presidida por Santiago Sanmamed. Aunque envidia el tratamiento que recibe en Bélgica el ciclismo, una religión, Prendes está contento con la evolución del piragüismo aunque, advierte, queda mucho camino por recorrer: "Nos cuesta crecer. Digamos que el deporte de élite está muy cuidado en Bélgica, pero el problema es llegar ahí, tratamos de fomentar campañas de detección y formación de jóvenes piragüistas, de técnicos, crear más regatas...".

Carlos Prendes, flanqueado por las palistas belgas Hermien Peters y Lize Broekx. / CP
De China al Santa Olaya
El gijonés Felipe Sánchez Llanes está en el caso opuesto. Tras seis años en China, a sus 47, tiene las maletas preparadas para regresar a Asturias. Concretamente a su Gijón natal, donde se ocupará de la preparación física del Club Natación Santa Olaya.
Licenciado en INEF, y después de haber trabajado con la Universidad de Oviedo, Sánchez tuvo la oportunidad de vincularse al Comité Olímpico Chino como preparador físico del equipo de patinaje de velocidad. La cosa se puso dura en el gigante asiático durante el covid, periodo en el que estuvo trabajando en Kosovo, hasta que en 2024 regresó a China, esta vez enseñando judo en el Centro de Alto Rendimiento de Shanghái. "Trabajar en el alto rendimiento es algo que siempre gusta y China me dio la oportunidad en mi deporte, el judo. Aquí la labor es intensa, entrenamos de lunes a sábado, hacemos unas doce sesiones a la semana y prácticamente llevamos una vida monacal", dice el gijonés.
Sánchez acaba contrato y ha decidido que es hora de volver a casa. Siempre ha trabajado en deportes diferentes, "a nivel de alto rendimiento no es fácil trabajar en el judo", así que no le pillará de nuevo entrar en la natación. Y eso pese a estar contento en el país asiático, que sigue creciendo: "China tiene buen nivel en casi todos los deportes y eso es porque invierten mucho en ello".

Felipe Sánchez, durante una clase en el Centro de Alto Rendimiento de Shanghai. / FS
Hacer historia en el baloncesto rumano
Hacer escala en Rumanía no estaba en los planes de Arturo Álvarez cuando inició la temporada 23-24 como ayudante de Dusko Ivanovic en el Estrella Roja. El despido del reputado entrenador montenegrino acabó abruptamente con la etapa en Serbia del mierense, que se hizo cargo en la LEB Oro de un moribundo Cáceres, con el que acabaría descendiendo. "Cuando acabó la temporada, Joaquín Rodríguez, el director deportivo del Cáceres, me dijo: ‘Tienes que ponerte en el mercado’, y me surgió lo del Vâlcea", explica.
La aventura profesional le está saliendo bien a Álvarez, que salvó del descenso a la segunda categoría a un club con solo cuatro años de historia antes de meterlo por vez primera en una competición europea, la FIBA Europe Cup. "Al principio te parece fenomenal ser un nómada persiguiendo el balón naranja, pero cuando más pasa el tiempo más echas de menos Asturias: perdí a mi madre el año pasado, mi padre es mayor... pero estoy en un club con mucha ilusión, mucha gente detrás, y el baloncesto rumano está al alza", apunta. Recientemente ha abundando en la historia del Valcea, logrando en la pista del Rasta Vechta alemán el primer triunfo europeo en la trayectoria de la entidad (88-90).
Arturo Álvarez firmó un contrato de dos temporadas, que se cumplirán la próxima primavera, pero se siente muy valorado: "No solo se trata de ganar partidos, sino el aporte en organización, fichajes, conocimiento de mercado... creo que me he hecho un huequito", dice el mierense, que se ha echado pareja en la ciudad rumana, de unos cien mil habitantes, y acaba de fichar a Gian Clavell, puertorriqueño bien conocido en España.
La progresión del basket rumano es una realidad, aunque sigue lejos de los puestos punteros de Europa. "La federación está haciendo normativas para potenciarlo, y así en la liga tiene que haber dos rumanos en pista en todo momento, es otra cosa que tenemos gestionar en el cuerpo técnico. Y no es fácil, porque los jugadores no lo aceptan bien, especialmente los americanos".

Arturo Álvarez dialoga con un árbitro durante un partido de la liga rumana, con su jugador Peter Kiss a la derecha. / Lucian Serban / PinPhoto
Viviendo la pasión de Macedonia del Norte
Extravagante también es el giro de guión en la vida del avilesino Rubén Garabaya, que ha dejado Cantabria para enrolarse en el club de balonmano Pelister, de la ciudad de Bitola, en Macedonia del Norte. "Es un país que tiene amplia experiencia con entrenadores españoles, les gustan. Me lo comentaron y no me lo pensé mucho, no es habitual poder entrenar a un equipo de Champions League", razona Garabaya. "Firmé un año; si estamos a gusto las dos partes, renovaremos", afirma.
Precisamente en la competición europea se cruzó con el poderoso Barcelona, "les competimos bien, pero cometimos errores que nos sentenciaron", lo que le ha dado visibilidad dentro de una experiencia "a veces difícil en el plano personal porque la familia se quedó en Santander", pero enriquecedora: "estoy intentando entender cómo funciona el club, las sinergias internas, a gente con un carácter diferente al nuestro...". Y adaptándose a Bitola, una localidad a 15 kilómetros de la frontera con Grecia que le recuerda "a la Avilés de hace unos años" y que cuenta con una afición extremadamente pasional, hasta límites a los que no está acostumbrado. "Tiene ese aura de los pabellones de los años noventa, un pabellón con solera con el público muy encima. Lo que estoy viviendo es increíble", explica el técnico asturiano.

Rubén Garabaya, a la derecha, comentando una acción del juego con el capitán del Pelister, Filip Kuzmanovski / RK Pelister
Felicidad en Chipre
Muchas vueltas ha dado también Cora Medina, una avilesina de 35 años que reparte conocimientos técnicos de gimnasia rítmica en Chipre después de estudiar Ciencias de la Actividad Física y Deporte en Pontevedra. Pasó por clubes gallegos y almerienses, donde atesoró experiencia como entrenadora y directora técnica, hasta que rompió amarras, primero en Inglaterra y ahora en Chipre.
Lo que se planteó como una última oportunidad de centrarse en la rítmica tiene visos de continuidad al menos por un tiempo. Llegó al club Andreas Trikomikis de Larnaca, una mala experiencia, y ha encontrado la felicidad en el Pafos RG. "El nivel de las gimnastas es un poquito más bajo, pero estoy muy contenta, las niñas y la dueña del club me han acogido muy bien y la ciudad está muy cuidada". Cora asegura tener "mucho trabajo porque aquí las niñas hacen cuatro aparatos desde pequeñitas, tienen mucha carga. En España hacen una división por edad y por nivel". De momento, seguirá: "Cuando acepté, la dueña quería que estuviera a largo plazo, no querían que las niñas cambiaran de entrenadora cada año y la compañera está en su cuarta temporada. Inicialmente quedamos en ver qué pasa es año, pero es cierto que de momento estoy súper contenta. Me encanta la calidad de vida, el sol...".

Cora Medina ayuda a hacer un ejercicio a la gimnasta chipriota Amalia Dimou. / CM
Una vela bien organizada
Al gijonés Federico Alonso Tellechea, veterano de la vela, le ha llegado una buena oportunidad de dirigir al equipo austriaco de 49er, tras entrenar a equipos de Canadá y Hong Kong. Solo lleva un mes en su nueva ocupación, pero está descubriendo cosas muy interesantes: "Parece bien estructurada, con poca gente gestionando pero muchos recursos para los atletas. Son muy serios, lo tienen todo planificado y ahora veo que eso es mucho mejor, nosotros (por él y su hermano Arturo, que tras retirarse es policía nacional en Cantabria) conseguimos muchas cosas de forma desordenada". Austria, pese a ser un país pequeño y sin mar, siempre cuenta con equipos potentes de vela, aspirantes a medalla olímpica, "y eso es por algo, algo hacen diferente y bien". Por ejemplo, es norma que se suban al barco personas que aporten cosas distintas: "Tienen una metereóloga que hizo vela y que tiene un sistema de medición de viento increíble".
¿La pega? Los viajes constantes, especialmente para alguien con niños pequeños. "De media, como mínimo, estoy de 12 a 15 días fuera. Ahora, por ejemplo, vamos a Portugal y luego tenemos unos días de reunión en Viena". El técnico afincado en Gijón trabaja con equipos muy pequeños, de dos deportistas, por lo que la convivencia y estar a gusto en el grupo resulta fundamental. Pese a todo, cambiaría la élite por una labor de enseñanza a jóvenes pero cerca de casa. "Sería feliz de trabajar aquí, pero todo parece muy difícil. Gijón vive de espaldas al mar y es una pena", concluye Tellechea.

Federico Alonso Tellechea, en un barco de la federación austriaca de vela. / Austrian Saling Federation
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