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El entrenador de rugby Marcelo Chorny, una voz para los que se han quedado callados por el cáncer

"Salí a pelear", dice el argentino, al que le tuvieron que extirpar la laringe y las cuerdas vocales por un cáncer de garganta

Marcelo Chorny, de árbitro en un partido en Asturias.  |

Marcelo Chorny, de árbitro en un partido en Asturias. | / M. C.

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Gijón

La historia de Marcelo Chorny, entrenador del Gijón Rugby y del equipo sub-23 del Belenos, además de ser árbitro de rugby y trabajar en una empresa de computación, se puede comenzar a contar de muchas maneras diferentes. Por lo que le ha pasado y por lo que le va a pasar.

Protagonista de la campaña "Bufandas Azules"

Le ha pasado que la Asociación Española de Pacientes de Cáncer de Cabeza y Cuello (APC) y la Fundación Española de Tratamiento de Tumores de Cabeza y Cuello (FETTCC) le escogieron como protagonista de la campaña "Bufandas Azules", con la que se pretende dar visibilidad a esta patología. Lo que le va a pasar es todavía más sorprendente. Se está preparando para correr el próximo 27 de abril la maratón de Madrid. Quiere convertirse en el primero que, con su enfermedad, completa esos emblemáticos 42 kilómetros y 195 metros. Explica Chorny que se está entrenando a conciencia, haciendo una media maratón al mes, que ya tiene "una buena base" y que su objetivo, como en muchas otras de las cosas que hace, es demostrar a los que están pasando por lo que él pasó que se puede hacer de todo y que "no están solos".

La llamada del mar

Argentino, de Mar de Plata, nacido en 1967, lleva nueve años en España y ocho en Asturias. Primero entrenó al Burgos y después al Oviedo, pero sintió la llamada del mar: "Necesitaba el mar, por eso me fui a Gijón y tengo claro que no me muevo de Gijón por nada". Además del mar, encontró una ciudad que le abrazó y en la que no se siente extranjero.

Marcelo Chorny

Marcelo Chorny / M. C.

Cuando todo cambió

Todo transcurría normal en su vida, salvo que ya en Burgos notó que "no podía hablar": "En Oviedo me seguía doliendo, pero me hicieron estudios y me dijeron que no era nada hasta que en Gijón me miró una doctora en un centro de salud y me dijo ‘tienes cáncer’, me hicieron varios estudios y efectivamente con la cámara se vio una bola en la nuca", añade. Ahí empezó toda una odisea. En 2019 le operaron por primera vez y, tras varias intervenciones más, le acabaron extirpando la laringe y las cuerdas vocales. Y lo puede contar. "Habló como si fuese un ventrílocuo", explica. Para conseguirlo le vino muy bien la pandemia, durante la que se pasó doce horas al día trabajando para poder comunicarse. "Contacté con un logopeda y me pasaba doce horas al día practicando", explica.

Un camino muy duro

Aunque lo toma con buen humor y bromea con que se ha convertido en un "influencer", sólo él sabe lo que sufrió: "Me reinventé me quedé sin mi herramienta de trabajo, me podía haber quedado jubilado, pero salí a pelear, cuando me dicen ‘qué bien que estás’... el que se pasó días encerrado solo llorando fui yo", rememora.

Pero ahora su vida pasa por enseñar a jugar a rugby, correr una maratón y ayudar con su ejemplo a los que estén pasando por lo que él pasó: "Me mandan a dar charlas, como un ejemplo para que vean que se puede tener calidad de vida después de pasar por esto, que se puede seguir adelante".

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