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Asturias, paraíso del motor: así se vive el Rally de Cangas del Narcea desde dentro

Hasta 340 personas velan por la seguridad y organización de pruebas como la de Cangas del Narcea, una clásica con 36 ediciones

Cronometradores, jefe médico, comisarios deportivos, director de carrera y responsables de cada tramo conviven con 150 pilotos y un público "en aumento"

Un coche dañado en un accidente durante el rally de Cangas del Narcea

Un coche dañado en un accidente durante el rally de Cangas del Narcea / LNE

María Rendueles

María Rendueles

Cangas del Narcea

Las carreteras de Asturias –montañas que cortan el horizonte, curvas que desafían a pilotos y copilotos, pueblos que se desperezan entre la niebla matinal– no solo son escenario de belleza natural. Para quienes aman la velocidad y la precisión, son el terreno perfecto para los rallyes. Desde el legendario Rally Princesa hasta eventos como el de Cangas de Narcea, estos encuentros representan tradición, pasión, motor, turismo y comunidad.

LA NUEVA ESPAÑA se adentra en el Rally de Cangas de Narcea, que este año celebró su 36.ª edición con la participación de 150 pilotos, para vivir desde dentro el lado más desconocido del desarrollo de estas citas del mundo motor que levantan pasiones en la región. Detrás de la emoción que se vive en la carretera hay un entramado logístico que empieza mucho antes de que los coches crucen la línea de salida.

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Los preparativos, desde muy temprano

A las 7.30 de la mañana, el comité de seguridad y la dirección de carrera se reúnen para revisar que todo esté listo. "Hay que tener en cuenta muchos factores, pero el trabajo es mucho antes de la carrera", explica Carlos Márquez, presidente de la Federación Asturiana de Automovilismo. Su voz transmite orgullo: "Ahora es el momento de la relajación porque todo funciona… Asturias está muy por delante del resto de comunidades si hablamos de rallyes", asegura. El público, "en aumento".

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Los miembros del equipo de seguridad recogen su carnet de ruta en el parque de trabajo y se preparan para recorrer los tramos como vehículos "doble cero". "Somos los últimos que verifican que todo esté seguro antes de que empiece la competición", explica Octavio Peláez, organizador técnico, que va en el coche junto a Martín Arias. Ambos se aseguran de que las carreteras estén libres de obstáculos, que el público esté en zonas seguras y que la señalización sea correcta. "Antes, la seguridad no tenía nada que ver con lo que hay hoy en día", recuerda Arias. "Había público metido en la carretera, se abrían zonas sobre la marcha… hoy todo está medido y controlado", añade.

Al frente de toda esta compleja maquinaria está Marcos Verano, director de carrera de Cangas del Narcea Motor Club, desde 1992. Su función no se limita a estar presente durante la carrera, es el encargado de decidir qué tramos se disputan cada año, basándose en criterios de seguridad; impacto sobre los pueblos y facilidad para posibles neutralizaciones. "Son una multitud de variables las que se tienen en cuenta a la hora de elegir si una carretera es idónea o no para un tramo cronometrado", explica. La mayoría de los tramos se repiten por la complejidad logística aunque "este año, uno o dos de los tres tramos han sido completamente nuevos".

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El director de carrera explica el protocolo sanitario ante cualquier accidente grave: "Paro la salida de los vehículos automáticamente, se envía un coche de asistencia rápida con un médico, una enfermera y un técnico, la UVI móvil con otro equipo sanitario y una ambulancia convencional. Si la cosa fuera más grave, contactaríamos con el 112 y, si es necesario, enviaríamos todos los recursos disponibles y pararíamos el rally", detalla.

Llega la acción

A las 9.00 horas comienza la carrera y arrancan los tramos cronometrados. Entre ellos, los pilotos y copilotos viven su propio ritual. Alberto Ordóñez, campeón de Asturias, subraya que la concentración es clave: "Intento salir concentrado siempre, revisar suspensión, barras… es primordial para ir a gusto. También ser consciente de que a veces no se puede correr al máximo".

Francisco Gómez, parte del equipo de cronometraje y control, detalla la estructura organizativa: "Tenemos los puestos de cronometraje con GPS y tiempos, un jefe médico, el colegio de comisarios deportivos, dirección de carrera con adjuntos y secretaria, y un responsable por cada tramo que da comunicación directa a la dirección", detalla.

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Detrás de cada coche hay un dispositivo sanitario coordinado, en este caso por Miguel Torres, médico con experiencia desde 1996. Su equipo controla ambulancias, las UVI móviles, coches de rescate y, de ser necesario, recursos adicionales como helicópteros. "Estamos también para el público y vecinos de los pueblos. Si surge alguna incidencia, la atendemos inmediatamente", explica. "Mi trabajo sale bien cuando no tengo que trabajar", añade con ironía.

Verano destaca que, gracias a la tecnología, el seguimiento y la comunicación mejoran enormemente: "Antes no existían los móviles. Ahora usamos GPS en cada coche y tenemos comunicación directa. Si un coche se para, podemos preguntar inmediatamente si todo está bien o si necesitan asistencia".

Los detalles del Rally de Cangas

El rally de Cangas se divide en ocho tramos, con un total de 156 km y 108 cronometrados. Entre cada bloque, los coches se reagrupan en un punto de control donde se reajustan los tiempos antes de salir de nuevo. La elección de las zonas de público responde a criterios estrictos: alturas, visibilidad y seguridad. Este año, explica Octavio Peláez, se aplica un sistema diferente: "Todo está prohibido al público salvo unas zonas acotadas que decida la organización. Antes se ponían cintas de ‘prohibido público’; ahora es al revés".

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En total, alrededor de 340 personas trabajan directamente en la organización: comisarios, jefes de tramo, sanitarios, personal de cronometraje y voluntarios. "Se mueve un volumen de personas importante para estos tinglaos", resume Verano.

Un rally como el de Cangas de Narcea demuestra que lo apasionante no es solo la velocidad, las curvas, los tiempos. Hay detrás un engranaje enorme: planificación, logística, seguridad, gente voluntaria, decisiones que implican riesgos, responsabilidad. Que todo salga bien y que 150 coches circulen por montañas en medio de pueblos y público sin incidentes graves ya es un éxito.

El rally no sería posible sin la mezcla de pasión por el motor, respeto por la seguridad, organización precisa y colaboración de decenas de personas. Y cuando llega el momento de poner el casco y pisar el acelerador todo ese trabajo silencioso se convierte en espectáculo.

El vocabulario de un rally

Reagrupamiento: Punto donde los coches se concentran entre tramos para igualar tiempos, reorganizar el orden de salida y permitir controles técnicos o pausas logísticas. Garantiza que la caravana avance compacta y sin desfases.

Doble cero (00): Vehículo que pasa por el tramo antes del coche 0. En el caso del rally de Cangas, lo forman Martín Arias (conductor) y Octavio Peláez (mapa y libro de ruta). Su misión es comprobar que el tramo esté perfectamente preparado: público, comisarios, señalización y accesos.

Neutralización: Decisión de detener o suspender el tramo si hay una incidencia que comprometa la seguridad. Los tiempos se ajustan mediante reglamento.

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