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Björn Bussmann, el alemán más asturiano cuelga los guantes

"Antes quería ser el mejor portero y ahora el mejor padre y marido", explica el meta germano, afincado en Asturias desde 2014

Bussmann, en la empresa en la que trabaja

Bussmann, en la empresa en la que trabaja / Juan Plaza

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Oviedo

Björn Bussmann (Colonia, 1991) deja el fútbol pero se queda en Asturias. El meta, todo un clásico en el fútbol regional, se ve obligado a dejar algo a lo que ha dedicado toda su vida para centrarse en su nuevo trabajo y en su reciente paternidad. Atrás quedan tres ascensos, con Caudal, Lealtad y Covadonga, un récord de imbatibilidad y un montón de historias y de amigos con los que aún espera compartir muchas cosas.

"Estaba jugando en el Lenense y empecé a trabajar con la empresa que los patrocina, Finstral, pero he tenido un niño, que tiene ahora nueve meses, tengo a mi mujer... antes quería ser el mejor portero y ahora quiero ser el mejor padre y marido, cambia la prioridad", explica Bussmann sobre las razones que le han llevado a tomar una decisión que le ha costado mucho: "El fútbol ha sido toda mi vida, desde el colegio todo el tiempo me lo pasaba hablando de fútbol, pero hay que saber cuándo es el momento adecuado".

Ahora, en su nueva faceta, en una empresa que fabrica ventanas, dice estar "aprendiendo, escuchando y viendo". El trabajo, los entrenamientos y los partidos eran demasiado y no quería arrepentirse más tarde de haber estado ausente en los primeros meses de vida de su hijo.

La historia de Bussmann en Asturias comenzó en 2014 con una llamada del Sporting, donde todo hacía prever que iba a tener un hueco en el filial, pero los dos porteros del primer equipo se quedaron y no quedó ese hueco que esperaba. Acabó "en un piso pequeño y oscuro" en Mieres, donde había fichado para jugar en el Caudal, y se dijo "me marcho". "Vino mi hermana a verme y me propuso ‘¿por qué no te vas a Gijón’ Yo no hablaba español y cuando me fui a Gijón a un piso con luz y sol, al lado de la playa, me enamoré de Asturias", explica Bussmann, que se asentó en el Caudal y en una región que se ha convertido en su casa.

En el Caudal se pasó tres temporadas y media, coincidiendo con Iván Ania, "un muy buen entrenador, no sabe mucho de porteros pero sabe mucho de fútbol", dice con buen humor de un técnico al que considera "un buen tío". Le llegaron ofertas para irse a jugar fuera de Asturias, pero "estaba cómodo aquí y yo necesito estar cómodo para rendir".

En su cuarta temporada en el Caudal, Josu Uribe no contaba con él y a mitad de temporada se fue, siendo un final algo amargo para una etapa que dejó hitos como los 1.001 minutos que estuvo sin recibir un gol, siendo aún el récord de todos los grupos de la Tercera española, algo que, insiste, "fue mérito de lo que hizo el equipo".

El final de esa temporada, la 17-18, lo pasó jugando en el Urraca, en Preferente, y al año siguiente se fue al Colunga, donde disfrutó de "un vestuario humilde que me trató muy bien". De ahí se marchó al equipo que, junto al Caudal, ha sido el más importante en su trayectoria en Asturias, el Lealtad. Estuvo dos años y logró otro ascenso. Más tarde llegaron el Marino y el Covadonga, donde logró el tercer ascenso: "Allí disfruté mucho". También se lesionó de un hombro y conoció a Manolo Simón, del que se hizo amigo y con el que se fue al Lenense, la última parada de este fructífero camino.

Antes de todo esto, un pasado en Alemania, donde llegó a dejar en el banquillo a Ter Stegen en una de las inferiores de Alemania, y en Inglaterra, donde este apasionado del fútbol vivió otro montón de historias. En un futuro le gustaría entrenar a niños porteros, "enseñarles que no pasa nada por fallar" y aprovechar su experiencia y contactos en alguna otra faceta. Bussmann es un tipo inquieto, que dice adiós de manera temporal al fútbol y que tiene un mensaje para todos en su nueva tierra de adopción: "Gracias, Asturias".

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