Aymar rompe el hielo: así fue el inicio de la "Semana de la montaña" de Gijón
En una jornada inaugural que llenó el Jovellanos, el esquiador extremo repasa el intenso descenso del Tuc des Hemnes mientras se recupera de una lesión de rodilla: «Las aventuras están ahí, guardadas en un cajón»

A la izquierda, Aymar Navarro, ayer, antes de su ponencia. A la derecha, arriba, el esquiador, en una de sus aventuras; abajo, público en la jornada inaugural en el Jovellanos. | ÁNGEL GONZÁLEZ
Ocho años llevaba el esquiador extremo Aymar Navarro con la idea de descender el Tuc des Hemnes, una laja de piedra de 400 metros de recorrido y 80 grados de inclinación constante que requiere de una preparación minuciosa y una concentración absoluta. Hasta que finalmente el año pasado la llevó a cabo, antes de documentar su historia para exhibirla en la primera jornada de la Semana Internacional de Montaña de Gijón, Memorial «Julio Bousoño». La aventura del deportista del Valle de Arán atrapó a los asistentes al estreno de la Semana en el teatro Jovellanos.

Aymar rompe el hielo
«No es una bajada muy larga, pero sí muy expuesta, no se permite el fallo en ningún momento y hay que estar al 200 por ciento», explica Navarro en su tercera comparecencia con los miembros de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo: «Es como venir a mi segunda casa, se agradece un montón». Los preparativos para un reto de tal calibre son exhaustivos, tal y como recuerda el apasionado de la montaña: «hay que ir cada diez o quince días a mirarla y controlar la meteorología porque tiene que darse una tormenta, un poco de humedad del Levante, que se quede la nieve pegada, que no haya viento...».

Aymar rompe el hielo
La incursión en el Tuc des Hemnes fue la guinda a una intervención en la que Aymar Navarro contó sus orígenes, hizo un repaso por su vida competitiva en el World Freeride Tour, del que se retiró hace un par de años, y explicó sus dos expediciones a Japón y Noruega. Ahora, además de en la divulgación, está centrado en recuperarse del grave accidente que sufrió el año pasado en Alaska, en el que se destrozó la rodilla. «He bajado un poco, pero entre fisio, gimnasio, máquinas... igual estuve de cuatro a seis horas al día todos los días. No me he marcado plazos, a día de hoy el único proyecto que tengo es recuperarme y cuando esté bien vendrán nuevas aventuras. Están guardadas en un cajón», apunta Navarro.
El esquiador extremo no ha acabado de desconectar de la competición y en la actualidad asesora a los organizadores de una prueba en su Valle de Arán natal, pero asegura que ahora tiene «otras motivaciones, siempre tienes el gusanillo pero hay que saber controlarlo. Me fui por la puerta grande, en una prueba del Mundial en casa con mi gente, fue un momento mágico. Me dije: ‘hasta aquí’».
Y mientras espera la siguiente aventura, se congratula del auge de una modalidad que hace unos años era como un bicho raro: «Las estaciones de esquí, todas las marcas, están apostando por esta modalidad y el material se desarrolla en esta dirección». n
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