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Estudio y pasión, la fórmula para la escalada que Carlos Gallego explicó en la Semana Internacional de la Montaña de Gijón

"Morir no es una cosa que agrade, pero tampoco es como para tomárselo muy en serio", dice el montañero, superviviente de un grave accidente en Gredos en 2005

Carlos Gallego, ayer, delante de las butacas del Jovellanos antes de la proyección.

Carlos Gallego, ayer, delante de las butacas del Jovellanos antes de la proyección. / Luisma Murias

Gijón

A sus 68 años, Carlos Gallego luce una buena forma física, una gran agilidad mental y la misma pasión por la montaña que cuando era un chaval. No sería demasiado sorprendente si no fuera por el gravísimo accidente que sufrió en 2005 en Gredos, prácticamente al lado de casa después de haber recorrido medio mundo. Una caída de 60 metros, con rebote incluido, que le dejó unas cuantas semanas en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo y seis meses con el torso escayolado. La cicatriz en la cabeza sirve hoy de único recordatorio.

"Había terminado y me puse encima de la reunión, en el hielo. Se desprendió algo y caí de rodillas. Cometí un error: estaba en el borde con los piolets en la mano, sin clavar. Me fui escurriendo... fue una caída tremenda, rompí la espalda, dos vértebras y me pusieron 58 puntos en la cabeza", recuerda Gallego, que toma los accidentes de montaña como algo que hay que tratar de prevenir, pero que en última instancia pueden ser inevitables. "Mi grupo de amigos y yo siempre nos hemos preparado mucho, estudiado mucho, sido conscientes de todo, pero sabemos que no es una garantía. Morir no es una cosa que agrade, pero tampoco es como para tomárselo muy en serio", dice con media sonrisa.

El veterano montañero llegó a Gijón por mediación de Diego Cienfuegos, programador de la semana del Torrecerredo, que es un seguidor acérrimo del blog de Gallego. Su proyección se centró en la ascensión en 1978 al temible Chacraraju, "una montaña con un nombre tan raro y difícil como difícil era". Una tarde de jueves como otra cualquiera, uno de los amigos llevó una revista francesa de montaña en la que aparecía el coloso andino. "Nos enamoramos todos de la montaña y a la semana siguiente ya estábamos de preparativos", confiesa Gallego, que describe estos últimos de forma simpática: "Firmamos letras, credivuelos de noventa mil pesetas, un dineral de aquella. Nos avalaron las familias, pobrecillas... Mandamos la mercancía y algo de alimentos por barco un mes antes en unas cajas rojas que hicimos nosotros. Fuimos en avión, pero creo que hubiéramos estado dispuestos a salir nadando".

Un momento culminante

La proyección dejó encantado al público del Jovellanos, que disfrutó de imágenes de calidad, a pesar del tiempo transcurrido, gracias a las diapositivas y al teleobjetivo que compraron en la escala en Guayaquil. "La cumbre fue un momento importantísimo, significaba romper el maleficio del 13, solamente habían sido 13 las personas que habían pisado la nieve en la cumbre. Fuimos la 14, la 15 y la 16, y lo más curioso es que, al contrario que en otras montañas, subimos tres y bajamos cuatro. De noche, en una situación muy peligrosa, sentimos una presencia difusa que nos señaló el camino", señala el escalador.

Fue uno de los momentos culminantes en la vida de un grupo de amigos que con 13 años se cansaron de pasear por los parques y acudir a los billares de la época y descubrieron La Pedriza. "Aunque ahora cada uno tiene su vida, somos seis y los seis seguimos en activo, en mayor o menor medida. Y, sobre todo, seguimos vivos los seis".

Dedicaron su juventud, literalmente, a la montaña. "No teníamos ni novia, no tomábamos una cerveza para no gastar. Y teníamos trabajos ocasionales para pagar los billetes. No había otra cosa. Después se dulcificó, pero entonces buscábamos la dureza. No como conquista, sino para encontrarnos a nosotros mismos. Y vaya si nos hemos encontrado", remata.

Bicicleta de montaña por el Perú, plato del día

La Semana Internacional de Montaña de Gijón, fiel a su política de diversificación entre las actividades divulgadas, dedica la jornada del miércoles a la bicicleta de montaña. El invitado es Pau Costa, que expondrá "21 Nevados", la aventura de tres amigos apasionados con el MTB que deciden recorrer en bicicleta dos de las rutas de trekking más espectaculares del mundo, en las cordilleras Blanca y Huayhuash, en Perú. Un reto mayúsculo de 270 kilómetros de recorrido y más de 12.500 metros de desnivel positivo, siempre por encima de los 4.000 metros de altitud. La cita con los apasionados de la montaña, como es habitual, a partir de las 20 horas en el teatro Jovellanos.

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