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El entrenador de balonmano asturiano Manolo Díaz, "como un juvenil" en su regreso tras superar un infarto

"Las chicas son un espectáculo, han tenido un comportamiento exquisito; son fabulosas", asegura el técnico del Lobas Oviedo

Manolo Díaz da indicaciones a sus jugadoras durante el partido entre el Lobas y el Mislata.  | OBF

Manolo Díaz da indicaciones a sus jugadoras durante el partido entre el Lobas y el Mislata. | OBF

Antonio Lorca

Antonio Lorca

Oviedo

El pasado 11 de octubre, Manolo Díaz, entrenador del Lobas Oviedo de balonmano, estaba dirigiendo a su equipo en un partido que ganaron plácidamente (31-20) al Lanzarote-Puerto del Carmen. Durante el mismo, el de Cangas del Narcea tuvo una sensación extraña, algo no iba bien, y él mismo se fue al hospital, donde le dijeron que lo que estaba sufriendo era un infarto de miocardio. Una vez pasado el susto, la primera conclusión, evidente, era que le tocaba parar y dejar un tiempo a un equipo al que lleva diez años entrenando.

El esperado regreso al Florida Arena

Tres meses después, el sábado pasado, Manolo regresó al Florida Arena para dirigir de nuevo a un equipo que siente como algo propio. También ganaron (22-18), en este caso al Mislata valenciano, pero ni mucho menos fue un partido más.

La calma como nueva prioridad

“Tengo una sensación de normalidad, mi mayor preocupación es estar tranquilo, ahora pretendo estar tranquilo, es la principal diferencia”, explica el técnico un poco antes de comenzar un entrenamiento en el Florida Arena. Una tranquilidad que, reconoce, no es fácil en un deporte como el balonmano. “Es diferente a un deporte como el fútbol, donde hay más margen para estar tranquilo; en balonmano hay muchas cosas que tienes que corregir de una forma muy rápida, es un deporte muy instantáneo, es el deporte más interactivo que hay, influye cómo esté la pista, cómo es el arbitraje...”, comenta un entrenador que estaba deseando volver.

Un partido cargado de emociones

Antes del partido reconoce que estaba “un poco inquieto”, algo que se le pasó cuando el árbitro señaló el inicio del partido. “Estaba como un juvenil, el partido fue muy bien, las chicas lo interpretaron de maravilla, era un rival incómodo, que ocupaba una de las posiciones de abajo de la clasificación pero que venía de empatar con dos rivales de arriba, es decir, un equipo en línea ascendente y, además, el primer partido tras el parón de Navidad siempre es incómodo”, apunta.

Agradecimiento al vestuario y al cuerpo técnico

Otro sentimiento que invade a Manolo es el de agradecimiento hacia su equipo: “Las chicas son un espectáculo, han tenido un comportamiento exquisito, son fabulosas; me recibieron mejor de lo que esperaba”. Un recibimiento que no estuvo exento de emotividad: “Es normal, hay jugadoras con las que llevo diez años aquí, este año además hay un grupo humano espectacular”, cuenta.

También tiene palabras de agradecimiento hacia su segundo entrenador, Juan Carlos Sirgo, que se hizo cargo del equipo en su ausencia: “Le pongo 11 sobre 10, tuvo que comérselo sin poder decir nada, tenemos mucha amistad desde el Balonmano Gijón. Tiene un mérito enorme lo que ha hecho”.

Nuevos hábitos tras el infarto

Él, por su parte, seguirá como hasta ahora, quizá cuidándose un poco más: “Todo bajo en sal, es verdad que no era una persona de excesos, pero alguna alegría con la comida sí que me daba y ahora tocará tirar de pescadito”.

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