Silvo Karo, el escalador esloveno testigo del antes y el después de la escalada se pasó por Gijón
El veterano montañero describe en el Jovellanos cómo eran las expediciones previas a la aparición de las predicciones meteorológicas: "Madre mía, ¡cuánto caminábamos!"

Silvo Karo, ayer, ante una maqueta de los Picos de Europa, en la sede de la Agrupación Montañera Astur Torrecerredo. / JUAN PLAZA
Silvo Karo (Liubliana, Eslovenia, 1960) ya había estado en Gijón invitado a la Semana Internacional de Montaña del Torrecerredo, en 1997, pero todo le parece nuevo. Las personas que le contactaron y le recibieron son otras, y la ciudad dio un vuelco. Pero ningún cambio tan pronunciado como el que ha vivido este veterano escalador esloveno durante su trayectoria. Él ha sido testigo directo de la revolución de la escalada, con la aparición de las predicciones meteorológicas detalladas y la consolidación de las telecomunicaciones. Con su forma sencilla y directa de narrar, sacó sonrisas por doquier en las butacas del Jovellanos. Que Karo decidiese que su mundo iba a ser la montaña era improbable cuando era pequeño. No había antecedentes familiares, a pesar de que vivía en una villa a una hora de la cordillera. "Necesitas alguien que te guíe. Tenía quince años y vino un cura joven al pueblo, fue el que nos llevó a la montaña".
Las excursiones se repitieron, incluyendo pernoctaciones y la subida al Triglav, el pico más alto de Eslovenia. "Caminar de noche nos asustaba, pero la sensación a la mañana siguiente era increíble, fue lo que me empujó a meterme en un club de montaña. Me di cuenta de que las montañas son peligrosas y necesitaba estudiar, saber más".
Otra circunstancia empujó al joven Karo: su experiencia en el ejército yugoslavo le otorgó una forma física que no esperaba. "Ir era obligatorio, y teníamos mucho tiempo libre. La gente empezó a beber y a fumar, yo me dediqué a correr, a entrenar. Nunca había practicado ningún deporte antes".
La suerte estaba echada. Con Franček Knez y Janez Jeglič formó un grupo conocido como "Los tres Mosqueteros", y con ellos hizo la mayor parte de sus expediciones. Acostumbrados a la caliza de su país, los montañeros tuvieron que aprender una técnica diferente para trepar por el granito de Patagonia, Alaska, Groenlandia...
En Patagonia fueron conscientes por vez primera del cambio que había llegado. Para "los Mosqueteros" era moneda corriente pasarse tres meses de expedición, yendo hasta la base de la montaña con buen tiempo para tener que regresar por una tormenta, solo para encontrarse que al día siguiente hacía bueno otra vez. "Nos volvíamos locos... madre mía, ¡cuánto caminábamos entonces!", recuerda Karo con una sonrisa.
Corría 2005 y en Patagonia se encontraron con el conocido alpinista alemán Thomas Huber, que les dijo: "Me van a informar desde Europa de la predicción del tiempo en la Patagonia". "Eso es imposible", replicaron los eslovenos, hasta que vieron que, efectivamente, se cumplía la ventana de buen tiempo que había anunciado su colega. "Ahora los escaladores en la Patagonia están comiendo pizza y bebiendo cerveza en los pubs de El Chaltén, una ciudad que antes además no existía. Saben cuándo van a subir", incide Karo, riéndose.
El montañero es un genuino representante de la escalada "ligera" (el título de su charla en el Jovellanos era "Light & Fast", ligero y rápido), que explica: "Antes la gente iba cargada con muchísimo material, lo que la convertía en lenta. Se fue imponiendo escoger mucho lo que llevas, ir más ligero y rápido, pero tiene sus riesgos. Si no puedes subir tienes que bajar, no puedes quedarte en la montaña porque no tienes equipo".
Retirado, residente en Osp, muy cerca de la localidad italiana de Trieste y a cinco minutos de la montaña, Karo sigue viviendo la naturaleza, pero de forma más moderada, "solo por mi corazón". Recomienda a los jóvenes "ir paso a paso" y ser conscientes del peligro: "Siempre estás en riesgo, algunas veces no sabes cuán cerca estuviste de un accidente".
Los sueños de Zangerl y Larcher en Yosemite cierran las jornadas
La Semana Internacional de Montaña de Gijón, Memorial "Julio Bousoño", se cierra a lo grande, con una impactante y emotiva cita con la pareja formada por la austriaca Barbara Zangerl y el italiano Jacopo Larcher, que hablarán de sus múltiples incursiones en el Parque Nacional Yosemite, en California, que ocupa un lugar privilegiado en el imaginario colectivo de los escaladores de todo el mundo. El acto, con el sugerente título de "Granite Dreams" (Sueños de granito), será a partir de las 20 horas en el teatro Jovellanos. "Durante años soñaron con este valle legendario y, tras su primera visita, Yosemite no ha dejado de ser fuente de inspiración temporada tras temporada. Desde las primeras escaladas en El Capitán hasta el histórico flash de Babsi en Freerider. Una historia llena de sueños, desafíos, éxitos y fracasos", reza el programa de la Semana.
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