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En la cima mundial de lo "diferente": una ovetense, primera y única mujer española en ser juez mundial

La ovetense Amelia Fernández ha alcanzado un logro que "va mucho más allá de una acreditación deportiva"

Amelia Fernández

Amelia Fernández / Ángel González

María Rendueles

María Rendueles

Oviedo

La ovetense Amelia Fernández Cabo se ha convertido en la única española con la titulación de jueza mundial en tres katas de judo, un logro que alcanzó este pasado fin de semana en la Kata World Series celebrada en Gijón y que, como ella misma reconoce, "va mucho más allá de una acreditación deportiva". Las katas son secuencias técnicas perfectamente estructuradas que se ejecutan en pareja y que recogen los principios fundamentales del judo, valorándose la precisión, el control y la correcta aplicación de las técnicas. A sus 50 años, la ovetense asume que cada paso que da en un ámbito todavía muy masculinizado tiene un valor simbólico, porque "la presencia femenina en los roles técnicos y de decisión sigue siendo limitada" y todavía "queda mucho camino por recorrer".

Convertirse en jueza mundial es el resultado de un proceso largo y exigente. Antes es necesario pasar por las titulaciones de jueza nacional y continental, superar exámenes teóricos y prácticos —todos en inglés— y acreditar una amplia formación. Amelia Fernández Cabo subraya que "no es un paso que pueda dar cualquiera", ya que se exige ser cinturón negro de cuarto dan, maestra entrenadora nacional y superar pruebas escritas, técnicas y prácticas, un recorrido que solo se sostiene, explica, "con mucha constancia y dedicación".

Su caso es todavía más singular porque es la única mujer española que cuenta con la titulación en tres katas concretas —katame no kata, ju no kata y koshiki no kata—, una elección estratégica que le permite ser ranqueada y optar a convocatorias internacionales. Ella misma detalla que "los jueces somos evaluados en cada competición" y que para ser convocada "tienes que estar entre los mejores", como ocurrió el pasado año cuando fue la única representante femenina española en el Campeonato de Europa de Riga, una experiencia que define como "muy motivadora y un reconocimiento al trabajo hecho".

Antes de llegar al arbitraje, Amelia Fernández Cabo fue judoka de alto nivel. Empezó a practicar judo con solo siete años, casi por casualidad, cuando sus padres buscaban una actividad extraescolar, y recuerda que eligió este deporte porque "siempre me tiró lo diferente". Compitió en la modalidad de combate, disputó campeonatos nacionales e internacionales y llegó a proclamarse subcampeona de España, una etapa que define como "muy intensa y muy formativa".

El papel de la mujer en el arbitraje y las estructuras del judo

Su día a día, sin embargo, no se limita al tatami. Amelia Fernández Cabo ha compaginado siempre el deporte con los estudios y el trabajo, convencida de que "una cosa no quita a la otra, sino que ayuda". Es licenciada en Trabajo Social y aprobó las oposiciones de auxiliar de enfermería, una doble formación que desarrolló en paralelo a entrenamientos y competiciones, porque, como insiste, "el deporte te enseña a organizarte mejor y a gestionar el tiempo de forma más efectiva".

Vecina de Oviedo, Amelia Fernández Cabo entrena en el Club Gandoy y ha desarrollado una intensa labor docente, impartiendo clases en colegios y participando en cursos de formación de monitores y entrenadores, una faceta que considera clave para "seguir construyendo judo desde la base".

Desde su posición actual en la Comisión Regional de Katas de la Federación Asturiana de Judo, su discurso vuelve siempre al mismo punto: la necesidad de que las mujeres ganen visibilidad en las estructuras del deporte. Amelia Fernández Cabo defiende que "no se trata de quitar espacios, sino de compartirlos" y avanzar hacia una representación más equilibrada, porque "todavía hay departamentos en los que no existe una igualdad real".

Ese es, en realidad, su próximo gran reto: seguir abriendo camino sin marcarse objetivos cerrados. Amelia Fernández Cabo asume que muchas de las cosas que ha conseguido han llegado "según iban surgiendo las oportunidades", pero tiene claro que su papel puede servir de referencia, ya que "las niñas necesitan verse reflejadas en alguien cercano". Para ella, la igualdad pasa por que las más jóvenes entiendan que esos roles "son accesibles y posibles".

Convencida del carácter inclusivo del judo, recuerda que se trata de un deporte que "da cabida a todo el mundo, independientemente de la edad, el peso o la complexión". Aunque reconoce que la presencia femenina ha crecido mucho con los años, insiste en que "el gran reto sigue estando en las estructuras", un camino que ella continúa recorriendo con la misma constancia que la llevó, hace más de cuatro décadas, a elegir un deporte "diferente" y a convertirlo en una forma de vida.

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