Cuando ganar ya no importa: la historia del asturiano Luis Pasamontes, que vuelve a la Titan Desert
El ciclista se va al desierto por quinta vez, ahora para ser gregario de ciclistas que utilizan audífonos


Hay un momento en la vida de todo deportista profesional en el que el cuerpo dice basta. O la cabeza. O ambos. Luis Pasamontes (Cangas del Narcea, 1979) lo tuvo claro hace años. La competición pura, esa obsesión por llegar primero, por apretar hasta que duela, se le apagó. "La parte competitiva la tengo agotada", reconoce sin dramatismos a LA NUEVA ESPAÑA unos meses antes de regresar a las dunas. Pero el desierto le sigue llamando y él vuelve. Por quinta vez.
Este año, Pasamontes formará parte del equipo Aural en la XXI edición de la Titan Desert Marruecos 2026 (26 de abril al 1 de mayo), un proyecto que reúne a 40 componentes con pérdida de audición bajo el lema "Que la pérdida auditiva no te limite". No irá a por el triunfo. Irá a acompañar, a ser gregario. A romper barreras. Exactamente lo que fue durante años en la élite del pelotón.
Entre 2003 y 2012 fue profesional de carretera. Debutó en el Relax-Fuenlabrada, donde pasó tres temporadas antes de dar el salto a la estructura de Eusebio Unzué en 2008, la Caisse d’Epargne, hoy Movistar Team. Ciclista todoterreno, de esos que nunca salen en los titulares pero que hacen posible que otros ganen. Gregario de oficio. De los buenos.
En 2012 le propusieron pasar al equipo filial colombiano, el Movistar Team Continental, para ser capitán de ruta y transmitir su experiencia. En diciembre de 2011 se trasladó a Colombia, convivió con la plantilla una semana y aceptó el reto. Fue su última etapa como profesional de carretera. Después vendría otra vida. Otra forma de entender el ciclismo.
Tras colgar la bici de carretera, Pasamontes se pasó al ultrafondo de BTT. Corrión la Titan Desert, Mongolia Bike Challenge, Madrid-Lisboa en categoría Solo, donde fue el primer vencedor de la historia tras recorrer más de 790 kilómetros en poco más de 42 horas... Pero ahora, las victorias le importan poco.
"La primera vez que corrí después de ser ciclista de carretera y pinché, levanté el brazo para pedir otra bici", cuenta Pasamontes entre risas. "Esa es la anécdota que recuerdo y de lo que me enseñó el desierto y este tipo de pruebas. Ese pinchazo me cambió el chip. Es otro ciclismo", dice.
En el pelotón profesional, cuando pinchas, levantas el brazo y el coche del equipo se acerca con una bici nueva. En el desierto, si se pincha, toca arreglarlo. No hay coches de apoyo. No hay mecánicos. Solo ciclista, bici y el desierto. "Ese día aprendí que esto era otra cosa". Ese pinchazo le cambió la forma de ver el ciclismo. Y quizá la vida. Porque lo que Pasamontes hace ahora tiene poco que ver con la competición y mucho con el aprendizaje, con acompañar, con romper barreras ajenas más que con superar las propias.
"Esta es mi quinta Titan Desert, la última fue en 2018. También corrí la Titan Tropic en Cuba. Ha vuelto a surgir la oportunidad, pero la parte competitiva la tengo agotada. Algún apretoncillo doy, y tengo mucho respeto por los compañeros que van a competir", reconoce el asturiano. "La retirada de un deportista siempre es complicada. Pero yo tengo el gen competitivo un poco apagado. De hecho, los últimos años voy por acompañar a causas benéficas como el cáncer infantil, o en esta ocasión, al equipo Aural de pérdida auditiva. Seré el gregario de gente que usa audífonos".
El equipo Aural es un proyecto que va mucho más allá del deporte. "Es un proyecto interesante. Rompen barreras con los audífonos y demuestran que están fabricados a prueba de todo. Además, van con un camión por los pueblos y hacen revisiones gratuitas y ayudan a la gente. Ves niños pequeños con una sonrisa tras subirse al camión", cuenta Pasamontes. Una labor social que entiende el ciclismo como vehículo para visibilizar, para normalizar, para demostrar que los límites están donde uno decide ponerlos.
La Titan Desert son seis días en el desierto de Marruecos. Seis etapas en las que los corredores tienen que navegar con su roadbook, un cuaderno de ruta que indica el recorrido a seguir, los puntos de control obligatorios -los checkpoints- y los peligros del terreno. Pasarse un checkpoint puede suponer la descalificación. No escuchar a un compañero que avisa de un peligro puede suponer algo peor.
"El problema es estar sin audífono compitiendo porque no escuchas si cualquier compañero te avisa de un peligro o de si te pasas un checkpoint", explica Pasamontes. Por eso el proyecto Aural cobra tanto sentido en esta prueba: demostrar que los audífonos pueden sobrevivir a seis días de dunas, calor, arena y esfuerzo extremo. "Si ese artilugio es capaz de sobrevivir a eso, demuestra que cualquier persona con esta afección puede animarse". "Las dunas son muy complicadas. Duermes en jaimas, hay gente con todo tipo de historias y eso enriquece, yo voy a aprender", dice Pasamontes. Esa es la clave de este viaje para él: aprender de los que rompen barreras.
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