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La receta de una leyenda para la revitalización de los bolos: "Los políticos tienen que implicarse"

El exjugador Chiruca reclama la recuperación de torneos de prestigio y dotación económica importante para revitalizar el deporte autóctono

Chiruca, en la bolera de Montevil.

Chiruca, en la bolera de Montevil. / Ángel González

Gijón

José Alberto Menéndez, "Chiruca" (Piñeres de Aller, 1948) todavía tiene frescas en su memoria las imágenes de las boleras llenas de público, décadas atrás. Por eso le escuece más contemplar la situación actual del deporte autóctono, bajo mínimos en licencias, instalaciones y expectación. Él, que dejó la práctica activa de los bolos hace casi diez años, está más centrado en sus paseos y en sus partidas de tute, y siente aún la pasión futbolística, pero sería feliz con un repunte de la actividad bolística. Para Chiruca, eso no será posible hasta que los políticos no se involucren más. "Los chavales que están en la federación son dignos de admiración, hay que aplaudilos y, sobre todo, ayudalos, pero necesitamos un presidente con carisma que entre a los políticos", resume el veterano exjugador.

Campeonatos de nivel

Chiruca piensa que esa implicación política desatascaría lo demás. "Se harían campeonatos de un nivel que llamaría la atención, la gente acudiría", explica, para añadir que también hacen falta torneos para los jóvenes: "Que yo conozca solo ta el de la Feria de Muestras pa infantiles y juveniles, no tienen salida y eso es muy malo, porque la gente necesita alicientes".

La evidencia es que, como denunció hace unas fechas el presidente de la Federación Asturiana, Iván Rivas, en LA NUEVA ESPAÑA, los bolos están en una cuesta abajo que puede terminar en la desaparición. "Tan en picao", confirma Chiruca, que denuncia la espiral viciosa en la que ha caído un deporte que antes causaba expectación: la pérdida de peso social elimina personas vitales de los bolos, y la desaparición de esos personajes esenciales lastra aún más la dimensión social del deporte autóctono.

Pasión desde niño

Para él, amar los bolos resultó muy sencillo. Gran parte de sus primeros años los pasó en una bolera que quedaba al lado de su casa, y tras una temporada alejado retomó su práctica al trasladarse a Gijón con 23 años, después de casarse. "Me venía bien venir a vivir aquí, porque me dedicaba a la construcción y había mucha obra. Aquí encontré gente de Aller que sabía que jugaba a los bolos, y me enganché. Jugué en la peña Contrueces, luego fiché por Reculta... tuve en muches".

Que estaba enganchado resulta obvio. Chiruca vivió el esplendor de torneos de gran prestigio y unos premios económicos muy importantes, algo que, insiste, podría recuperarse si los políticos decidiesen volcarse en la divulgación de los bolos. "No era pa vivir, pero ganabas tus dinerillos", dice Chiruca, que recuerda ganar un torneo dentro del edificio de Los Prados, en Oviedo, que le reportó 1.200 euros. Con anterioridad, "aunque ya me llegaron un poco tarde", se había impuesto en las dos últimas ediciones del denominado "Torneo de las trescientas mil pesetas", organizado por el Ayuntamiento de Oviedo. "Recuerdo que Gabino de Lorenzo me decía: ‘Chiruca, ¿qué tengo que hacer para que gane uno de Oviedo?’. Y yo lo respondía: ‘Home, fíchame a mí, yo no soy de Gijón’. Pero no cuajó", dice el allerano entre risas.

Bajada de nivel

La leyenda de los bolos del barrio de Roces confiesa que vive un poco despegado del mundo de los bolos, aunque una vez a la semana suele pasar por la bolera de Montevil, aprovechando alguna partida. La última vez, este mismo jueves. "Aguanté tres juegos, había más boles fuera que dentro. El nivel es desastroso", subraya Chiruca, que cree que el descenso del volumen de jugadores también se deja notar en la calidad: "Hay cuatro o cinco jugadores ahora de máximo nivel, Sergio, Berto, Jairo, el mismo presidente, Iván... que no tienen nada que envidiarnos a los de antes e incluso son mejores, pero antes ibes a un campeonato y podía ganar cualquiera de los 32 participantes, había más nivel en general. Ahora ganan seguro uno de esos cuatro o cinco, no se potenció el juego".

Chiruca ha perdido la cuenta ya de las boleras y las peñas que han desaparecido en la región, algo que le apena profundamente. "La presidenta del Piles, Diamantina, ye digna de admirar, gústenle los bolos, y juega. Pero esa déjalo y desaparez la peña. Ese es el problema que hay, antes había cincuenta peñes en Asturias y hoy no creo que sean ni la mitad".

Lo mismo opina de los jugadores que deberían liderar la competición. En la última gran generación, la de los Bilbao, Higinio, Pruneda... todo fueron abandonos "en su plenitud, y eran algo extraordinario. ¿No había aliciente suficiente para que esa gente siguiera jugando? Pues parece ser que no", se lamenta Chiruca, que confía en que aún se pueda revertir la situación para que esta no termine con su gran temor: acabar como la llave. "Movía gran cantidad de gente y en cuatro días desapareció", sentencia.

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