Víctor Lucas, el dentista asturiano de 66 años y padre de cinco hijos que compite en esquí alpino y ahora prepara la Copa del Mundo: "Soy el más mayor y seguiré dando guerra"
El odontólogo compagina la consulta en el Centro Médico de Asturias con un plan de entrenamiento meticuloso: "Hago dos o tres sesiones de físico a la semana, y sábados y domingos intento esquiar lo máximo posible"
"En casa, el deporte es religión, complementa al intelecto, a la familia y a las relaciones sociales", afirma

Víctor Lucas, a la izquierda como dentista y a la derecha como esquiador / Irma Collín/ Fototur

A los 66 años, Víctor Lucas prepara una nueva Copa del Mundo de esquí alpino máster con la misma ilusión con la que pasa consulta como dentista. Dentro de unos días viajará a Baqueira Beret para disputar, del 20 al 22 de febrero, una prueba de la Copa del Mundo máster. Irá acompañado por varios compañeros de su club. Compiten por categorías de cinco en cinco años; la suya agrupa a los nacidos entre 1965 y 1970. El año pasado fueron 19 en su grupo y él terminó octavo en supergigante, primer español clasificado.
Su entrada en el circuito máster llegó hace una década, cuando la Federación Española estructuró una Copa de España específica. "De forma reglada llevo diez años compitiendo", explica el asturiano. Antes había participado en pruebas universitarias. "Muy mal y sin entrenadores", desliza con ironía.
En su club es el decano y también el delegado de los másters. "Soy el mayor", reconoce sin dramatismo. En Asturias puede haber esquiadores de más edad, pero compitiendo, no los ha visto. En Marsella fue el único asturiano en su categoría. Subirse al podio, admite, es otra historia. "Ahí es muy difícil hacer podio porque los extranjeros, los nórdicos, suizos, franceses o alemanes, están en otro nivel. Hasta ahora ningún español lo ha conseguido en las pruebas de Copa del Mundo que se han hecho en España", explica. No lo dice con resignación, sino con realismo competitivo. En su categoría puede haber una veintena de corredores; en otras, apenas siete. "Yo soy hijo del baby boom y hay mucha gente de mi edad compitiendo", añade.

Víctor Lucas, en su consulta del Centro Médico de Asturias. / Irma Collín
La estructura del circuito obliga a afinar la logística. No hay ayudas económicas. "Eso es totalmente de tu bolsillo. Pagas la carrera, el hotel, la gasolina…", resume. Tiene licencia nacional e internacional —la obligatoria FIS—, pero los gastos importantes corren por su cuenta. "Todas las aficiones cuestan dinero. Si eres ciclista tienes que comprar una bici; esto es igual", afirma.
Su plan de entrenamiento semanal
Lucas no vive de esto. Vive de la odontología. Compagina la consulta con un plan de entrenamiento meticuloso: "Hago dos o tres sesiones de físico a la semana, específico de esquí, y el fin de semana intento esquiar lo máximo posible". Cuando hay nieve en Fuentes de Invierno, entrena con el Aller Esquí Club. Si no, conduce cuatro o cinco horas hasta Astún (Pirineo Aragonés) para no perder ritmo.
El deporte, "una religión"
El calendario no termina en febrero. Después llegarán el "Memorial Chapi" en Formigal, puntuable para la Copa de España, y el Campeonato de España en Sierra Nevada, en abril. "Nos quedan tres pruebas y cerramos temporada", enumera con precisión. Habla del esquí con entusiasmo, pero habla del deporte con convicción. "En casa el deporte es religión", asegura. No lo entiende como una obsesión, sino como una extensión más del ser humano: "Complementa al intelecto, a la familia, a las relaciones sociales. Es tan importante como comer". Padre de cinco hijos, durante años subordinó la competición a la vida familiar. "Antes no me lo permitía mi familia; tenía que estar en casa. Procuré ir siempre con mis hijos y que el deporte nos uniera", señala. Los cinco esquían y algunos compitieron de pequeños, aunque la prioridad era otra: estudiar y crecer.
¿Jubilarse?
Cuando se le pregunta por la jubilación, sonríe. "Ser pensionista, sí; jubilarme, nunca". En la próxima Copa del Mundo puede que coincida con un esquiador vasco de 91 años que sigue bajando con solvencia. "Ríete tú de cómo esquía", comenta. Él no se ve compitiendo con 91, pero sí "dando guerra" unos cuantos años más. "Si Dios me da salud, seguiré lo que pueda". No hay discurso de hazaña en sus palabras, ni voluntad de convertirse en ejemplo. Pero su rutina —consulta por la mañana, gimnasio por la tarde, kilómetros de carretera para buscar nieve— dibuja una forma de entender el paso del tiempo. A los 66, Víctor Lucas sigue llegando a meta.
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